El gurú que salvó al Festival de Woodstock

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Lo llamaron “El gurú de Woodstock” desde el viernes 15 de agosto de 1969, cuando dio la bienvenida a una desbordada multitud de alrededor de 500 mil jóvenes estadunidenses reunidos en el bosque neoyorquino de Bethel en Woodstock, cerca del Lago Blanco, para escuchar por primera vez tres días del mejor rock al aire libre.

Sri Swami Satchidananda (1914-2002) acudió al llamado del coproductor judío-americano de la Feria de las Artes y la Música Woodstock 1969 (“Tres días de paz, amor y música”), Michael Lang (Brooklyn, 1944), una vez que in situ éste jipi se vio obligado a declarar gratuito el evento y pensó que las cosas podrían mantenerse bien si aquel yogi hindú (invitado a Francia y Estados Unidos por el artista sicodélico alemán Peter Max desde 1966) dirigía algunas frases armoniosas a la chaviza ávida de mota y LSD.

La acertada decisión de Michael Lang cambió la historia de la música y tendría un efecto en la práctica universal de la meditación del Yoga (de acuerdo a USA Today Network, encuestas de Yoga Alliance y Yoga Journal reportaron que más de 36 millones de estadunidenses hacían Yoga en 2016, doblando los 20.4 millones de 2012).

Satchidananda y su equipo de practicantes del Yoga Integral no pudieron llegar por tierra a Bethel y debió ser transportado en helicóptero, subiendo él al escenario cuando Richie Havens, el primer artista del maratón de Woodstock, acababa de terminar “Freedom”.

En 1971, el exbeatle George Harrison organizó en Nueva York dos conciertos benéficos para la hambruna en Bangladesh (con Ravi Shankar, quien había actuado en Woodstock), y para 1994 Lange festejó con buena suerte los 25 años de Woodstock en Saugerties (libro con Holly George Warren, The Road to Woodstock, 2009).

Ahora que fue anunciada la suspensión en agosto del 50 aniversario de Woodstock unilateralmente por la millonaria “empresa de talentos” Dentsu o Amplify Live (la cual supuestamente posee los contratos de las bandas para tocar los tres días), Lange tendrá que negociar con los elefantes gordos del capital quienes gustan aprovecharse del cofundador del Festival Woodstock. Tiene tres meses para acordar cómo será la cita de paz y amor en Watkins Glenn.

Pero antes, llevará a cabo una edición más, la cuarta, de su Festival de Artes y Yoga Lovelight del 28 de junio al 1 de Julio en el campo de Waterloo de Stanhope, New Jersey, con Wynne Paris and Kim Maddox. Casado con una maestra de Yoga, Michael Lange luce joven y de buen humor:

“El Yoga mantuvo una presencia fuerte en Woodstock 1969 gracias en parte a Swami Satchidananda y el Yoga tendrá una fuerte presencia gracias a Lovelight, un festival sobre salud y el estar en forma física (fitness). Mucho tiene que ver con la libertad de expresión y con gente que desea interactuar con personas que no son parte de la multitud usual de los conciertos grandes”.

Enseguida, las palabras que Sri Swami Satchidananda dijo en el mítico Woodstock 1969.

Mis bienamados hermanos y hermanas…

Me siento extasiado de alegría al ver a la enorme juventud de los Estados Unidos reunida aquí en el nombre del arte noble de la música. De hecho, a través de la música, podemos crear maravillas.

La música es un sonido celestial y es el sonido quien controla el universo entero, no las vibraciones atómicas. La energía del sonido, el poder del sonido, es muchísimo más grande que cualquier otro poder en este mundo. Y si hay algo que quisiera que todos ustedes recordasen es que con el sonido nosotros podemos crear, aunque también podríamos destruir. Incluso en los campos de batalla, el sonido es utilizado para hacer del tierno corazón una bestia. Sin aquellas bandas de guerra y aquel sonido aterrador, el ser humano no se convertiría en un animal asesino de sus propios camaradas. Así, eso es una prueba de que ustedes pueden destruir con el sonido, pero si lo cuidamos también podemos crear.

De tal modo que estoy muy feliz de vernos aquí reunidos todos para crear algunos sonidos, para hallar aquella paz y alegría por medio de la música celestial. Y me siento realmente muy honrado de que se me haya dado la oportunidad de abrir este Festival de música tan grandioso. Debí haber llegado un poco antes para hablar, pero como todos ustedes saben miles de hermanos y hermanas están en la carretera y no es tan sencillo llegar hasta acá.

Los Estados Unidos comandan el mundo de muchas maneras. Hace poco, cuando estaba en Oriente, el nieto de Mahatma Gandhi vino a mí para preguntarme qué es lo que está sucediendo en los Estados Unidos, y yo le respondí: “Estados Unidos se está convirtiendo en una totalidad. Los Estados Unidos están ayudando a cualquier persona en términos materiales, pero ya ha llegado el tiempo de que Estados Unidos ayude al mundo entero también espiritualmente.” Por lo tanto no sorprende que en todo lo ancho y lo largo veamos a miles y miles de personas dispuestas a hacer Yoga, propensas a ser espirituales. Pude constatarlo en Hawái todo el mes pasado y en la Costa Oeste donde además anduve.

Por lo tanto, permitamos a todas nuestras acciones y a todas nuestras artes la expresión del Yoga. Por el camino del arte sagrado de la música, vayamos en pos de la paz que prevalecerá por todo el globo. A menudo escuchamos grupos de gente gritando: “Lucha por la paz”. Yo sigo sin entender aún cómo es que hay que pelear para luego encontrar la paz. De ahí que no se debe pelear por la paz, sino encontrar la paz dentro de nosotros mismos primero que nada.

El futuro del mundo entero está en sus manos. Ustedes pueden crear o destruir. Pero en verdad ustedes están aquí para construir el mundo y no para destruirlo. Lo estoy viendo. Hay un poderío humano dinámico aquí. Los corazones se están juntando. Apenas ayer que fui a Princeton, en un monasterio de Stony Brook donde me reuní con unos 200 o 300 monjes y monjas católicas, se me pidió hablar sobre el tema “Oriente y Occidente. Un corazón”. Y aquí realmente no sé si estoy en Oriente o en Occidente. Si estas fotos y películas que están filmando van a ser vistas en la India, allá difícilmente creerán que se tomaron en los Estados Unidos, porque aquí Oriente ha entrado en Occidente. Y de todo corazón, les deseo un gran pero gran triunfo a este Festival de la música para que pavimente el camino a bastantes festivales más en otras partes de este país.

Pues el triunfo cabal está en tus manos, no en las manos de unos pocos organizadores. Naturalmente, ellos han respondido al llamado para poner algo de su labor. Me he reunido con ellos, los admiro. Sin embargo, es en tus manos donde radica el triunfo. El mundo entero va a observar esto. El mundo entero va a darse cuenta de lo que la juventud estadunidense puede hacer por la humanidad. Así pues, cada uno de ustedes debe responsabilizarse del éxito de este Festival.

Y antes de que concluir mi charla, desearía que todos ustedes se unieran a mi equipo aquí conmigo para juntos repetir un cántico muy sencillo. Mientras les recordaba sobre el poder del sonido, hay ciertos sonidos místicos cuya terminología en sánscrito los llama Bijakshara, o las “palabras semilla”. Vamos a usar tres palabras semilla, o voces místicas, para formular los cantos. Y si todos se unen con su corazón bien dispuesto, después del cántico vamos a permitirnos un completo minuto en silencio. Entonces ni siquiera el obturador de las cámaras va a hacer click. Y en ese periodo silencioso, aquel minuto en silencio, van a sentir el gran poder, grandioso, de aquel sonido y la paz maravillosa que puede anidar dentro de ustedes, y en el mundo entero.

Hagamos una prueba ahora con las palabras: “Hari” es una palabra, “OM” es otra. El primer canto será con estas dos palabras “Hari OM Hari OM, Hari Hari Hari OM.” El segundo verso será “Hari OM, Hari OM, Hari Hari OM”. Luego haremos otro canto con sólo una palabra: “Ram”. Y repetiremos: “Rama Rama Rama Rama, Rama Rama Rama Ram”. Esta es la prueba, muy sencilla de seguir para todo mundo e incluso podemos seguir el compás aplaudiendo tranquilamente. Entonces, comencemos con un ritmo lento y gradualmente lo intensificaremos. Es muy sencillo coro de seguir entre todos y de sonar las palmas suavemente también. Vamos a comenzar lento y gradualmente aceleramos. Ahora voy a llamar a mi equipo de amigos para que nos acompañe. Repetiremos el verso una vez y luego siguen ustedes…

La multitud cantó al unísono “Hari Om” y Sri Swami Satchidananda, El gurú de Woodstock, concluyó diciendo: “Muchas gracias a todos. Y una vez más, permítanme expresar mis sinceros deseos y plegarias por el bienestar y la paz de esta celebración. Gracias.”

 

 

 

 

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