“La daga en el corazón”: asesinato en el cine porno

"La daga en el corazón" llega a las salas mexicanas. Foto: Especial "La daga en el corazón" llega a las salas mexicanas. Foto: Especial

MONTERREY, N.L. (apro).- La daga en el corazón (Un Couteau dans le Coeur, 2018) es tan truculenta como su título. Pero dentro de todo el efectismo que puede suponer una referencia tan violenta y directa, la propuesta del realizador Yann González contiene un atractivo hipnótico inusual. Dentro del caos de estilo e imágenes bizarras, sabe perfectamente cuáles son los escalofríos que quiere provocar.

Ya no se hacen cintas como esta. El sicodrama queer, empaquetado en un thriller slash del subgénero giallo, contiene mucho humor, voluntario e involuntario, además de sangre y muerte.

El realizador se encuentra muy a gusto en la moda retro. Ubicado en París, regresa cuarenta años en el tiempo y se introduce en la industria del cine porno en la primavera de 1979. La música disco arrasa por el mundo y los cines son mazmorras donde proliferan encuentros íntimos casuales.

En la capital mundial de la moda el erotismo ocupa un espacio preferencial. Anne (Vanessa Paradis), una intensa productora de cine gay de categoría ínfima, acaba de terminar una larga relación con quien es su editora de cabecera, Lois (Kate Moran). La relación tormentosa se prolonga dentro del estudio de filmación pues ya no pueden ser amantes, aunque están obligadas a trabajar juntas.

En medio de esa implosión pasional, comienzan a surgir extrañas muertes entre los protagonistas de las películas que hacen. Los bellos jovencitos son víctimas de un sádico asesino que los aniquila con ataques brutales. Entre los actores del troupe homo aparece el mexicano Noé Hernández, en una inusual y asombrosa interpretación en la que habla francés con buena entonación.

Como coguionista, González se desliza, frenético y gozoso, en una atmósfera surrealista parecida a una pesadilla que se sufre en medio de una pista iluminada con una esfera de espejitos fractales, en la que los cuerpos copulan y son mutilados.

Los crímenes misteriosos son ocasión para que Anne, atraída por el insano deleite de la sangre, hurgue en la vida de las víctimas y encuentre revelaciones que son cada vez más peligrosas aunque, al mismo tiempo, irresistibles para su personalidad adictiva y tendiente a la autodestrucción.

El juego de absurdos es completo, y fluyen como un placer culpable. Los personajes entran y salen de la historia y coinciden por azares inexplicables. Pero no importa. Es más relevante aún, el espectáculo de luces chillantes, la sordidez de los sótanos donde se liberan los complejos y afloran los instintos, la perturbación en la que viven esos seres marginales que exhiben sus cuerpos para ser filmados y exhibidos ante rebaños de depravados, a cambio de algunas monedas.

La daga en el corazón sigue con precisión las coordenadas que trazaron, hace décadas, los grandes maestros Lucio Fulci y Mario Bava. Tiene intriga, sexo, tortura y excesos, en un universo surrealista, que es como una gran carpa donde desfilan solo bajas pasiones.

Definitivamente no es para todos los públicos, aunque sí resultará deliciosa para los paladares exquisitos que sepan apreciarla.

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