En la búsqueda de las naves de Cortés, encuentran un ancla con madera del siglo XV

El ancla mide 2.59 metros de largo en su caña y conserva sus dos brazos, de 33 centímetros cada uno, además de su arganeo y parte del cepo de madera. Foto: Cortesía INAH El ancla mide 2.59 metros de largo en su caña y conserva sus dos brazos, de 33 centímetros cada uno, además de su arganeo y parte del cepo de madera. Foto: Cortesía INAH

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Especialistas en arqueología subacuática del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) hallaron en las aguas de la Villa Rica, en Veracruz, un ancla europea con elementos de madera del siglo XV, durante un proyecto de investigación cuyo propósito es localizar las naves que se supone hundió Hernán Cortés en 1519.

Sin embargo, el doctor Roberto Sosa Junco Sánchez, subdirector de Arqueología Subacuática del instituto, señala que no hay indicios para relacionar el ancla con alguno de los diez barcos que habría hundido Cortés o con las naves de Pánfilo Narváez u otros exploradores españoles que desde entonces atracaban regularmente en esas aguas.

Recuerda a través del comunicado que, según algunas fuentes documentales, luego de una insubordinación de miembros de sus tropas, que pretendían volver a Cuba, el conquistador deshabilitó prácticamente todos sus navíos:

“La nave restante de las 11 que integraron su flota, la envió a España al mando de Alonso Hernández y Francisco de Montejo para entregar oro y obtener el favor del rey Carlos I”.

Pero aún no hay, destaca, un consenso acerca de si barrenó o quemó las naves. Quizá podría determinarse hasta encontrar algún pecio asociado a los diez barcos restantes. Indica el investigador:

“Creemos que la idea de que quemó sus naves fue construida por los cronistas y es más una referencia a la antigüedad clásica; un ejemplo específico es la obra Túmulo Imperial, donde Francisco Cervantes de Salazar, a mediados del siglo XVI, describió a los barcos en llamas. En navegación, además, es más eficiente barrenar pues se obtiene un hundimiento inmediato, en cambio, un barco quemado no siempre llega a hundirse e incluso puede ser recuperable desde el casco”.

El ancla se localizó a doce metros de la superficie, cubierta por el sedimento marino que ayudó a su conservación, no obstante estar en el sitio desde hace cinco siglos. Elaborada en hierro, mide 2.59 metros de largo en su caña y conserva sus dos brazos, de 33 centímetros cada uno, además de su arganeo y parte del cepo de madera.

Se han tomado muestras del elemento de madera para realizar estudios de arqueobotánica y determinar su procedencia y temporalidad. Un equipo encabezado por la doctora Corina Solís del Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México hizo análisis en el espectrómetro de masas y considera “con una probabilidad de más de 95%”, que su temporalidad va de 1417 a 1492.

En cambio, los especialistas Susana Xelhuantzi y José Luis Alvarado, responsables del laboratorio Beta Analytic, de Estados Unidos, a donde se envió otra muestra, consideran con semejante probabilidad, que el intervalo temporal está entre 1450 y 1530. Afirman además que el árbol del cual se hizo el cepo “era un roble endémico de la cornisa cantábrica, al norte de España”.

Una muestra más será enviada al For Sea Discovery, que dirige la investigadora española Ana Crespo.

El proyecto de investigación en las aguas de la Villa Rica inició en julio de 2018, con la participación de los arqueólogos subacuáticos Christopher Horrell, Melanie Damour y Frederick Hanselmann, del Meadows Center for Water and the Environment de la Universidad del Estado de Texas y la Universidad de Miami, respectivamente.

Se espera iniciar una nueva temporada de exploración in situ este 2019, en un área de 10 kilómetros cuadrados, en la cual se han detectado 60 anomalías magnéticas, de las cuales el ancla es sólo una. Al respecto señala Horrell:

“El proyecto está en su fase inicial. Tenemos por delante muchas horas de buceo para visitar los sitios que marcamos como anomalías magnéticas y ver si corresponden a objetos históricos o son elementos contemporáneos”.

En tanto se está realizando el análisis de los datos recabados y se elabora la propuesta para la nueva exploración.

El ancla permanece en su sitio, pero a decir de Junco lo ideal es sacarla del mar, estabilizarla y garantizar su conservación. Expresa su deseo de que permanezca en la Villa Rica para ser “un atractivo cultural y turístico” de esa población donde se encuentra la Zona Arqueológica de Quihuiztlán, y los vestigios de la Villa Rica de la Vera Cruz, primer ayuntamiento español fundado en Mesoamérica.

Se puede ver en YouTube, cómo trabajan los arqueólogos subacuáticos en este proyecto.

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