El fallido alzamiento militar dejó “tocado” a Maduro

La reciente intentona golpista de Juan Guaidó contra el presidente de Venezuela no falló del todo, consideran analistas consultados por Proceso. Si bien Nicolás Maduro sigue en el poder, la insurrección logró liberar al opositor Leopoldo López de su prisión domiciliaria, exhibiendo un debilitamiento del mandatario. Ejemplo de su delicada posición, destacan los expertos, es que el jueves 2 pidió a las fuerzas armadas que no lo abandonen y restituyó en la jefatura de los servicios de inteligencia a Gustavo González López, personaje cercano al segundo hombre fuerte del país: Diosdado Cabello.

BOGOTÁ (Proceso).– El jueves 2 en el Fuerte Tiuna de Caracas, cuando el presidente venezolano, Nicolás Maduro, encabezaba un acto castrense bautizado como la Marcha por la Lealtad Militar, se transformó en una petición lo que debió ser un discurso de agradecimiento a las tropas por mantenerse al margen de la insurrección armada convocada dos días antes por el autoproclamado “presidente encargado”, Juan Guaidó.

La Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), dijo Maduro ante 4 mil 500 militares, “tiene que mostrarse unida ante el pueblo, cohesionada, cada vez más unida, cada vez más cohesionada, cada vez más disciplinada, subordinada al mando institucional, cada vez más obediente a los principios y valores…”.

La ceremonia –transmitida por radio y televisión en cadena nacional– estaba dirigida al sector militar. Maduro lo dejó en claro al enfatizar que “ha llegado la hora” de demostrar que en Venezuela hay una Fuerza Armada “leal, cohesionada (y) unida como nunca antes”.

Militares venezolanos asilados en Colombia afirman que por orden de la guardia personal de Maduro carecía de munición el armamento de las tropas formadas ante él en la enorme explanada del Fuerte Tiuna.

“Tiene mucho miedo porque sabe que el descontento en las filas militares es profundo y que el peligro de un atentado en una ceremonia de ese tipo es muy alto”, dice a Proceso un exmilitar venezolano consultado en Bogotá. 

Para Benigno Alarcón, director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello, fue extraño que Maduro acabara pidiendo lealtad a los militares en un acto en el que, se suponía, sólo era para que ellos le refrendaran su fidelidad.

“Esto quiere decir que en el gobierno hay desconfianza en la lealtad del sector militar y que pueden tener información de que hay ciertos sectores (de la FANB) que se debaten entre seguir o no seguir con el gobierno”, agrega Alarcón. 

La tentativa insurreccional del 30 de abril último, en vísperas del Día del Trabajo, no logró un pronunciamiento de las fuerzas militares en favor de Guaidó y contra Maduro. Mucho menos causó un quiebre en la FANB.

Tampoco produjo la movilización multitudinaria popular que esperaba la oposición en todo el país y que hubiera puesto al gobierno ante la disyuntiva de capitular o de reprimir indiscriminadamente, sin importar que esa repuesta desatara un alto número de muertos.

No es que el gobierno de Maduro no haya reprimido las protestas de los últimos días en respaldo a Guaidó y a su llamado a la rebelión “cívico-militar”. Hasta el viernes 3 ya se habían reportado cuatro muertos por disparos de la Guardia Nacional, 239 heridos y 205 detenidos.

La alta comisionada para los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet, dijo estar “extremadamente preocupada” por el uso excesivo de la fuerza de los cuerpos de seguridad contra los manifestantes en Venezuela.

Tiros y videos

Es un hecho que el fallido alzamiento militar del 30 de abril involucró a un número reducido de personal de tropa y oficiales, apenas “un puñado de capitanes y tenientes”, según Maduro.

Dirigentes chavistas cifraron en 120 el número de efectivos que se alzaron, 90 de ellos guardias nacionales y 30 comandos del ejército y la armada adscritos al poderoso Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin).

Contra lo que esperaba la oposición, el alto mando de la FANB, con el general en jefe Vladimir Padrino López al frente, salió en bloque por televisión a condenar el “movimiento golpista” y rendir un parte de normalidad en todas las guarniciones militares del país, aunque en La Carlota se escucharon ráfagas de metralleta y cientos de balazos.

El pequeño movimiento de rebelión no logró su propósito: la salida de Maduro del poder y la instalación de Guaidó en el Palacio de Miraflores, pero el gobierno no salió ileso de la “escaramuza golpista”, como el propio mandatario calificó a la intentona. 

Con el transcurso de los días se ha hecho evidente que la “escaramuza” fue producto de gestiones conspirativas al más alto nivel que ninguno de los “halcones” de la Casa Blanca se ha molestado en negar, sino lo contrario: todos, desde el asesor de seguridad nacional, John Bolton, hasta el delegado especial para Venezuela, Elliot Abrams, las han proclamado a los cuatro vientos.

Según Bolton, la salida de Maduro ya estaba negociada con el jefe de la FANB, Padrino, con el presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Maikel Moreno, y con el comandante de la Guardia de Honor Presidencial, el general Iván Hernández Dala. Los tres quedaron señalados.

Asesores de Guaidó afirman que el plan insurreccional estaba previsto para el miércoles 1, en la conmemoración del Día Internacional del Trabajo, pero que se debió adelantar un día porque los servicios cubanos de seguridad advirtieron a Maduro del plan.

Según esa versión, Maduro planeó, entonces, arrestar a Guaidó y transferir a una cárcel militar al dirigente opositor Leopoldo López, quien se encontraba en prisión domiciliaria por una condena de 13 años de reclusión que le fue impuesta en 2015. 

Las intenciones de Maduro fueron comunicadas a la oposición y a los gestores de la rebelión militar presuntamente por el director del Sebin, el general Cristopher Figuera, un militar de alta connotación en los círculos de poder en Venezuela porque fue edecán de Hugo Chávez durante 12 años y fue entrenado en Cuba en temas de seguridad.

“Lo acabaron de quebrar”

La participación de Figuera en la asonada del 30 de abril fue denunciada por los ­diputados constituyentes Pedro Carreño y Gerardo Márquez, militares retirados que promovieron en su momento la carrera del alto oficial. 

Según Carreño, quien fue ministro del Interior con Hugo Chávez, Figuera “siempre fue ambiguo” y estaba muy afectado desde el mes pasado, cuando apareció en una lista de funcionarios chavistas sancionados por Canadá. 

En un viaje reciente a República Dominicana, agentes de inteligencia de Estados Unidos “lo acabaron de quebrar”, dijo Carreño en un programa de la televisión estatal venezolana.

Figuera fue quien dio la orden para que un grupo de comandos del Sebin acudiera la madrugada del 30 de abril a la base aérea de La Carlota, en el este de Caracas, donde Guaidó anunció en un video que estaba en marcha una rebelión militar contra el gobierno y que Leopoldo López, quien aparecía junto a él, había sido “liberado” de su prisión domiciliaria por soldados insubordinados.

Según Maduro, los comandos del Sebin fueron involucrados “con engaños” en la asonada y en 80% de los casos se deslindaron de ella cuando llegaron a La Carlota.

En su videomensaje al país esa madrugada, Guaidó dijo que estaba en la base aérea militar de La Carlota, pero en realidad se encontraba en las afueras de esa instalación, la cual siempre estuvo bajo control de las tropas leales a Maduro.

La noche del 30 de abril, en su primer mensaje al país tras 14 horas de silencio, Maduro anunció la designación del general Gustavo González López como nuevo director del Sebin. 

González López es un militar de la entraña de Diosdado Cabello, el segundo hombre fuerte del régimen chavista y quien maneja muchos de los hilos del entramado del poder político, financiero y de seguridad del país. 

En octubre último, Maduro destituyó a González López como director del Sebin luego de la muerte del político opositor Fernando Albán, quien estaba preso en la sede del organismo de inteligencia. Según la versión oficial, “se suicidó” al arrojarse desde el décimo piso, pero la oposición considera que se trató de un asesinato. 

Al remover a González López y nombrar a Figuera como director del Sebin, Maduro le había quitado el control de esa poderosa institución de seguridad a Diosdado Cabello. 

Con la defección de Figuera, el gobernante chavista se vio obligado a devolver el Sebin a la órbita de Cabello y restituir a González López.

“Maduro fue uno de los grandes perdedores de la jornada del martes (30) y Diosdado Cabello, en cambio, ganó poder”, dice el politólogo Manuel Ricardo Martínez.

Horas de ausencia 

En medio de una versión del secretario de Estado estadunidense, Mike Pompeo, de que Maduro estaba listo el 30 de abril para huir a Cuba, pero que Rusia lo persuadió de quedarse en Venezuela, el gobernante chavista permaneció varias horas sin aparecer en público ni pronunciarse sobre lo que estaba pasando.

A las 07:00 horas de ese día, dos horas y media después del llamado de Guaidó a la insurrección, Maduro tuiteó que los comandantes militares de todo Venezuela le habían manifestado su lealtad, pero después de ese mensaje no se volvió a saber de él sino hasta pasadas las 21:00 horas, cuando apareció en el Palacio de Miraflores en cadena nacional.

Durante esas horas de ausencia, Cabello no sólo convocó a los chavistas a una concentración para “defender la revolución” en el Palacio de Miraflores, sino que fue el único orador oficial de ese acto.

“Diosdado llenó en esos momentos el vacío que dejó la prolongada ausencia de Maduro, la cual nos indica el grado de complejidad de la situación que estaba enfrentando. Maduro no sabía la magnitud de lo que ocurría ni sabía en qué mandos militares podía confiar”, señala Martínez, quien es consultor privado en temas de seguridad. 

Otro golpe para Maduro fue la “liberación” de López –uno de los dirigentes más populares de la oposición– de la prisión domiciliaria que cumplía. El líder de Voluntad Popular, el partido de Guaidó, pudo salir de su departamento en Caracas cuando los agentes del Sebin que lo custodiaban simplemente le permitieron el paso.

Luego de aparecer con Guaidó en las inmediaciones de La Carlota, López acompañó a su discípulo político a un mitin a la plaza Altamira y después ingresó a la embajada de Chile. Finalmente pernoctó en la residencia del embajador de España en Venezuela, donde permanece en calidad de “huésped”.

El jueves 2 López dio una rueda de prensa en la residencia y reveló que en las últimas tres semanas se reunió en su casa “con comandantes, generales y componentes de cuerpos policiales para lograr el cese de la usurpación”, además de que mantuvo comunicación con gobiernos de varios países “para conseguir una coalición”.

De acuerdo con Martínez, el escenario que se puede abrir paso en Venezuela tras la intentona insurreccional es “el predominio de los sectores más radicales de los bandos en disputa”.

El gobierno, dice, puede plantearse la detención de Guaidó, lo que “nos pondría en la antesala de una confrontación armada entre venezolanos”, mientras que el ala más extremista de la oposición “va a insistir en la invocación del ­artículo 187 de la Constitución”, que abriría las puertas de una intervención militar extranjera.

Para el también analista Benigno Alarcón, pese a la fallida convocatoria opositora a la rebelión militar, aún está sobre la mesa la opción de orillar a las fuerzas armadas a actuar “con neutralidad institucional” y no en favor de Maduro.

Alarcón descarta que los sucesos del 30 de abril representen una derrota para la oposición porque un día después hubo marchas multitudinarias en todo el país en respaldo a Guaidó y contra Maduro, pese al notorio aumento de la represión. “Pareciera que la mayoría de los venezolanos está dispuesta a continuar luchando y a no darse por vencida”, asegura el abogado y experto en seguridad y defensa.    

Este reportaje se publicó el 5 de mayo de 2019 en la edición 2219 de la revista Proceso

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