El Golfo Pérsico vuelve a calentarse

El grupo de ataque del portaaviones de clase Nimitz USS Abraham Lincoln se despliega en el Golfo Pérsico para contrarrestar una amenaza supuesta pero aún no especificada de Irán. Foto: AP El grupo de ataque del portaaviones de clase Nimitz USS Abraham Lincoln se despliega en el Golfo Pérsico para contrarrestar una amenaza supuesta pero aún no especificada de Irán. Foto: AP

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Las acusaciones de “sabotaje”, que Irán habría cometido contra grandes navíos de transporte de petróleo de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Noruega, no han sido respaldadas con evidencias, alegaciones de motivos, ni siquiera algún detalle de cómo habrían sido realizados ni cuáles serían los daños, más allá de ser descritos como “significativos”. A lo sumo, por la mañana del martes 14, se difundió sin comentarios la imagen de la popa del navío noruego Andrea Victory, con una abolladura no muy impresionante en la línea de flotación.

Teherán niega tajantemente ser responsable. Más aún, su ministro de Exteriores, Mohammad Zarig, asegura que el incidente entra en el marco de lo previsto por su país, que había “anticipado un evento para escalar las tensiones en la región”, provocado por representantes de “la línea dura en Estados Unidos y Medio Oriente”.

Uno de ellos es John Bolton, cuya designación como consejero de Seguridad Nacional del presidente Donald Trump, confirmado en abril de 2018, fue uno de los movimientos que terminaron por poner la política exterior estadunidense en manos de los “halcones”, tras la exclusión de personalidades que son más moderadas, al menos en comparación.

Igualmente, sin dar detalles o explicación de lo que decía, el domingo 5 Bolton mencionó que habían detectado “indicaciones preocupantes y en escalada” desde Irán, por lo cual Estados Unidos ordenó el despliegue de dos flotillas de buques de combate en el Golfo Pérsico, para “enviar un mensaje claro e inequívoco” de que, aunque “no buscamos una guerra”, responderá a cualquier ataque contra sus intereses “con fuerza implacable”.

“No es más que guerra psicológica”, respondieron en Teherán, el lunes 6. Pero Washington ya movilizó dos grupos de combate, encabezados por portaaviones y compuestos además por un crucero lanzamisiles, tres destructores, un submarino y un buque logístico. El del USS Arlington, que ya ancló frente a costas iraníes, transporta una fuerza de desembarco y una batería antimisiles Patriot; el del USS Lincoln, que lleva 85 aviones, está cerca de llegar. Además, bombarderos B-52 han aterrizado en la base aérea en Catar.

La presencia de portaaviones de Estados Unidos en el Golfo Pérsico “solía ser una seria amenaza para nosotros en el pasado, pero ahora es un blanco y las amenazas han pasado a ser oportunidades”, replicó Amir Ali Hajizadeh, comandante de la fuerza aérea de los Guardianes de la Revolución, la principal organización militar iraní.

El reto no convenció a muchos. Trump está planeando –o eso quiere hacer sentir- una guerra total: el lunes 13, el New York Times publicó información filtrada desde el gobierno (una forma de enviar mensajes sin hacerse cargo oficialmente de ellos) sobre una reunión registrada el jueves 9, en la que el encargado de despacho del Departamento de Defensa, Patrick Shanahan, le habría presentado al presidente una actualización del plan militar sobre Irán, que contempla el despliegue de 120 mil soldados en el caso de que Irán atacara a fuerzas estadounidenses o acelerara su supuesto programa de armas nucleares.

Responsabilidades

Irán nunca ha aceptado que su industria atómica tenga un objetivo militar, e insiste en que sólo pretende asegurar la independencia energética del país. Ante la desconfianza de las potencias occidentales y las acusaciones de Israel, se abrió un conflicto que pudo haber tenido una salida armada, pero que tras negociaciones muy prolongadas que superaron el sabotaje de israelíes y árabes y de los republicanos estadounidenses, pareció resolverse gracias a la coincidencia de presidentes favorables al diálogo, Barack Obama, en Washington, y Hassán Rouhaní, en Teherán.

Bajo el Plan Conjunto de Acción Comprehensiva de 2015, Irán se comprometió a limitar sus actividades nucleares y aceptar una estricta supervisión extranjera, a cambio del levantamiento de las sanciones comerciales que estrangulaban su economía.

Trump hizo campaña denostando a Obama por ese acuerdo y anunciando que sacaría a su país del mismo, aunque eso significara desconocer los compromisos asumidos. Lo cumplió en mayo de 2018. Gran Bretaña, Francia y Alemania, cosignantes del documento, le pidieron a Irán que mantuviera el cumplimiento de su parte (que ha sido certificado como “completo” por los inspectores) mientras ellos creaban un sistema (llamado Instex) para que las empresas pudieran mantener sus relaciones comerciales sin sufrir las sanciones estadunidenses.

Tras un año de promesas (en que muchas compañías ya han salido del país y la economía iraní está en crisis por causa del bloqueo: se encogió 3.9% el año pasado y se espera que caiga otro 6% en 2019; la moneda perdió el 60% de su valor frente al dólar y la inflación oscila en tasas de 40% anual), Instex no tiene fecha para empezar a funcionar y Teherán está perdiendo la paciencia.

Para presionar a los europeos, el jueves anunció que dejará de cumplir algunas de sus obligaciones establecidas en el pacto al ignorar el techo límite bajo el que debe mantener sus reservas de uranio enriquecido y agua pesada. El presidente Rouhaní aclaró, sin embargo, que no abandona el acuerdo, y añadió que esperaría 60 días para ver si Berlín, Londres y París materializan sus promesas, antes de iniciar el proceso.

“Rechazamos cualquier ultimátum”, respondieron los europeos, advirtiendo que Irán será responsable si el Plan Conjunto se desmorona.

Capitulación

Su posición dura pareció poca cosa, no obstante, en comparación con la de la administración Trump, frente a la cual no han encontrado una respuesta más allá de decir que no la comparten. El martes 14, España anunció que su fragata “Méndez Núñez”, que hacía ejercicios con el portaaviones USS Lincoln, abandonaría su grupo de combate y lo esperaría en el Océano Índico, suponiendo que retomará su ruta rumbo al Pacífico.

Prudencia, pidió Federica Mogherini, jefa de la diplomacia de la Unión Europea. “Le hemos dicho a Mike Pompeo (secretario de Defensa de EU y otro de los “halcones” del gabinete) que vivimos un momento crucial y delicado en el que la actitud más responsable es una de máxima moderación”.

A falta de ideas, sin embargo, Bruselas sólo propone diálogo: “Siempre es mejor hablar que no hacerlo”, ilustró Mogherini, “especialmente cuando surgen las tensiones”.

Mientras tanto, el precio del petróleo empezó a subir en los mercados: el 35% del comercio mundial pasa por el estrecho de Ormuz, la entrada del Golfo Pérsico. Un conflicto armado interrumpirá el flujo.

Para cambiar su actitud, Washington exige que Teherán acepte restricciones mucho mayores a su programa nuclear, así como que cese su intervención en los conflictos regionales que, a partir de la invasión estadounidense a Irak en 2003, le ha permitido extender su influencia por la llamada “media luna chií”, que corre hasta el Mar Mediterráneo a través de ese país, Siria y Líbano.

Es decir, Trump demanda la capitulación de una República Islámica que, desde el inicio mismo de la revolución que este año celebró su 40 aniversario, ha hecho de su desafío a Estados Unidos un principio vital.

El grupo de ataque del portaaviones de clase Nimitz USS Abraham Lincoln  se despliega en el Golfo Pérsico para contrarrestar una amenaza supuesta pero aún no especificada de Irán.

 

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