Para qué un Pompidou en México

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En la Reunión Anual de Embajadores y Cónsules, realizada en enero pasado en la Secretaría de Relaciones Exteriores (SER), ubicada en Plaza Juárez, el director ejecutivo de Diplomacia Cultural, Enrique Márquez Jaramillo presentó los lineamientos de la política cultural al exterior para el sexenio 2018-2024.

No anunció entonces, como uno de los propósitos de la dependencia recién creada y que ahora encabeza, la apertura de una sede del Centro Pompidou en nuestro país. No lo hizo tampoco durante la entrevista con el semanario Proceso (No. 2209), publicada el 3 de marzo de 2019, en la cual reiteró las siete líneas se su proyecto:

1.     La gestión cultural institucional: el orden de la casa.

2.     La gestión cultural: La acción conjunta con la Secretaría de Cultura;

3.     La red de cooperación cultural comunitaria.

4.     Un nuevo camino para la programación.

5.     Nuestros migrantes y la cultura.

6.     El mundo en México.

7.     Somos también lo que pensamos.

Quizá por ello causó sorpresa, desconcierto y hasta enojo la noticia de establecer aquí una franquicia, como la llaman en otros lugares, incluida Málaga, España, donde abrió el primer Pompidou en 2015, y donde el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) criticó el costo de 2.07 millones de euros anuales, más 2.5 millones para el acondicionamiento del edificio, según reportaron medios españoles en su momento.

Según algunos medios, en el interior de la propia Secretaría de Cultura (SC) hubo molestia por el anuncio, que no se hizo por los canales oficiales o boletines de prensa, sino a través del Twitter de Márquez, como lo consignó la reportera Niza Rivera en la agencia apro.

Aunque el canciller Marcelo Ebrard asegura cuando se le pregunta si responderá a los ataques de Donald Trump en Twitter, que no se hará diplomacia en redes sociales, Márquez Jaramillo utilizó el mismo medio para reiterar el pasado 28 de abril que estudia la “propuesta que se ha hecho a México, a su sociedad y a su gobierno, para establecer un Centro Pompidou en nuestro país”.

El comunicado conjunto que la SRE y la SC enviaron a los medios el 27 de abril desde París, habla de que el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador impulsará una política para la reconfiguración simbólica de México en el extranjero, que en realidad acude nuevamente, como se hizo a lo largo del siglo XX a la “cultura milenaria”, el arte popular y a figuras de “artistas consolidados como Diego Rivera o Frida Kahlo”.

La titular de la SC, Alejandra Frausto, insistió en el documento en la también criticada oferta de colaborar con expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en la reconstrucción de la Catedral de Notre Dame, incendiada el lunes 15 de abril.

Pero el boletín no menciona nada sobre la sucursal del Pompidou.

Un verdadero estudio

Mucho habría que discutir acerca de ese tema antes de que el gobierno de la llamada Cuarta Transformación se decida por ese proyecto. Hay muchos textos periodísticos, académicos y hasta de agencias de franquicias de todo tipo que abordan el tema de las franquicias museísticas y sus verdaderos objetivos, que tienen tras de sí desde el atraer nuevos públicos, hasta revitalizar los negocios del mercado del arte y del turismo. Son un negocio ¿a quién beneficiarán en este caso?, es otra pregunta.

Hay que mencionar otro aspecto a evaluar: Entre las respuestas que el tuit de Márquez despertó puede verse la del coleccionista Andrés Blaisten, poseedor de una valiosa colección con obras de llamada Escuela Mexicana de Pintura, entre las que destaca su reconocido acervo del Dr. Atl.

Apenas escribe una línea el coleccionista, pero dice mucho al haber subido un video en el cual el doctor Enrique Dussel habla sobre la Reforma Educativa y aborda el tema de la negación de nuestra cultura, la exaltación de lo europeo, y la necesidad de llevar a cabo una “descolonización cultural”.

El filósofo e historiador de origen argentino explica que incluso los gobiernos de izquierda de América Latina como el de Evo Morales en Bolivia, Luiz Inácio Lula en Brasil o Hugo Chávez en Venezuela no realizaron una revolución cultural.

No hay una valoración de la cultura propia y se sigue enseñando la cultura europea como la cultura universal. Y más:

“La mayoría de nuestros intelectuales son eurocéntricos, hablan de Grecia, de Roma, del feudalismo y de la modernidad europeo-norteamericana, y desconocen o desprecian lo propio.”

Destaca el intelectual de izquierda que México está en el centro de una de las seis columnas de la historia universal, que son Mesopotamia, Egipto, India, China, Mesoamérica y el imperio Inca, lo cual “quiere decir que estamos en uno de los centros mundiales de la cultura” y sin embargo “despreciamos lo propio”.

Enseguida explica su idea de descolonización cultural:

“Significa repensar nuestra cultura, dignificarla y hacerla pasar, en seis años, a todos los programas de estudio de todo el país y cambiar la cabeza, porque tenemos una cabeza alienada en el sentido de que pensamos como europeos-norteamericanos y se nos impone como gran solución aprender el inglés.”

Y tras señalar que bien podría revalorarse la enseñanza de las lenguas originarias, enfatiza que el gobierno del cambio es una oportunidad para comenzar a hacer esta descolonización cultural.

Puede ser uno de los puntos que se analicen en el estudio para evaluar la apertura de un Pompidou. Otros serán, sin duda, los económicos, y los propósitos del proyecto cultural nacional del gobierno, que deben ya darse a conocer.

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