Y en Caracas reina el desconcierto

Protestas en Venezuela. Foto: AP / Boris Vergara Protestas en Venezuela. Foto: AP / Boris Vergara

Durante la intentona golpista dirigida por Juan Guaidó el pasado 30 de abril, una parte de los venezolanos, sorprendida y en algunos casos eufórica, tomó las calles pensando que el régimen de Nicolás Maduro estaba por caer. Pero una realidad distinta se les presentó en forma de tanquetas y gases lacrimógenos. Después del turbulento inicio de semana en Venezuela, ahora los ciudadanos están sumidos en el desconcierto y la incertidumbre.

CARACAS (Proceso).- En Venezuela se vive un nuevo capítulo, desde el 30 de abril, en el convulso panorama de este año, que hasta el momento ha dejado muchas preguntas sin respuesta.

Poco antes del amanecer del 30 de abril, el autodesignado presidente encargado, Juan Guaidó, anunció en un video difundido en redes sociales el inicio de la “Operación Libertad”, iniciativa que buscaba impulsar el fin del régimen de Nicolás Maduro mediante la movilización popular; originalmente estaba prevista para el miércoles 1 con una “gran marcha nacional” en conmemoración del Día del Trabajo.

En las imágenes se vio a Guaidó acompañado de efectivos militares y del líder opositor Leopoldo López, preso político desde 2014, tiempo en el que estuvo en una cárcel militar y en los últimos dos años, sometido a arresto domiciliario bajo custodia del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin).

En el video, el también presiente de la Asamblea Nacional (AN) llamaba a los ciudadanos a salir a las calles, indicando que se había iniciado el “cese definitivo de la usurpación”, en alusión al gobierno de Maduro. También invitaba a los militares a sumarse a ese proceso “dentro de la Constitución”.

El mensaje era transmitido desde los alrededores de la base aérea Generalísimo Francisco de Miranda, conocida como La Carlota, en el este de Caracas, y en él aparecían efectivos uniformados, dando la impresión de que era una operación militar de envergadura, una idea reforzada por mensajes de miembros del gobierno de Maduro, como el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino, quien en Twitter denunciaba un “movimiento golpista que pretende llenar de violencia al país”.

Incertidumbre 

Miles de opositores salieron a las calles en numerosas ciudades del país en respuesta al llamado de Guaidó, con lo que se dio inicio a un nuevo escenario para la confrontación.

Sin embargo la violencia no tomó forma de enfrentamientos entre militares, sino principalmente de fuertes choques de efectivos de la Guardia Nacional (GN) contra civiles que protestaban. Los militares, aunque en grupos menos numerosos que en jornadas de protestas anteriores, no escatimaron en el uso de bombas lacrimógenas.

En algunos casos la represión ofreció escenas desconcertantes, como la de una tanqueta en Caracas que embistió y arrolló a un grupo de personas que protestaba cerca de La Carlota.

Hasta el jueves 2 se contaban cuatro fallecidos y 205 arrestos –15 de ellos, de adolescentes–, según cifras de la ONG Foro Penal Venezolano.

Los periodistas también fueron blanco de la represión. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa informó que una decena de ellos también sufrieron lesiones durante la cobertura de las manifestaciones antigubernamentales.

En la noche del 30 de abril Nicolás Maduro apareció en cadena nacional de radio y televisión, luego de más de 15 horas de silencio en las que apenas se manifestó mediante mensajes vía Twitter. En su intervención acusó a la oposición de haber buscado un enfrentamiento armado en el país que causara centenares de muertos.

Maduro, mediante sus voceros, habló de un “golpe de Estado”. Así lo aseguraron el ministro de Comunicaciones, Jorge Rodríguez; y la hermana de éste y vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez; entre otros.

Maduro dijo que se trató de un “levantamiento” impulsado por un grupo de oposición “de la ultraderecha venezolana, la oligarquía colombiana y el imperialismo estadunidense”. 

Guaidó, quien transmitió un mensaje a través de redes sociales poco antes que Maduro, presentó los sucesos de ese martes como el paso final hacia el “cese de la usurpación”, una meta para la cual él había advertido desde hace meses que se requería el apoyo de los militares.

Mientras tanto, Caracas pasaba de la incertidumbre a la euforia.

Antes de las 06:00 horas, cuando ya habían pasado dos horas del anuncio de Guaidó y López, parecía que la ciudad no había despertado aún. Tímidamente, los caraqueños que iban a sus trabajos y llevaban a sus hijos a las escuelas, se preguntaban si era cierto lo que estaba sucediendo, muchos no daban crédito, les parecía “demasiado bueno” para se verdad.

A medida que fue avanzando la mañana comenzaron las concentraciones. Los caraqueños empezaban a acatar el llamado de Guaidó. Antes de las 08:00 horas ya había represión en los alrededores de La Carlota. 

Había mucha confusión. Numerosos videos corrían en redes sociales. Policías militares enfrentados en la autopista. Nadie sabía quién apoyaba a quién. Pero la consternación no duró mucho. Se esperaba un levantamiento mayor, que los militares con poder de fuego se sumaran. 

Sin embargo, el líder opositor aprovechó para presentar la jornada como una demostración de que Maduro “no tiene el respaldo ni el respeto” de la Fuerza Armada, aunque reconoció que la oposición necesita recibir más apoyo de los uniformados.

Ha avanzado la semana, pero la incertidumbre con la que se inició la jornada del martes no se ha despejado.

Muchas preguntas quedaban en el aire, empezando por la propia forma de caracterizar lo ocurrido, de si fuee un intento de golpe de Estado como dijo Maduro o de una rebelión pacífica como la presentó Guaidó.

La jornada dejó también dudas sobre la participación de los cuerpos de seguridad, como la del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), sobre quien recaía la custodia de Leopoldo López.

El 30 de abril por la noche Maduro anunció la sustitución del general que encabezaba ese organismo, Manuel Ricardo Cristopher Figuera, pero en una carta publicada en medios locales y atribuida a este oficial, él reiteraba su lealtad a Maduro y negaba haber participado en lo ocurrido.

Las interrogantes recaen también sobre otros poderes del Estado.

El día después 

Las calles de Caracas volvieron a ser escenario de una batalla campal. Allanamientos ilegales se convirtieron en reminiscencias de años anteriores, cuando arreciaron las protestas contra Maduro y, con ellas, una fuerte represión policial y militar que en 2014 y 2017 dejó más de un centenar de muertos.

Algunos análisis apuntan a que lo ocurrido el 30 de abril formaba parte de una operación más amplia en la cual no sólo participarían militares sino también miembros de otros poderes.

Mientras acusaciones iban y venían esta semana, Caracas alternaba su imagen entre campos de batalla y una extraña “normalidad”. Se podía ver a madres llevando a sus hijos al colegio y a pocas calles, manifestantes siendo reprimidos por la policía militar.

Comentarios sobre lo ocurrido tomaban diferentes matices. Por un lado, pasada la sorpresa y acatado el llamado a protestar en las calles, de nuevo la necesidad de inmediatez se apoderó de algunos venezolanos que apoyan a Guaidó. 

Había quienes se cuestionaban más convocatorias a la calle, otros que apoyaban incondicionalmente el llamado a manifestar. Pero todos coincidían en que Guaidó estaba muy cerca de conseguir su objetivo.

Esta sensación de gratificación instantánea se fue desvaneciendo al paso de los días. 

El ingrediente del “paro escalonado”

“Mañana comienza la ‘Operación Libertad Sindical’ con rumbo a la huelga general (…), mañana vamos a acompañar la propuesta de paro escalonado”, dijo Guaidó el miércoles 1 frente a un millar de personas que se concentraron en un punto dispuesto por la oposición para protestar contra Maduro. 

Celebró que miles de personas estuvieran en las calles manifestándose “a pesar de la intimidación” que atribuye al Ejecutivo.

El llamado de Guaidó al paro fue rápidamente contestado por el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) Diosdado Cabello, quien puso en duda que la propuesta tuviera éxito.

El miércoles 1 el chavismo se concentró en el centro y oeste de Caracas para respaldar a Maduro, quien apareció ante miles de seguidores a los que llamó a reflexionar y rectificar.

“Llueva, truene o relampaguee vamos a los grandes cambios, a las grandes renovaciones, a las grandes rectificaciones que necesita urgentemente la revolución, frente al pueblo siempre”, dijo Maduro durante un discurso en el que alertó que la justicia está tras la pista de los responsables de la “escaramuza golpista” del 30 de abril.

“Están huyendo entre embajada y embajada”, dijo Maduro en referencia a Leopoldo López, a quien no mencionó directamente y es “huésped”, junto a su familia, en la residencia del embajador español.

“La justicia los está buscando y más temprano que tarde irán a pagar a la cárcel su traición y su delito”, añadió Maduro.

Este mismo día, mientras Maduro hablaba en el oeste de Caracas ante un grupo de seguidores y Guaidó recorría el este de la capital en varios de los 15 puntos de protestas que convocó, se registraban decenas de detenciones en todo el país.

La justicia del régimen de Maduro ya abrió dos líneas de investigación contra el líder de Legislativo: una por haber proclamado un gobierno interino y otra por los apagones que sumieron a casi todo el país en la oscuridad y lo paralizaron en marzo pasado. Maduro acusó además a John Bolton de haber dirigido “personalmente” el alzamiento.

Ante esa situación, se espera para los próximos días una nueva ofensiva del régimen de Miraflores contra Guaidó y contra el fundador del partido Voluntad Popular, Leopoldo López, a quien le fue allanada y robada su residencia en Caracas, según denunció su esposa, Lilian Tintori.

Analistas no descartan que también el gobierno ensaye una persecución contra otros opositores y medios de comunicación que aún no responden al chavismo.

Por lo pronto, Radio Caracas, la decana de las radios de Venezuela, fue sacada del aire el 30 de abril en su señal abierta y tanto BBC como CNN Internacional por suscripción fueron suprimidas del servicio.

Durante ese día, desde el Palacio de Miraflores se dispuso el bloqueo del acceso nacional a internet, lo que generó el apagón de varias redes sociales y de los blogs que suelen informar sobre el día a día en Venezuela.

Los temores que de que “la calle se enfríe”, que esta nueva jugada de los adversarios de Maduro sea “más de lo mismo” y que, en consecuencia “no pase nada”, están latentes en las calles de Caracas. En cualquier esquina todos hablan de lo mismo y siguen teniendo más preguntas que respuestas sobre lo que ocurrirá en los próximos días.  

Este reportaje se publicó el 5 de mayo de 2019 en la edición 2218 de la revista Proceso

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