Con material inédito, Tom Volf estrena “María por Callas”

No ha habido una cantante más adorada en la historia de la ópera que la divina María Callas. Si abundan las biografías escritas y los testimonios musicales o fílmicos que bien demuestran su grandeza, el reciente documental del galo Tom Volf María por Callas (narrado en primera persona por la actriz Fanny Ardant) rescata materiales inéditos, desnudándola en todo su resplandor y vulnerabilidad: “La motivación fue escucharla bajo sus propias palabras y contar una historia jamás relatada”, dice el cineasta.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Su vida parece una ópera trágica con escándalos en revistas y diarios, pero el francés Tom Volf intenta a través de un documental “que el público descubra a la María secreta y a la implacable Callas, un personaje procedente de una familia griega sin dinero que llegó a ser importante en todo el mundo, y permaneció humilde y vulnerable”.

El fotógrafo Volf (París, 1986) debuta en el cine con María por Callas: En sus palabras, documental de 119 minutos que, tras ser proyectado en 40 países con éxito, se estrenará en los cines de México este 10 de mayo bajo la distribución de Alameda Films.

El realizador descubrió a la destacada soprano por accidente cuando se topó con una grabación suya que le fascinó, y narra que decidió viajar por el mundo durante tres años en busca de la “verdadera María Callas”. Logró conocer a los últimos sobrevivientes de su generación, amigos cercanos, colegas y personas que le permitieron recopilar mucho material, nunca antes visto (también en instituciones), para crear el filme que le llevó cinco años en terminar. Se encontró con 10 mil fotografías, 400 cartas personales y 60 horas de imágenes en video: entrevistas, cintas caseras y arias de ópera.

–¿Qué lo impulsó a realizar un documental sobre esta leyenda del bel canto? –se le pregunta.

–La motivación fue realizar algo que nunca se había creado antes: escucharla bajo sus propias palabras y contar una historia que jamás se había relatado.

María Ana Sofía Cecilia Kalogeropoulos (su papá George le puso el apellido Callas, según el filme) nació en Nueva York el 2 de diciembre de 1923 (su madre Evangelia Dimitriadis siempre dijo que nació un 4 de diciembre), y falleció en París, el 16 de septiembre de 1977. 

La actriz francesa Fanny Ardant (Master Class, de Roman Polanski; Callas Forever, de Franco Zeffirelli) le presta su voz a María Callas en la cinta, para leer cartas y textos:

Mi madre era bastante ambiciosa y mi padre quería que tuviera educación musical. Empecé piano a los ocho años de edad. Eran los tiempos de Deanna Durbin y Shirley Temple, y por supuesto mi madre soñaba. ¿Qué soñaba? Con la gloria, por supuesto. Decidió que me convertiría en una gran cantante. Probablemente yo tenía algún talento. De otro modo, no hubiera proseguido. No podía resistirme, porque en aquellos días uno hacía lo que los padres decidían. ¿Qué podría haber hecho? ¿Protestar? ¿Una niña como yo, contra un carácter como el de mi madre?

Hacia 1937 la familia dejó Estados Unidos y se trasladó a Grecia. Ella cursaba la secundaría. No pudo continuar la escuela en Grecia, donde la sorprendió la guerra, porque su mamá la metió a estudiar canto en el conservatorio; sólo que contaba con 13 años de edad y para entrar ahí, debía tener 17, “pero era una niña alta y podía justificar una mentira”, cuenta Callas a cuadro en una entrevista en blanco y negro. 

De nuevo, la voz de Ardant:

Mi madre no me dejaba estar frente al espejo más de cinco minutos. Debía estudiar y no perder el tiempo con algo sin sentido. Por supuesto, gracias a su severidad hoy tengo una vasta experiencia artística. Finalmente fui aceptada en el Conservatorio de Atenas.

A Volf se le interroga si cree que fue obligada por sus padres a ser artista, y explica vía telefónica desde París:

“Por su mamá… Callas siempre quiso adquirir la aprobación y el amor de su madre, y sabía que su mamá era feliz cuando ella cantaba. Así que eso fue lo que hizo. Quizá hubiera sido diferente la situación de ella, si su progenitora la hubiera querido incondicionalmente. No se hubiera convertido en cantante.”

–¿Qué opina de su relación que tuvo con la prensa?

–Era la mujer más exitosa en el mundo, lo cual fue muy difícil para ella porque cualquier movimiento suyo se convertía en público. Era perseguida por la prensa. Se le complicaba efectuar una vida normal, la cual ella deseaba al final: ser María más que ser Callas, como lo explica al principio del filme en una entrevista. Le fue muy difícil lidiar con su fama.

En el documental, Callas platica en una entrevista de 1957 realizada por el periodista televisivo David Frost, en Nueva York:

“Hay dos personas dentro de mí. Quisiera ser María, pero debo estar a la altura de Callas. Lidio con las dos, tanto como puedo.”

Frost le pregunta: “Y a la hora de la verdad, ¿quién gana, María o Callas?”. Ella repone:

“Me gusta pensar que van juntas, porque Callas es María. En mi canto y mi trabajo, lo que soy siempre. No he sido falsa, he hecho todo con honestidad. Hubiera preferido tener una familia feliz e hijos. Creo que esa es la vocación principal de una mujer; pero el destino me introdujo a esta carrera. No pude salir, y varias veces me forzaron a seguir. Primero mi madre, luego mi esposo (Giovanni Battista Meneghini). La hubiera abandonado con gusto, pero el destino es el destino.”

Linchamiento en Italia

Es enero de 1958, en Roma. La misma Callas, muy seria y vestida de negro con una red que adorna desde su cabeza hasta su nariz, camina hacia un sinnúmero de reporteros. Mientras, la voz en off  refiere:

La noche más triste de mi vida comenzó muy prometedora. Jamás hubiese podido prever la crueldad y la violencia que se desató sobre mí después de esa presentación dolorosamente suspendida el 2 de enero. Los periódicos, no solo en Roma, Italia, sino en toda Europa y Estados Unidos, con algunas excepciones que me conmovieron, unas pocas, dejaron de lado otros asuntos, y reservaron sus portadas, sus titulares y crónicas para mi nombre. Era el momento ideal para desprestigiarme y hacerme pagar caro por mi éxito.

Aunque todo había empezado bien. En la ópera (de Vicenzo Bellini, Norma) habían comenzado los ensayos y todos estaban satisfechos; pero cuando regresé al vestuario, un cuarto frío de un teatro que había estado desnudo durante meses, sentí un viento frío por las rajaduras. Sentí un escalofrío repentino y el comienzo de una carraspera. Desperté en mitad de la noche y descubrí que no podía emitir ningún sonido. Ni una sola palabra. Estaba completamente muda. ¡Muda! Pero las localidades estaban agotadas. El público esperaba a la Callas, de repente me inundaba el miedo.

Me llamaban La Tigresa. Y esa noche 2 de enero, La Tigresa entró al espléndido aunque aterrador teatro. En el vestuario me estaba cambiando y maquillando con mi voz pendiente de un hilo (aparecen escenas de Callas preparándose y del teatro de la Ópera de Roma lleno). Los medicamentos habían suavizado temporalmente mi garganta, pero no era suficiente, tenía bronquitis. Por supuesto, no podía curarse tan rápidamente. Una vez que se terminó el efecto de los medicamentos, mi voz desapareció.

Enseguida se ve el teatro y una voz de varón anuncia:

“Debido a grandes circunstancias imprevistas, el resto de la presentación se cancela”. Al otro día, la artista griega de ópera se dio cuenta de cómo iniciaba su linchamiento:

Con una violencia sin precedentes. Aunque no atenté contra el público ni las instituciones, ni deshonré al presidente (Giovanni Gronchi)  ni puse en peligro la vida del teatro lírico italiano, solo tuve bronquitis.

Al respecto, el mismo Volf subraya:

“Fue una situación muy dramática, ya que fue presionada para presentarse en el escenario a pesar de estar muy enferma. No habían planeado un remplazo para ella, así que cantó a pesar de eso con muy poca voz, a pesar de estar enferma. Tuvo que parar la presentación. Fue una víctima de la situación y ahí es donde ella fue presentada como si hubiera sido su culpa, en lugar de ser víctima. También pensaron que era un capricho, que no quería que alguien más cantara su ópera. Por muchos años la gente creyó esa versión retorcida, y uno de los objetivos de este filme es quitar esos mitos, hacer todo como más transparente.”

La cantante no volvería a pisar un teatro italiano el resto de la década, se mudó a París, tuvo sus primeras crisis vocales y para los sesentas su vida personal giraría de modo inesperado.

Renace una estrella

María por Callas da cuenta de su amor por Aristóteles Sócrates Onassis, el griego más famoso de la industria naviera del siglo XX y el hombre más rico del mundo en su época, quien tras nueve años de relación con ella se casó con la ex primera dama de Estados Unidos, Jacqueline Kennedy, sin avisarle a la máxima diva de la ópera.

Conoció a Onassis en septiembre de 1957, cuando con su entonces marido Giovanni Battista Meneghini estaba en la playa, en Venecia. Se hicieron amigos, y luego los invitó a un crucero. Sigue la voz en off de la actriz francesa:

A Battista sólo le importaba el dinero y la posición. ¿Qué puedes hacer cuando ya no confías en tu esposo? Primero pensé en Battista como una pantalla protectora del mundo exterior y lo hizo, hasta que mi fama se le subió a la cabeza. Ese fue el principio del fin del nuestro matrimonio. No fue Onassis ni el dinero. Desde el comienzo del crucero (en el yate Christina del magnate griego) supe que Aristóteles era la clase de amigo que había estado buscando. Estaba muy impresionada por su encanto, su personalidad fuerte, y el carisma con la que llamaba la atención de todos. No sólo estaba lleno de vida, sino que era una fuente de vida.

Una noche, después de una larga e irritante discusión con mi esposo, salí a cubierta para tomar aire y estar sola. Allí estaba Aristóteles contemplando el oscuro mar. Hallé algo que necesitaba profundamente y nunca había tenido. Me hacía sentir liberada y muy femenina, y llegué a amarlo profundamente.

Del odio al amor…

Aunque jamás hubo matrimonio, tiempo después ella se enteró por los diarios que Onassis se casaría con Jacqueline Kennedy en 1968.  Le escribió entonces una carta a su maestra y amiga la soprano española Elvira de Hidalgo (1891-1980):

Estoy en casa, en París tratando de acomodar mi cabeza, lo cual duele terriblemente. Estoy tan perdida después de tantos años de trabajo y sacrificios por un hombre. Dios siempre ha sido mi guía y una vez más me mostrará el camino. 

Lo peor es que él no me dijera nada de este matrimonio, creo que al menos me lo debía después de nueve años a su lado. Pero lo considero un tonto y como tal, lo estoy borrando de mi mente.

Se ven imágenes en Turquía de 1969 sobre el rodaje de Medea, de Pier Paolo Pasolini, quien le da indicaciones a su buena amiga Callas en el papel de la maga Medea (cinta inspirada en la tragedia de Eurípides). 

Yo no lo dejaba entrar al departamento, pero un día se quedó silbando afuera. Así que tuve que dejarlo entrar antes de que la prensa se diera cuenta lo que estaba pasando en la avenida Georges Mandel (París, donde ella falleció en 1977). Sin embargo, en ese tiempo estaba terriblemente molesta y lo consideraba un completo bastardo. Utilicé otras palabras que no quiero repetir. Fue más tarde cuando él regresó y cuando comencé a recuperar mi orgullo perdido que fui capaz de poner las cosas en una perspectiva más sabia y realista. Su explicación inmediata fue que su matrimonio había sido un error. Su error, no el de su mujer, como claramente le dije. Así es como nació mi gran amistad con él. Digamos una amistad apasionada. Mi romance con Onassis fue un fracaso; pero mi amistad con él fue un éxito.

Después, él ya muy enfermo le dijo a Callas:

“Te he amado. No siempre bien, tanto como y lo mejor que he podido. Lo intenté.”

Onassis murió asimismo en París, dos años antes que ella, el 15 de marzo de 1975. Volf detalla a esta reportera que dejó mucho material fuera, “de lo contrario el documental hubiera durado 40 horas” y prosigue:

“Fueron seis meses de edición, pero el material más extraordinario se encuentran en el documental. Las piezas más importantes son las filmaciones que nunca se habían visto. Tuve muy claro desde el inicio incluir arias enteras interpretadas por ella. Es toda una experiencia poder escucharla en una sala de cine.”

Se siente muy afortunado por haber trabajado con amistades de María Callas, como Nadia Stancioff  (La isla de Medea, 2017). 

“Nadia me dio mucha información y material de la película Medea, porque era la de prensa del largometraje (de Pasolini), y se volvieron muy buenas amigas hasta la muerte de María Callas. Igual, me narró muchas historias respecto a la vida de María que me ayudaron mucho”, destaca el director.

–¿Qué opina de esa fama de la que gozó?

–No era común esa fama en esa época para una soprano, era única, no era sólo una cantante de ópera, era una súper estrella. En cuanto a la fama, se encontraba al nivel de una actriz de Hollywood.

Sobre el estreno comercial de su filme en México, hablado en inglés, francés e italiano, enfatiza emocionado:

“Soy un privilegiado que se haya estrenado en casi cuarenta naciones y la recepción ha sido increíble. Eso muestra que todavía es una cantante universal y para todo tipo de público, no sólo para los conocedores de ópera, y no importan las edades, desde niños hasta el adulto mayor. María Callas sigue siendo un personaje universal, una artista universal. Visitó México en 1952 al principio de su carrera, y le fue bien. Con el documental retorna a ese país 67 años después.”

En realidad, el año de su debut fue 1950 cuando sin pena ni gloria inició la temporada operística de Palacio de Bellas Artes con Norma, al lado de Giuletta Simionato, Kurt Baum y Nicola Moscona, presentándose como María Meneghini Callas. El 3 de julio de 1951 regresó y triunfó con un “Mi bemol” en Aída, de Verdi, de acuerdo a La ópera en México de 1924 a 1984, de Carlos Díaz Dupont (UNAM, 1978). 

Volf concluye al destacar que este documental lo transformó:

“Es indescriptible la experiencia. Ha sido un gran trayecto. Ya se estrenó en todo el mundo… ¡Falta la luna!”   

Este texto se publicó el 5 de mayo de 2019 en la edición 2218 de la revista Proceso

Acerca del autor

Nació en la Ciudad de México. Estudió ciencias de la comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Desde 1991 inició en el periodismo. Ha trabajado en los diarios mexicanos El Universal y La Jornada, entre otros, y el periódico español El País. En 1999 ingresó a Proceso, donde labora hasta la fecha. Foto: Carlos Enciso.

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