“Cómprame un revolver”, la séptima película de Hernández Cordón, en los cines

El cineasta Julio Hernández Cordón. Foto: Columba Vértiz El cineasta Julio Hernández Cordón. Foto: Columba Vértiz

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- La séptima película de Julio Hernández Cordón,  Cómprame un revolver, se estrenó a nivel mundial hace un año en la Quincena de Realizadores del Festival Internacional de Cine de Cannes, luego recorrió otros encuentros fílmicos del país y de otras naciones, y hoy ya se estrena en la cartelera nacional.

El realizador destaca que su largometraje de ficción es una reflexión sobre la paternidad y el mundo infantil en tiempos de violencia por el narco:

“Quise contar esta historia porque vivo en México y me aflige la violencia tan cruel y tan sádica con la que actúa el crimen organizado y las autoridades, me parece inhumana. Se que en México se encuentran hartos del tema del narco y aún así me parece importante que se siga hablando al respecto porque es una situación que no ha sido solucionada. Nos sigue afectando sobretodo la impunidad, la corrupción y la violencia. Por eso realicé una cinta sobre esto, pero puse énfasis en la paternidad, la fragilidad y la gente que resiste porque se halla como en una especie de ruleta rusa por esta situación”.

Hernández Cordón creó Te prometo anarquíaAtrás hay relámpagos y Las marimbas del infierno entre otros filmes, y esta vez aborda el amor paternal y la mirada infantil de un lugar controlado por los narcotraficantes, inspirado en la República Mexicana.

El director guatemalteco-mexicano además toca los feminicidios, ya que muestra un lugar apocalíptico donde no hay mujeres, porque todas han sido secuestradas y asesinadas. Es el desierto. Igual expone la esclavitud que esos grupo de delincuentes han ocasionado. Al personaje principal, un cuidador de un campo de beisbol que tiene en su poder el crimen organizado, le quitaron a su esposa e hija mayor, sólo le queda una pequeña, llamada Huck, y la hace pasar por varón para que no le pasé nada. Ella esconde su rostro con una mascara.

Los únicos que conocen su verdadera identidad son un grupo de menores ocultos en la zona con los que ella juega ocasionalmente. Ellos andan todo el tiempo ocultándose usando camuflaje especial y han sido apresados y torturados por el jefe narco. A pesar de la situación terrible que rodea a Huck, la vida de la infante ha transcurrido relativamente tranquila y feliz en compañía de su padre y de los otros niños. Pero una noche todo cambia, y es expuesta a la violencia, al miedo y en general, a una sombría y amenazadora realidad, con la cual el personaje inevitablemente se verá obligada a encarar .El realizador cuenta que pensó siempre en sus dos hijas para que interpretaran la película, Matilde y Fabiana Hernández Guinea. Y por ello la violencia es sugerida en la trama “no deseaba arriesgarlas, ni a los otros niños que participan”.

Sostenes Manuel Rojas, quien interpreta al líder de los narcos, manifiesta que el tema de Cómprame un revolver, le afectó:

“Hablar de los niños de esta manera, en medio de la violencia, es muy duro, y más cuando un infante no puede tener la protección ni de su padre. Mi personaje se comporta de esa manera porque así creció en ese mundo y cree que todo es así, pero esto debe cambiar. ¡Los pequeños no pueden crecer con armas, sangre y violencia!”.

Proceso le pregunta a Hernández Cordón ¿qué es lo que le cuestionaban en los festivales de otros países al ver la película?, y relata:

“Me interrogaban sobre México ,en general de ¿por qué esta violencia extrema?, ¿por qué en el país somos narcos?, ¿por qué  se matan a estudiantes?, y me parece que en el país estamos cansados de poner los muertos porque el consumo de la droga es global, tampoco hay razón para que nos encasillen en eso. Lo que sucede en México tiene que ver con todos. Las drogas se consumen a nivel mundial. Necesitamos que los demás lugares nos ayuden a parar esto. Aquí ya se ha intentado detener la problemática de mil formas, muchas tácticas militares y policiacas, y no ha funcionado, lo que queda es legalizar, es la única forma para acabar con la violencia desbordante.  Que el consumo tenga sus normas y controles de calidad. Existe demasiada gente que lucra con la violencia que existe en México, y eso nos hace daño, cuentan con gente que los asesora en los bancos, crean las armas para vender, y hay personas que les permiten el lavado de dinero”.

Rogelio Sosa, quien recrea al papá de la niña, destaca del largometraje:

“Es un proyecto muy complejo, no sólo se habla de la paternidad y el narco, sino de la violencia hacia las mujeres y los niños, y además es una obra bonita, dura y cruel por la forma que habla de la realidad, pero también es una pieza hermosa”.

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Nació en la Ciudad de México. Estudió ciencias de la comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Desde 1991 inició en el periodismo. Ha trabajado en los diarios mexicanos El Universal y La Jornada, entre otros, y el periódico español El País. En 1999 ingresó a Proceso, donde labora hasta la fecha. Foto: Carlos Enciso.

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