10 años de vulgaridades

La Orquesta Vulgar en la Ciudad de México. Foto: Tomada de Facebook /laorquestaLOV La Orquesta Vulgar en la Ciudad de México. Foto: Tomada de Facebook /laorquestaLOV

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Vulgo, vulgaris nos indica la etimología latina, es cosa de gente común, de vulgo, gente como usted y como yo, nada denigrante pues. Sin embargo, esta concepción original se fue poco a poco desvirtuando, y hoy por hoy la mayoría de la gente y de las veces, por vulgar entiende lo ordinario, lo no refinado y de mal gusto, lo contrario a “lo que debe ser”.

La introducción anterior es necesaria porque jugando con eso, pensando un poco en lo que es común, lo de la gente, lo normal entonces y, otro poco por el otro lado, pensando en lo no “exquisito”, la Orquesta Vulgar se dio así misma ese nombre porque lo que hacen pretenden que sea, llegue y guste a y de la gente común. Aunque a decir verdad, la mescolanza de ritmos, modos, géneros, influencias, tendencias e ideas musicales que hacen, poco tiene de común.

Y es que, formados académicamente todos sus integrantes, su preferencia es el jazz, aunque ningún empacho tienen de mezclarlo con el rock, funk, folk, soul, ska y cuanta manera se les ocurre que pueda funcionar. Por eso son vulgo, de la calle, del arroyo en donde emerge la canción, la música popular. Pero, atención, también son Orquesta porque esta denominación remite a los grandes conjuntos, a los que conocen y saben interpretar a los grandes maestros, a las sinfónicas y filarmónicas y, claro, también a las grandes orquestas de jazz.

Entendida así, la Orquesta Vulgar ya no lo es tanto en el sentido peyorativo de lo sucio, corriente y demás yerbas de olor que sirven de mal señalamiento para lo que o los que no son fifís.

Pues bien, esta orquesta vulgar y sus vulgaridades que son muchas porque soló tocan obras de su propia autoría, están celebrando sus primeros diez años de andar por allí de saltimbanquis llevando la música vulgar a, literalmente, donde se dejen, como han logrado hacerlo en varios escenarios de nuestra ciudad, resto de la república, y llegando incluso a los Estados Unidos.

Fue así, como parte de la celebración de su primera década, que llegaron el mismísimo Domingo de Resurrección al museo que lleva el nombre de otro iconoclasta, José Luis Cuevas, a presentar un concierto bajo los rayos inclementes de Febo que ese día estuvo particularmente brillante, y en él (en el concierto no en Febo) mostraron no sólo lo que son sino lo que saben hacer.

Con notables piezas de su repertorio pero también obras de estreno, La Orquesta Vulgar se remontó a sus orígenes y a números de su primer disco grabado en el 2015, así como, clarísima influencia del jazz, realizó improvisaciones que, naturalmente, enriquecieron la audición. Fue así como, entre otras, y durante algo así como hora y cuarto, presentaron Fantoche a la realidad, La víctima del caníbal, Mambo 38 y Beso francés, a más de una nueva composición a la cual ni siquiera le han dado nombre.

Batería y percusiones, bajo eléctrico, sax alto, guitarra eléctrica, trombón, piano, vibráfono y voz estuvieron presentes en esta vulgaridad que fue una grata sombra protectora a las inclemencias solares. Que cumplan otros diez.

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