Impiden rapiña y burocracia identificación y entrega de cuerpos de jet accidentado en ruta Las Vegas-Monterrey

Restos del avión Challenger desplomado en Coahuila. Foto: Xinhua Restos del avión Challenger desplomado en Coahuila. Foto: Xinhua

Monterrey, N.L., (proceso.com.mx).- Para la familia Sepúlveda González, han sido un martirio los días que han transcurrido desde que se estrelló en Coahuila el avión procedente de Las Vegas, en el que viajaban el hijo mayor, Manuel Alejandro y otras 12 personas, pues no les han entregado el cadáver, debido a que la rapiña de la joyería que portaba dificultó la identificación, además de que los trámites para cotejar ADN pueden demorar hasta 50 días.

Manuel Alejandro Sepúlveda González, de 25 años, es una de las personas que perdieron la vida el domingo 5 de mayo, cuando el jet Bombardier Challenger en el que viajaban desde la ciudad norteamericana, con destino a Monterrey, se desplomó en el Ejido Filipinas, municipio de Ocampo, por causas aún no precisadas.

En entrevista, Manuel Sepúlveda Cruz, padre del fallecido, señala que al momento del percance su hijo llevaba en la muñeca una esclava de oro, con un seguro reforzado para evitar que se le desprendiera mientras jugaba basketbol, deporte que practicaba con frecuencia.

De igual manera, precisa que su hijo, quien fuera ingeniero Industrial y de Sistemas, egresado de la Universidad de Monterrey (UDEM), llevaba una cadena con un dije, también de oro, en forma de la estrella de David, que desaparecieron.

Considera que, pese al fuerte impacto de la nave con el suelo, las joyas deberían haber quedado con el cuerpo. Sin embargo, cuando fue a reclamar los restos, a la ciudad de Monclova, donde fueron trasladados, le explicaron que no estaban. Lo que sí le entregaron y ayudó a la identificación, fueron prendas como la hebilla de su cinto, un perfume que resultó intacto, y un teléfono celular con una carcasa especial para adaptarle una batería extra.

Esos elementos encontrados en la escena del avionazo fueron suficientes para aceptar, de manera inicial, que su hijo estaba entre los pasajeros, y que había fallecido.

Pero de los metales preciosos, no se ha encontrado nada.

“El jueves 9 en la mañana, en Monclova, reconocí varias prendas de mi hijo, pero faltaba todo lo de joyería. La identificación hubiera sido más rápida si hubieran respetado eso las personas que llegaron primero al accidente, no sé quién, si el Ejército o los lugareños. Voy a presentar una querella en Coahuila porque si las personas hubieran tenido sus pertenencias los hubieran identificado muy rápido”, señala.

Aunque no sospecha de nadie, recuerda que luego del accidente del avión  matrícula N601VH, color blanco, un grupo de personas se aproximaron a los restos del avión, como se observó en un video que, dice, apareció brevemente en redes sociales y que ya no está.

En la misma situación se encuentran los familiares de Jade Paola Reyes Luna, otra de las víctimas. Ella era novia de Manuel Alejandro desde hace unos dos años y tenían planes para casarse, dice. El joven había externado su intención de regalarle pronto el anillo de compromiso.

Ella pereció con todos los integrantes de su familia: sus hermanos Frida Alejandra y Guillermo Octavio y sus padres Luis Octavio Reyes Domínguez y Loyda Liliana Luna Larrosa.

Los rescatistas encontraron el cuerpo de Jade sin unas pulseras que portaba en la muñeca, de manera permanente. Ahora los médicos forenses se enfrentan con un gran problema de identificación, pues en el avión iba de pasajera al lado de Frida Alejandra.

Cuando el avión colisionó, los cuerpos casi se desintegraron. Por eso, las identificaciones se han realizado, mayormente, a través de la verificación de muestras de ADN. Sin embargo, como las hermanas tienen la misma información genética, no saben, aún cuál es la que ocupaba cada asiento.

“Si Jade, la novia de mi hijo, hubiera conservado las pulseras que traía, la hubieran distinguido muy fácil, pero es fecha que no saben quién es, porque ella y su hermana iban sentadas juntas y, por muestras de ADN no saben cuál es cuál, porque las pruebas dan exactamente igual para las dos”, dice.

En la colisión pereció, también: Mónica Leticia Salinas Treviño, novia de Guillermo Octavio.

Murieron tres integrantes de otra familia: los esposos Amaury Vela Ramón y Martha Isabel García Lagunes, así como su hijo Gary Amaury Vela García. Les sobrevive una hija del matrimonio, de 19 años, que no hizo el viaje y que se encuentra devastada por la pérdida.

Perdieron la vida los pilotos Juan José Aguilar y Luis Ovidio González flores, así como la sobrecargo Adriana Monserrat Mejía Sánchez.

El viaje a Las Vegas fue a ver la pelea de Saúl Canelo Álvarez. El avión emprendoió el regreso al día siguiente de la función de box.

Identificaciones lentas

Sepúlveda Cruz explica que la identificación de los cuerpos ha sido muy lenta pues, de acuerdo a las leyes de Coahuila, primero deben proceder a identificar los cadáveres con indagatorias y periciales, y luego proceder con la revisión de las muestras de sangre, para que sean cotejadas con las de los familiares.

Hasta ahora, dice, no les han dejado ver los cuerpos que, señala, fueron trasladados de una morgue de Monclova, donde estuvieron inicialmente, a otra de Saltillo, donde prosigue la investigación.

De acuerdo a la información que le han proporcionado, hasta ahora han identificado a Luis Octavio, por una placa de metal que le habían implantado en el brazo por una antigua lesión, y su esposa Loyda Liliana, por una intervención quirúrgica en la mandíbula.

Los especialistas forenses también ya determinaron, de entre los cadáveres, cuál es el de la sobrecargo Adriana Monserrat por otra operación específica.

Todavía no se determina la filiación de los otros nueve.

Las familia ha tenido que sufrir interminables trabas burocráticas para buscar que los cadáveres les sean entregados. A él, un abogado le dijo que las muestras genéticas analizadas en Nuevo León, pueden dar información en un lapso de unas 48 horas.

Sin embargo, la Fiscalía de Coahuila les explicó que la identificación demorará entre 30 y 50 días, lapso el que les darán los restos.

El padre del joven fallecido relata que estaba con su esposa cuando los integrantes de la Fiscalía coahuilense les comunicaron los plazos. Ella se desvaneció y entró en una crisis, pues lo que más desea es disponer del cadáver de su hijo para enterrarlo.

Los familiares de los otros fallecidos han pasado por problemas similares. Los Reyes Lula son de Yucatán y los Vela García, de Campeche, por lo que su comunicación ha sido a distancia con las autoridades del estado vecino.

Hasta ahora no se han establecido las causas del accidente. Las teorías que conoce son algunas que se han ventilado en los medios. Por un lado se menciona que el avión se desplomó en picada cuando los pilotos quisieron pasar por encima de una tormenta, aunque también se menciona que el jet se cayó porque pasaron por en medio de ella, dice Sepúlveda.

No descarta otra, que indica que el avión de 19 plazas se despresurizó repentinamente, lo que ocasionó que escaseara el oxígeno y que todos los ocupantes de la aeronave se desmayaran simultáneamente. Eso explicaría la pérdida de control de los pilotos que, inconscientes, dejaron que la nave se precipitara en caída libre.

Sin indemnización

Sepúlveda Cruz es contador de profesión y tiene un despacho en Monterrey. Planea demandar a la compañía de aviación que proporcionó el avión fatídico en el que viajaron estas personas de Las Vegas con destino a  Monterrey. Aclara que no quiere lucrar con la muerte de su hijo.

Los abogados ya le explicaron que, por lo pronto, nadie puede ir a la cárcel, pues los responsables del accidente son los pilotos y ya están muertos.

Si acaso, hay posibilidad de presentar una demanda civil contra la arrendadora del taxi aéreo. Existe la sospecha de que el jet no recibió el mantenimiento adecuado. En ese caso, señala, sí puede fincarse, incluso, responsabilidad penal, por negligencia.

Sin embargo, dice que no sabe aún a qué empresa va a acusar, pues la propietaria no es la misma que prestó el servicio.

Explica que el dueño de la aeronave es una compañía establecida en Utah, Estados Unidos TVPX Aircraft Solutions, pero que se la prestó a otra, de nombre Pegaso, de México.

El problema es que no sabe a quién reclamarle, pues cada una dice que es la otra la responsable. Además, dicen que los seguros cubren únicamente a las dos familias que contrataron el avión, no a los allegados, como son los novios invitados.

Dice que a esas firmas lo que les duele es que les peguen en el bolsillo y por ahí presentaría la demanda, para ver de qué manera puede hacer que para evitar en el futuro otros desembolsos, se hagan más responsables de sus vuelos.

Pero, además, le gustaría que su demanda, si prospera, permita que se regule el uso de aeronaves rentadas en México que, según le han explicado, circulan por los aires sin controles rigurosos.

“Más que buscar el beneficio económico, me gustaría dejar un precedente para que las leyes pudieran modificarse y que se hicieran más estrictas, porque aparentemente, eso de prestarse aviones es una práctica muy común en las compañías aéreas de charters”.

“La compañía dueña, que está en Utah TVPX prestó el avión y la tripulación a Pegaso, en México. Cuando nos dice eso el representante legal de Pegaso nos explica que hay un contrato de comodato, que es un préstamo. Entonces no entiendo cómo es que una empresa le preste todo, incluyendo los gastos y el que cobra es otro. Probablemente es una práctica para evadir impuestos, pero no lo sé. El caso es que la culpa queda volando”, dice.

Señala que, desde su lógica, las autoridades deberían responsabilizar a la compañía estadounidense, propietaria del avión y a partir de ahí, deslindar las responsabilidades subsecuentes.

Hasta ahora, Pegaso únicamente ha ofrecido pagarle a él gastos de transporte para que cumpla con los compromisos administrativos entre Nuevo León y Coahuila. Pero de indemnización no se quiere responsabilizar.

Se ha enterado que la misma empresa que rentó el vuelo es la que prestó el servicio a la cantante Jenny Rivera, que murió cuando el jet en el que viajaba se estrelló en el municipio de Iturbide, Nuevo León, el 9 de diciembre del 2012. Dice que no sabe si hubo sanciones por este percance.

“Lo que sí se es que esas empresas tienen fama de no darle mantenimiento correcto a los aviones. Si se llega a demostrar falta de mantenimiento, sí hay delito que perseguir, pero si fue accidente, pues ya qué podemos hacer. Lo que yo quiero es que les duela a los de la compañía”, señala.

Cuando están por cumplirse dos semanas de la tragedia, Manuel anhela que le entreguen el cuerpo de Alejandro, su hijo mayor. Sus otras dos hijas, de 22 y 17 años, así como su esposa, han atravesado un infierno, pues no pueden dormir y requieren ayuda especializada para reencausar sus vidas.

“Mientras no tengamos un cuerpo al que debemos darle cristiana sepultura, la herida sigue abierta y no puede cerrar y no puede empezar ese proceso de duelo. Lo que a una persona normal le toma dos o tres días aceptar que se murió un ser querido, a nosotros nos ha pasado en 12 días hasta hoy. Y no tenemos información de cuando podemos tenerlo”, lamenta.

Finalmente, el padre de Alejandro agradece a la Fiscalía General de Nuevo León, que los respaldó en el momento crítico, al enviar a Coahuila a un equipo de atención a víctimas, con abogados, sicólogos y trabajadores sociales que le ayudaron a su esposa y a sus hijas, así como a otros familiares, para tranquilizarlos durante la crisis emocional que les provocó la confirmación de los decesos.

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