Unidad, la convocatoria en el besamanos sindical de la 4T

Carlos Aceves del Olmo, líder de la CTM, junto al presidente López Obrador. Foto: Germán Canseco Carlos Aceves del Olmo, líder de la CTM, junto al presidente López Obrador. Foto: Germán Canseco

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Como en los viejos tiempos del PRI, los dirigentes de los sindicatos del país se reunieron con el presidente Andrés Manuel López Obrador en el Día Internacional del Trabajo.

En el salón “Tesorería”, favorito del mandatario para celebrar casi toda actividad pública que se cita en Palacio Nacional, las otrora llamadas “fuerzas vivas de la Revolución” manifestaron que ahora ya no son únicamente “factores de la producción”, como solía llamárseles en los sexenios pasados, cuando la convocatoria presidencial citaba el 1 de mayo para departir con las cúpulas obreras y empresariales, y hoy, muy en el tono lopezobradorista, la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde Luján, aludió como “el periodo neoliberal”.

Evento con líderes sindicales en el salón “Tesorería”. Foto: Germán Canseco

Lo están aprendiendo a diario, admitió el líder de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), Carlos Aceves del Olmo, en una alocución en la que abjuró del reformismo que vino con el Pacto por México, aquel que el senador impulsó para la reforma laboral, cuando festinaba el discurso presidencial del pasado, concentrado en reafirmar la conservación de plazas laborales a costa de bajos salarios, como parte de su “nueva cultura laboral”.

Vocablo que resurge justamente del pasado, Aceves del Olmo llamó hoy a todos los gremios a la “unidad nacional” en torno a la propuesta presidencial, como ha hecho, como hicieron todos los que lo precedieron en la cumbre del cetemismo y el sector obrero del Revolucionario Institucional.

En la primera celebración del 1 de mayo de la autonombrada Cuarta Transformación, el cetemista se obligó a compartir tribuna con su par telefonista, representativo del sindicalismo de izquierdas, Francisco Hernández Juárez. Juntos, para el presidente Andrés Manuel López Obrador, son –así como eran en el PRI– el sector obrero al que saluda y pide apoyo.

Ambos, Aceves del Olmo y Hernández Juárez, son viejos lobos de la política sindical. El primero, militante de la CTM y el PRI desde 1959, fue actor relevante en la cúpula del llamado “sector obrero” durante unas tres décadas, antes de asumir la dirigencia del gremio, y de manera natural la presidencia del Congreso del Trabajo en 2017, órgano este último al que en 1992 renunció el segundo, dirigente telefonista desde 1976 y fundador de la Unión Nacional de Trabajadores en los noventa, cuando se afilió al Partido de la Revolución Democrática (PRD).

1 de Mayo de la 4T. Foto: Germán Canseco

Pero es Hernández Juárez quien dispensa la cortesía, y al iniciar su discurso saluda, como lo hace con presidente y secretaria, al líder cetemista, que en ademán y gesto de veterano de la hegemonía responde con la mano en alto, colocando frente al rostro la palma abierta.

Y es que, para su celebración del Día del Trabajo, el presidente Andrés Manuel López Obrador quiso reunir a todas las expresiones sindicales:

Por ahí se ve al ferrocarrilero Víctor Flores, lo mismo que al disidente cetemista y fundador de su central obrera morenista, Pedro Haces Barba; al veterano de los burócratas, Joel Ayala, y al electricista con empresa, pero sin sindicato, Martín Esparza.

Lo mismo asisten el de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC), Isaías González Cuevas, que el renovado morenista minero Napoleón Gómez Urrutia. Y para dar precisamente el mensaje de unidad, luego de que horas antes se rechazó la reforma educativa en el Senado, un apoyo sí se ve:

Alfonso Cepeda Salas, dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), quien llega acompañado de su comité nacional. Ausente un año más, no asiste Elba Esther Gordillo, como tampoco el petrolero Carlos Romero Deschamps.

Con todo, objetivo cumplido del mandatario federal, si algo distingue la concurrencia es una disciplinada pluralidad.

López Obrador en comida por el 1 de Mayo. Foto: Germán Canseco

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La comida transcurrió en el bullicio característico de toda comilona sindical. Hubo crema de calabaza, medallones de res y budín. A pura agua de jamaica y de limón –que en la 4T las bebidas embriagantes están prohibidas en oficinas públicas–, a la hora de los discursos los efectos de la mala digestión hicieron a varios dirigentes cabecear o de plano echar incómoda siesta.

La insistencia es en la unidad que Aceves del Olmos cifra ya no en pelear por la titularidad de contratos; la misma unidad que ve Hernández Juárez, para quien vienen tiempos mejores para el país con la Cuarta Transformación, si hay unidad.

Hernández Juárez da un sentido político: “Creo que el hartazgo de la corrupción, de los resultados de la mala política económica, el mal desarrollo que ha tenido el país ha llevado a la gente a considerar que ya no es posible seguir por esa vía y se expresó muy claramente en las urnas en julio del año pasado”.

Entonces, en su discurso, la única salida es la unidad.

Y es la unidad que también convoca el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien explica su idea de la “cuarta transformación”, y luego recuerda con la historia del nacionalismo revolucionario que a cada transformación se creó nueva Constitución, pero que hoy resolvieron hacerlo por la vía de reformas.

La unidad, sin embargo, tiene un mensaje para quienes no asistieron: “A esta comida fueron invitados todos, algunos no vinieron, los entendemos, porque cuando nosotros estábamos en la oposición a mi me invitaban y yo no asistía”.

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Los discursos sindicales se ocupan de lo concreto. Aceves del Olmo advierte que hay que reformar estatutos y dejar de incurrir en prácticas que no son conforme a la ley; Hernández Juárez opta por atender los pormenores de la implementación de la reforma laboral.

Las reivindicaciones obreras corren a cargo de la secretaria del Trabajo: “El pensamiento neoliberal en México nos quiso convencer de que el trabajo no era importante, que era un factor más de la producción. Insistió que el salario que se percibía en México era un producto natural del mercado de la oferta y la demanda, y que más nos convendría acostumbrarnos a ganar poco, porque siempre era preferible tener un trabajo a no tener nada”.

Por esa ruta siguió: no creían en el aumento salarial, porque insistían los neoliberales que se provocaría inflación; no creían en la organización del sindicalismo, porque la libertad causaría caos y desorden.

“Muchos paradigmas se han roto con la Cuarta Transformación”, dice la secretaria Alcalde.

Es ella quien recuerda Río Blanco y Cananea; quien invoca a Valentín Campa y a Demetrio Vallejo, a Othón Salazar y a Rafael Galván, los sindicalistas de izquierda históricos, que entre los presentes aún debe haber quienes se les opusieron y hasta una fuerza de choque les pudieron mandar.

Pero es el presidente López Obrador quien al final enseña el interés de su gobierno, porque en el caso de muchos de los comensales que se precipite un final: democracia sindical, con voto libre, universal y secreto de los trabajadores.

Desde hace semanas lo viene diciendo: “Quiero estar en primera fila cuando sea la elección en el magisterio”, dijo en marzo; que el Instituto Nacional Electoral supervise las elecciones sindicales, deslizó apenas el pasado lunes.

Hoy les pidió ya no caer en simulaciones y, tras celebrar el apoyo del “sector obrero” a la reforma laboral promulgada hoy, el mandatario expuso, en su ya característico fraseo, la instrucción de implementar una auténtica democracia sindical:

“Por eso es muy importante decirles que nosotros vamos a actuar con mucho respeto a la autonomía sindical, porque es de ida y vuelta, no sólo es decirles a ustedes: democratícense y el gobierno va a estar dando indicaciones y va a tener injerencia en la vida interna de los sindicatos. Ya no se va a actuar de esa manera”.

Para López Obrador lo importante es que haya confianza entre los presentes, y por ello, no sin antes reivindicar a Luisa María Alcalde como su interlocutora, declaró:

“Yo extiendo mi mano franca a todos ustedes para dialogar”.

Aplausos.

El acto concluye con la solemnidad habitual de los actos presidenciales, que a los edificios del Patio de Honor camina el séquito presidencial. Los convidados salen presurosos porque en el Día del Trabajo aún falta la comilona de su respectiva central.

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