Cuando la radio nos hacía sentir menos solos y aburridos… que los smartphones

Un libro de reciente aparición explica cómo las tecnologías cambian de manera profunda la percepción sobre nuestros sentimientos. Ahora nos sentimos más solos, aburridos y narcisistas que nuestros ancestros de los dos siglos pasados Un libro de reciente aparición explica cómo las tecnologías cambian de manera profunda la percepción sobre nuestros sentimientos. Ahora nos sentimos más solos, aburridos y narcisistas que nuestros ancestros de los dos siglos pasados

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Es más probable que estemos más solos y aburridos en la era del teléfono inteligente que lo que sintió la humanidad en la época del telégrafo y los radios de transistores.

Es, al menos, la hipótesis que exploran Luke Fernandez y Susan Matt, profesores de la Universidad Estatal de Weber en el libro Bored, Lonely, Angry, Stupid. Changing feelings about technology, from the telegraph to Twitter, lanzado a la venta el 1 de mayo.

De acuerdo con la editorial Harvard University Press, el libro concluye que la tecnología cambia no sólo cómo nos sentimos, sino también lo que significan nuestros sentimientos.

Para llegar a esta conclusión, los autores examinaron diarios y memorias de los siglos XIX y XX, y entrevistaron a estadunidenses de diferentes edades y procedencias para documentar cómo el cambio tecnológico transformó sus emociones.

En una entrevista con el medio digital Vox, Susan Matt ofrece detalles de la investigación, que llegó al grado de documentar, por ejemplo, el tipo de soledad que experimentaban las personas esclavas y el aburrimiento de los trabajadores de las fábricas. Y, en el otro extremo, las emociones de los mineros de la época de la fiebre del oro cuando recibieron por primera vez un telegrama.

Matt relata que la palabra “aburrimiento” ni siquiera existía hasta mediados del siglo XIX. “Cuando las personas experimentaban momentos vacíos, los describían como aburridos o monótonos o tediosos. El aburrimiento no era una categoría de experiencia todavía”, detalló.

“La gente sabía que había momentos en los que sentía un vacío y los aceptaba como parte integral de ser humano. No significa que los hayan disfrutado, pero tampoco les sorprendían. Y, de hecho, muchos pensaron que así era como Dios había dispuesto el mundo.

“Así como los estaduunidenses del siglo XIX aceptaron la monotonía como algo inevitable, también aceptaron la soledad como parte del orden de las cosas; pensaron que era desagradable pero no inesperada y que todos iban a experimentar la soledad en sus vidas”.

Presentación del libro. Foto: Aquinas Institute of Saint Joseph Catholic Schools
Presentación del libro. Foto: Aquinas Institute of Saint Joseph Catholic Schools

La compañía de la radio

En ese contexto, considera que el surgimiento del teléfono inteligente “sin duda ha significado compañía constante, o al menos la promesa de compañía constante. No siempre lo encontramos. Pero el teléfono siempre está ahí, haciéndonos señas con la promesa de satisfacción y entusiasmo. Promete entretenimiento y variedad instantáneos”.

Pero no es la primera tecnología a la que recurrimos para aliviar el aburrimiento y la soledad, señala, y pone como ejemplo a la radio.

“Encontramos a muchas personas en las décadas de 1920 y 1930 que pensaban que la radio estaba transformando sus vidas, y a menudo lo expresaban con este sentimiento: ‘Gracias a la radio, no tengo que quedarme a solas en mi casa’.  Estamos hablando de los años 20, 30 y 40”.

“El teléfono inteligente ha ampliado esa experiencia porque no se trata sólo de escuchar lo que ofrece la estación local; ahora, los teléfonos inteligentes ofrecen entretenimiento visual, así como una conversación instantánea de dos vías.

“Entonces, el teléfono inteligente representa un cambio bastante dramático en nuestras expectativas de compañía y entretenimiento, y un cambio en la forma en que respondemos a sentimientos como el aburrimiento y la soledad. Debido a las promesas de la era digital, cuando experimentamos esos sentimientos, estamos más sorprendidos y alarmados que nuestros antepasados”, explica.

“Presentar al ser perfecto”

En la entrevista con Vox, Matt detalla que las personas de hoy sienten nuevas y crecientes presiones por parte de la sociedad para expresarse y celebrarse.

“Las personas intentan conscientemente editar sus fotografías para presentarse como un ser perfecto y se dan cuenta de que otros también lo están haciendo.

“El efecto neto es que los estadunidenses que pasan tiempo en línea definitivamente tienen la sensación de que deberían estar en la plaza pública de Internet, mostrándose felices. Esto le da a las personas un mayor sentido de sí mismos y su importancia”, señala Matt.

En otras entrevistas, la gente se da cuenta de como la gente está ansiosa por llamar la atención en Internet. “Mostrar que tiene opiniones realmente sólidas y, a veces, agresivas en las redes sociales es una forma de atraer más tráfico a tu tweet o a tu actualización”.

En ese contexto lo compara con los sentimientos de generaciones anteriores.

“Una cosa que nos pareció interesante fue cómo los estadunidenses de los siglos XVIII y XIX se veían a sí mismos. Desde la infancia, a las personas se les advertía constantemente contra la idea de autocelebrarse o autopromoverse, y se les decía que recordaran siempre que eran mortales, frágiles y con defectos. 

Mantener en mente esta idea de la fragilidad humana era parte de evitar el pecado de la vanidad; esas enseñanzas fueron diseñadas para que las personas tomaran conciencia de sus límites humanos.

“A lo largo del siglo XIX y XX, estos viejos sentidos de vanidad, de la vana futilidad de la vida, desaparecieron. Y, como resultado, lo que vemos hoy es que cuando las personas publican en las redes sociales, no tienen sentido de sus propias limitaciones como seres humanos. A menudo hay poca modestia o poco temor de que uno pueda ir demasiado lejos en la autopromoción.

“Así que, desde luego, los moralistas del siglo XIX se habrían sentido desconcertados por nuestros comportamientos”, considera la especialista.

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