Baja noción sobre nutrición y matemáticas dificulta entender etiquetado de alimentos: INSP

Comida chatarra. Foto: Eduardo Miranda Comida chatarra. Foto: Eduardo Miranda

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Con base en los resultados que arrojaron un par de estudios, el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) recomendó modificar el actual Sistema de Etiquetado Frontal de Alimentos (SEFAB) o Guías Diarias de Alimentos (GDA) a fin de contener y reducir en lo posible los problemas de sobrepeso, obesidad y diabetes que aquejan a una buena parte de la población y representan un gasto oneroso para el sector salud.

En un comunicado, explicó que investigadores del INSP evaluaron la comprensión de este sistema de etiquetado entre estudiantes universitarios de nutrición y tuvieron gran dificultad para interpretar los datos contenidos en las etiquetas.

Además, dijo, los estudios detectaron deficiencias importantes que impactan en la salud de los mexicanos:

Por ejemplo, el INSP destaca el hecho de utilizar valores, principalmente de azúcar de adultos, en productos dirigidos específicamente a niños o productos que pueden ser consumidos por niños, lo cual genera un consumo excesivo de nutrientes críticos como el azúcar añadido.

Los porcentajes utilizados, prosiguió, no hacen distinción entre los límites superiores de consumo seleccionados para azúcares, grasas, grasas saturadas y sodio, lo que confunde a los consumidores, pues no saben si se trata de un mínimo o un máximo recomendado.

Además, las etiquetas GDA se muestran en tamaños de porción arbitrarias; por un lado, no permite a los consumidores hacer comparaciones entre productos de la misma categoría y, por el otro, la utilización de porciones más pequeñas de lo que los individuos consumen en realidad tiene como resultado que el producto obtenga un perfil favorable para los %GDA.

Y para hacer una interpretación adecuada del etiquetado frontal GDA, se requiere de más tiempo del que se ha estimado que un individuo dedica para leer una etiqueta nutrimental, pues se necesitan hacer operaciones matemáticas que confunden al consumidor.

En suma, la comprensión de este etiquetado se ve afectada por los conocimientos de nutrición y habilidades matemáticas de la población, por lo que, su comprensión cabal se encuentra limitada a un sector muy pequeño de la población.

La encuesta, entre estudiantes de nutrición

El INSP explicó que el cuestionario de 23 preguntas se aplicó a 122 estudiantes de la licenciatura de nutrición de 17 a 31 años de edad y que los resultados muestran que, del total de encuestados, solo 12.5% fue capaz de definirlo correctamente.

Y apenas 1.8% respondió correctamente a las preguntas en un lapso de seis minutos, excesivo al que los consumidores toman, sin contar, que los estudiantes cuentan con mucha más información que los compradores habituales.

Otro indicador fue el tiempo promedio que tardaron los estudiantes en contestar tres preguntas que evaluaban el contenido de energía, azúcares y el número de productos que podían consumir para cumplir con el máximo de azúcares recomendado en el etiquetado frontal Guías Diarias de Alimentación: Tres minutos con 34 segundos.

En el comunicado el INSP rescató la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Medio Camino 2016, cuyos resultados demostraron también que el uso y comprensión de los etiquetados son muy bajos a escala nacional, como dan cuenta los números:

Un 97.6% de la población desconoce cuántas calorías debe consumir un niño de entre 10 y 12 años; los etiquetados actuales no pueden ser utilizados por toda la población, pues 10% se encuentra en condición de analfabetismo; más del 90% de la población desconoce cuántas calorías debe consumir, que es un dato necesario para el uso e interpretación de las etiquetas, pues al no establecer máximos o mínimos, los consumidores no tienen guías claras; son poco utilizados, pues el 66.4% no los usa al momento de elegir alimentos, y los grupos más desfavorecidos (por recursos, edad y zona geográfica) son los más afectados al no tener elementos para usar este tipo de información.

Ante estos resultados, el Instituto concluyó que el SEFAB no cumple con el propósito de informar a las personas sobre posibles elecciones saludables de alimentos.

Además, se corrobora que este etiquetado utiliza elementos que excluyen a un gran sector de la población como el saber leer, conocimiento de las necesidades energéticas y el abordaje de operaciones matemáticas. Sumado a lo anterior, no hace diferencia entre productos saludables y no saludables además de no seguir las recomendaciones internacionales.

En noviembre de 2017, la Secretaría de Salud solicitó al INSP la constitución de un grupo de académicos expertos en etiquetado, independientes y libres de conflictos de interés, con la encomienda de emitir una postura para contribuir al desarrollo de un sistema de etiquetado para productos industrializados que proporcione información útil para facilitar la decisión de compra, identificando el contenido de energía, nutrimentos e ingredientes en los componentes, cuyo exceso en la dieta puede ser perjudicial para la salud como azúcares añadidos, sodio, grasas totales, grasas saturadas y energía.

Conclusiones

Algunas conclusiones del grupo de expertos fueron:

–El etiquetado actual no se adecua a las recomendaciones de la OMS y la Academia Nacional de Medicina. Se debe formular un nuevo etiquetado que esté sustentado en recomendaciones internacionales y nacionales de salud. Un ejemplo claro es que no se distinguen entre los azúcares añadidos y los azúcares naturales.

–Los estudios disponibles indican que el SEFAB no funciona, pues los consumidores no logran entenderlo, especialmente sobre el consumo de azúcar, por lo que se recomendó reemplazarlo por otro sistema de etiquetado efectivo, de fácil comprensión y con criterios correctos.

–Finalmente, se recomienda adoptar un etiquetado como el de otros países, conocidos como sistemas de advertencia, ya que su fácil comprensión se encuentra comprobada.

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