Trumpismo migratorio a la mexicana, y rol de las universidades

Un agente del Instituto Nacional de Migración forcejea con una mujer para hacerla subir a una camioneta para trasladarla con sus hijos a una estación migratoria en Chiapas. Foto: cortesía Un agente del Instituto Nacional de Migración forcejea con una mujer para hacerla subir a una camioneta para trasladarla con sus hijos a una estación migratoria en Chiapas. Foto: cortesía

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Inspirado en palabras en pro de los refugiados del no hace mucho presidente del Uruguay, José Mujica, -uno de los poquísimos estadistas de esta época, rebosante de segundones en el ámbito político-, y en  obras sobre migración del maestro en Oxford y Sydney, Stephen Castles,  Frido Aliotti Kyan, dialoga en virtual encuentro, con Séneca, el filósofo estoico genial de la Roma antigua, oriundo de Córdoba, la hispánica, sobre el hecho de la migración.

Frido: Bienvenido al país, Séneca, lumbrera del estoicismo, víctima de la perversidad de Nerón, en el 65 d.C., mas gloria de la filosofía y la literatura universales. En cambio, ese Nerón, en un círculo del infierno, de los descritos por Dante en su Comedia, ¿sabes Séneca, en cuál de ellos está?

Séneca: Gracias Frido, de ilustre linaje también tú. No sé en qué círculo, pero pronto saludaré a Dante en el Paraíso, el poeta máximo, y a su Beatriz de Portinari, para preguntarles en cuál de ellos está ese enemigo del bien.

Frido: Me honran tus primeras palabras inmerecidas, y mucho agradeceré que indagues con Dante, el Florentino, lo del círculo candente. Vayamos amigo al tema. En un tiempo, fuiste tú desterrado por motivos políticos, es decir, sentiste en carne propia el dolor de estar lejos del hogar, en una tierra ajena a la tuya.

Séneca: Sí, ello es cierto y de doloroso recuerdo. Por eso un día hablé sobre los que buscan refugio dejando sus casas en busca de la ciudad radiante: Roma, la imperial urbe de mi tiempo, grandiosa en historia y extensión. En el fondo de toda migración Frido, late “una innata inquietud del espíritu humano, una incansable urgencia de cambio…”

Dije entonces, si la memoria no me falla, “Roma pertenece a todos, y en una gran proporción, está hecha de inmigrantes”.

Frido: Sin duda, incluso algunos siglos después, Agustín de Hipona, en la Ciudad de Dios, asentó que la ciudad es de todos, sin exclusión de nadie, extranjero o no. Y en la alta edad media, la de los parlamentos, las universidades, las catedrales, como la llorada Notre Dame, y en el Renacimiento después, se daba refugio al viajero, al campesino, al monje que migraba, al comerciante fundador de ciudades nuevas.

Sé que, en la antigüedad, una vez caída Troya, Héctor muerto y arrastrado por Aquiles, Ulises náufrago, extranjero en tierras feacias, privado de barco y compañeros, encontró refugio, hospitalidad en tierras extrañas.

Ulises, abrumado, se pregunta antes de saber si encontrará refugio, “¿me hallo, por ventura, cerca de hombres de voz articulada?”.

Séneca: Bien narrado Frido; Homero, describe en el Canto VI de la Odisea, ese digno tratamiento, ese asilo dado al infeliz Ulises por la hija del Rey Alcínoo. Era ella la princesa Nausica, la de “níveos brazos”. Ulises, le dice que se apiade de él porque no conoce a los hombres del lugar al que ha sido arrojado por el “espumoso mar”, amargo al zozobrar, porque Zeus le ha enviado penas y males.

Ella accede y dice que le mostrará la ciudad y le dirá el nombre de sus habitantes; y ordena a sus doncellas: “este es un infeliz que viene perdido y es necesario socorrerle, pues todos los forasteros y los pobres pertenecen a Zeus y cualquier pequeño don que se les haga es grato al padre de los dioses. Así, pues… dad de comer y de beber al forastero, y lavadlo en el río, en un lugar que esté resguardado del viento”.

Reseña Homero que Ulises, aliviado por la hospitalidad feacia, come ávidamente, pues hacía tiempo que ayunaba sin desearlo.

Frido: ¡Que historia ejemplar ¡que trato a un extraño, sucio y abrumado! ¡Que contraste con el presente globalizado, egoísta, que solamente piensa en competencia, consumo, tránsito de dinero y mercancía! Globalización que depreda tierras, mares, ríos, vidas. El mercado hace que el pez grande devore al pequeño; el pez grande nace por regla, con educación, herencia, privilegios fiscales, influencias (papeles de Panamá). Por ende, los gobiernos honorables, deben poner límites al mercado, conforme al bien común, al principio de solidaridad, con el fin de proteger al vulnerable, con quien se tiene una deuda social impagada, y romper de tajo la desigualdad injusta y crónica.

 

No se trata de colectivismos fallidos, sino de justicia social lisa y llana, para multiplicar el número de propietarios, el bienestar, la genuina formación educativa, el buen salario, la vida saludable, plena, en manos ahora de pocos, a través de la gestión responsable del bien común. Ya lo dijeron humanistas sabios: una hipoteca social grava la riqueza. Es hora ya de ejecutarla, para evitar que estalle un día, la purulenta y masiva infección social, y salpique de pus y violencia, la cara de los Shylocks y de sus hijos.

Hoy, miles de años después de Ulises, al migrante pobre, al asilado que dice verdades aterradoras, se le considera un enemigo al que hay que deportar, reprimir, vejar, sea éste un niño de ojos tristes, o una niña arrancada por policías del regazo materno, o un padre que huye de violencia, hambre, dejando el terruño, para evitar que sus hijas sean violadas, o un Assange traicionado y calumniado por el Occidente fariseo, que se rasga las vestiduras porque el periodista supuestamente no cuidó su gato, era grosero o se saltó trámites menudos, pero eso sí, olvidando ellos los crímenes de lesa humanidad perpetrados por el gobierno yanki con el apoyo rastrero, abyecto de Inglaterra y otros, en Irak, Afganistán, Libia…… .

Séneca: ¡Que hipócritas! “Raza de víboras, sepulcros blanqueados”. Si el mundo fuera solidario, nadie de buena voluntad iría a esos países por un tiempo, en protesta por las infamias de sus gobiernos, como boicot justo y necesario. Insensatos y mediocres gobiernos inglés, ecuatoriano y yanki, la voz que pide clemencia de la madre de Assange, desoída, ¡clama venganza divina! Sólo oyen ellos el ruido del oro “que cae del orificio excremental de satanás”, como advirtió el genio de Giovanni Papini a los que “echan por delante el vientre satisfecho que engordan con el sudor de los pobres”, en su Historia de Cristo.

Es esa la política migratoria generalizada del Siglo XXI, esa la consigna de los nerones de hoy, del trumpismo  y sus satélites, en América y Europa.

Frido: Pero también hay luces de humanismo fraterno, de feacios modernos que tienden la mano, como los refugios católicos en varias poblaciones de México, que han recibido generoso donativo del Papa Francisco en días recientes, ante la llegada de caravanas que vienen del sur. ¡Qué contraste con la actitud cada vez más xenófoba y racista de muchos mexicanos atrumpados! Éstos no se dan cuenta que, al asumir tal actitud, se cubren el rostro con la máscara de quien nos insulta a diario.

Séneca: Por cierto, Frido, he leído en las crónicas que se pueden encontrar en el cielo, que tu México, en 1939, en una época por demás difícil en materia económica y social, y convulsa, nacional e internacionalmente, en vísperas de una guerra mundial, recibió con los brazos abiertos, a un millón de personas, niños y niñas, muchos huérfanos, a raíz de la Guerra Civil Española. ¡Un millón de seres humanos!

Frido: Así fue Séneca. Pero hoy en México, en pleno Siglo XXI, con cuatro multimillonarios de Forbes, y siendo la decimoquinta economía del mundo, un sector importante de la sociedad se muestra racista, mezquino. Prevaleciendo, además, un doble discurso oficial, que quiere servir a dos señores, pero en la práctica, que juega el papel de tapadera del trumpismo, deportando, deteniendo, realizando redadas ilegales, represoras, siendo la gran mayoría de los migrantes, gente buena que, en caravana, busca forzada, libertad, trabajo.

La caravana de cerca de tres mil personas que caminaban de Mapastepec a Pijijiapan, Chiapas, rumbo a Estados Unidos, el 22 de abril pasado, fue rota mediante redada policial reseñada por reporteros de la “Associated Press”. Agarraron, para seguramente deportar, a 371 centroamericanos, niños, mujeres, hacinados después en centros de detención donde se violan sus derechos. Cuando algunos logran huir del hacinamiento, ¡se rasgan las vestiduras las autoridades y presentan denuncias!

Otros migrantes según tal reseña, aterrados, optaron por treparse al tren bestial. Los reporteros entrevistaron a integrantes de la caravana que lograron escapar de la operación policíaca, bajo alambradas de púas, trepando colinas, internándose en el bosque y permaneciendo allí esa noche. Muchos encontraron refugio en iglesias católicas. Javier Núñez, hondureño de 25 años, ya sin su esposa e hijo -separados de él por los agentes de migración para deportarlos-, narró que los policías federales y los agentes: “nos estaban esperando, cazando”. Todo, para complacer a los nerones del norte, incluyendo reformas.

Lo dicho por Núñez, lo corroboró Denis Aguilar, líder obrero de San Pedro Sula: fue una emboscada planeada para romper la caravana; arrebataron a los niños de sus carreolas, hoy lucen abandonadas, dijo. ¿Dónde quedó el respeto a los derechos de niños a no ser maltratados? ¿Dónde? En la retórica hueca y lisonjera. La noticia de tal redada, se difundió en Alemania, España, en el mundo, y aquí, una meditada y generalizada indiferencia de medios, salvo Proceso y otros pocos.

Séneca: ¡Que iniquidad! ¡Esa conducta clama a los dioses! Pero dime Frido para entender, ¿cuál es la magnitud de la migración en tu país?

Frido: El porcentaje de inmigrantes en México es según estadísticas, menor al 1%, de su población total, y la densidad de población en el país: de 63 habitantes por kilómetro cuadrado, es decir, espacio y medios hay de sobra para acoger temporalmente a los refugiados en su camino a Estados Unidos -ellos quieren llegar a dicho país, pues saben que aquí no hay trabajo, ni buenos salarios, ni siquiera para los mismos mexicanos de abajo-.

Lo que no hay como norma, es voluntad solidaria, ni con los mexicanos en pobreza, ni con los migrantes, en búsqueda de asilo en el país norteño. En el mundo, la migración representa el 3.3 % de la población total, irrelevante cifra. Y el por ciento de egoísmo globalizado: ¡96.4! ¡Cuántas fosas clandestinas se han encontrado, destino fatal de migrantes desprotegidos, cuántos naufragios mortales en las costas europeas! Y las élites, levitando en animal contentamiento, vendiendo armas y devastando países para apropiarse “democráticamente” de sus riquezas petroleras, como el caso Venezuela, entre otros.

Indigna la actitud racista, avara de tantos ciudadanos mexicanos, y de autoridades, intercambiando sonrisas con los representantes del fanático y xenófobo trumpismo, al tiempo que a los migrantes -mexicanos y centroamericanos- en las fronteras norte y sur, se les agravia, insulta, difama, deporta. ¿Algún reproche o reclamo aún mínimo, de los morenistas de arriba a la postura del imperial energúmeno mayor? Ninguno.

La vía racional y legal, no es deportarlos, pues ello equivale a mandarlos al matadero, sino exigir por los medios idóneos del derecho internacional, que Estados Unidos cumpla con su obligación de acogerlos y asilarlos con agilidad, conforme a la Convención sobre Refugiados de 1951 de la que es parte.

Séneca: La tragedia, dice mi amiga, Hannah Arendt, al hablar en su tiempo de los refugiados del mundo, no es la “pérdida del hogar, sino la imposibilidad de encontrar uno nuevo”. Los migrantes apunta ella, tienen “derecho a tener derechos” por el simple hecho de ser personas.

Basta con ser personas humanas para tener ese derecho, sin necesidad alguna de adiciones, de identidades nacionales, de contar con títulos, de jugar roles, de ser ciudadanos de un país, de tener determinado color de piel. Ahondemos Frido, en el hecho de la migración, con base en los estudios del profesor Castles, poblados de humanidad.

Los países ricos con su economía globalizada, con su flujo libre de inversiones, comercio, propiedad intelectual, satanizan hipócritamente a los movimientos migratorios que su sistema mismo genera. Tal flujo está como han dicho, “inextricablemente atado al movimiento de personas”.

Los migrantes son una necesidad real -dada la estructura económica actual- para tales naciones, pues laboran ellos en empleos despreciados por sus ciudadanos; además, su número es estadísticamente pequeñísimo en proporción a la población mundial, y no representa, por ende, amenaza alguna.

Tal estructura económica globalizante, en aras de consumismo, competencia, acumulación patológica e infecunda de dinero, fragmenta a propósito las comunidades, crea en la periferia de las grandes urbes, guetos de miserables, prescindibles, donde malviven millones, muchos de ellos venidos del campo abandonado, entregado a los terratenientes, mexicanos y trasnacionales. Y desde allí, los más valerosos huyen hacia la esperanza de vida digna, sabiendo que los necesitan.

Frido: Y entonces ¿por qué en Estados Unidos les prohíben la entrada, aún en casos donde huyen de violencia y miseria, como los centroamericanos?

Séneca: por la sencilla razón, entre otras, de que así mantienen los salarios muy bajos para los trabajadores “ilegales”, los que todo mundo sabe son contratados en numerosas ciudades de tal país. Es una estrategia perversa. Los migrantes que escapan de la muerte por la situación caótica de sus países, se ven forzados a ser “ilegales” ¡con el fin de ser asilados como refugiados! Todo al servicio de la economía, de la sacrosanta competencia, sacrificando destinos humanos.

Frido: Muy cierto lo que dices. A la globalización le importa un comino el hombre y su destino. Las izquierdas: doblegadas, entretenidas cual lactantes con ideologías de género patrocinadas por la derecha, plegadas al sistema global, negándolo de boca para fuera, y dando limosna al pobre local para sosegarlo.

Séneca, ¿consideras que la migración es un problema en realidad?

Séneca: No, es una realidad de toda la vida humana que se remonta como hemos visto, a tiempos homéricos. Los troyanos que escaparon tras la caída trágica de su ciudad, fundaron Roma, y Roma el derecho, cuyo método dialéctico, fue herencia de los griegos, mis maestros. Como se ha dicho por Castles, la migración es parte “integral y esencial de las transformaciones sociales” a lo largo de la historia. Eso mismo lo dice Mujica, con palabras parecidas.

Para los enemigos del hombre, los fanáticos de la globalización, sí es un problema porque según ellos, los migrantes pobres son una amenaza a su prosperidad. Prosperidad edificada en el colonialismo anglosajón, sobre las espaldas encorvadas de millones de seres humanos, en África, Asia, …

Frido: El problema no es la migración misma, ha señalado el profesor de Sydney, sino las “condiciones de desigualdad de riqueza y poder bajo las cuales se da ella”, en el mundo globalizado. La migración es un ingrediente normal de la convivencia humana; siempre lo ha sido. El drama radica en la desigualdad brutal en la que se da en el presente. Desigualdad provocada por el sistema económico mismo, egoísta, mezquino, desalmado, destructor del medio ambiente.

Séneca: Como lo menciona Castles sabiamente, no se trata del problema de encontrar vías para que la gente permanezca en sus países, sino de encontrar caminos para que la migración se dé en “condiciones de igualdad y derechos humanos”. Derechos humanos, no en abstracto para encandilar a la bobería, sino en concreto a favor de las caravanas, de los niños que viajan solos, de todos esos infelices Odiseos, náufragos que buscan su Ítaca.

Finalmente, debo decirte Frido estimado, hijo de migrantes irlandeses, indómitos católicos de Derry Town, que los análisis del escritor De Haas, en su obra “Turning the Tide…”, arrojan mucha luz sobre un aspecto muy importante que se utiliza a veces como excusa para evadir responsabilidades: la mejoría social y económica en los países expulsores de migrantes, no detendrá la migración. Pero ésta se dará en condiciones de igualdad y respeto real a los derechos humanos.

Además, en tanto se da esa utopía de mejora, México -con grandes reservas morales en sus sencillas mujeres, mestizas e indígenas- debe tender la mano a los refugiados centroamericanos en su  peregrinar hacia los Estados Unidos, donde tienen el derecho de ser asilados, mediante trámites ágiles y apoyos económicos suficientes, porque también es una obligación nuestra, moral y jurídica, el permitirles el libre tránsito, seguro hacia su destino final, nacido del Derecho Internacional, no de dádiva graciosa.

Frido: La norma de las migraciones, tú lo dijiste al principio de este diálogo: una inquietud humana innata de búsqueda de libertad, trabajo, vida digna, frente a los embates del destino. Ante la hipertrofia habitual de gobiernos,  partidos, millonarios ensimismados, la esperanza al decir de José Mujica, está en las aulas universitarias, donde se debe debatir sobre la depredadora globalización, sobre el hecho de la migración como ingrediente natural de las relaciones sociales, de los cambios civilizatorios, y donde se debe institucionalizar el apoyo al migrante en tránsito, y realizar el análisis multidisciplinario para la transformación del designio económico y político de la nación. ¡Es el tiempo de las universidades, de que despierten, para que hable de nuevo el Espíritu!

De esas aulas debe surgir el grito de exigencia juvenil para que México cumpla su deber de hospitalidad, y su gobierno exija al de Estados Unidos el acatamiento de la Convención sobre Refugiados de 1951.  No basta con la labor muy meritoria de los refugios católicos, pues no se dan a vasto. Es el tiempo de la juventud generosa, que desterrará avaricia y egoísmo de la gran mayoría de los magnates, que cambiará el rostro de la economía, para hacerla servidora del hombre.

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Fin del diálogo. Hasta el siguiente, cuyo tema desconozco por ahora, no sin señalar que, en el diálogo pasado sobre tribunos de Morena, al famoso diputado Pablo Gómez, Frido lo llama senador para darle mayor relevancia escénica en tal diálogo; y al final de cuentas, Frido sabe que diputados y senadores de dicho partido, son en realidad empleados -muy obedientes eso sí- del poder ejecutivo en turno.

Dedico este artículo a mis profesores, los más queridos, de primaria, del marista Colegio Cervantes de Guadalajara, Sr. Simón Cruz, de párvulos, Sr. José Ramírez, de primero y segundo, Sr. Rubén Cobián, de tercero, Sr. Alberto González, de cuarto y quinto, Sr. Plascencia, de sexto, y Sres. Don Víctor A. Lorenzo y Don Antonio Franco Sandoval, directores, inolvidables todos, unos vivos, otros muertos, con agradecimiento infinito por esos años idos de la infancia, felices del 59 al 66.

 

 

 

 

 

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