Huawei, en el centro de la guerra comercial

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El auge tecnológico chino empuja hacia una inevitable guerra comercial con Estados Unidos. Lo dijo este martes 21 Ren Zhengfei, fundador y patriarca de Huawei, la compañía que está recibiendo las bofetadas de Washington. En tiempos difíciles se necesita que los líderes insuflen moral a las tropas y Ren, a sus 74 años, ha superado su inveterada aversión a los focos para encadenar su segunda entrevista en tres días. El magnate ha visto en los últimos meses como Washington pone en peligro la compañía que ha levantado durante tres décadas y ordenaba a Canadá la detención de su hija y heredera, Meng Wanzhou.

Ren ha subrayado la evidencia de que tras la escalada arancelaria con la que Washington pretende enjuagar su elefantiásico desequilibrio en la balanza comercial late la pugna por la primacía global. “Lo hemos sacrificado todo, a nosotros y a nuestras familias, para conseguir un objetivo, para estar en la cima del mundo. Y para alcanzarla, antes o después, habría un conflicto con Estados Unidos”, afirmó en la televisión pública china.

Donald Trump, presidente estadunidense, se agarró la semana pasada a una presunta emergencia de seguridad nacional para dictar una resolución que empujaba a Huawei a la lista negra. Las compañías estadunidenses no pueden venderle su tecnología sin el expreso permiso gubernamental. Google retiró su sistema Android de los teléfonos Huawei, dejando a sus millones de usuarios en la incertidumbre sobre su acceso a algunas de las aplicaciones más célebres y las actualizaciones del sistema operativo. Fabricantes de chips y semiconductores como Intel, Qualcomm, Xilinx y Broadcom comunicaron que no continuarán con uno de sus mayores y más fieles clientes. Huawei destina cada año 11 mil millones de dólares a la compra de componentes estadunidenses, según el diario japonés Nikkei Business Daily.

Ren desdramatizó el cuadro e incluso despreció la posterior moratoria de 90 días concedida por Estados Unidos. La tecnológica china, aseguró, había previsto el escenario y ha trabajado durante años en la autosuficiencia. Los expertos debaten estos días sobre el impacto del último embate de Donald Trump, presidente estadounidense. “Para Huawei esto va a suponer un gran desafío, ignoro si tienen ya la capacidad para responder a él. Es evidente que va aumentando la gravedad de las medidas en la guerra tecnológica y en el futuro podemos asistir a episodios tanto o más dramáticos”, señala por teléfono Xulio Ríos, director del Observatorio de Política China.

No ha sido la primera normativa estadounidense que persigue a la tecnológica china. Huawei demandó el pasado 7 de marzo en un tribunal de Texas al Gobierno después de que este prohibiera a sus agencias oficiales y a sus contratistas adquirir sus productos. Sostienen los abogados de Huawei que son violados al menos tres preceptos constitucionales, incluido el que prohíbe señalar a un individuo o grupo y castigarle sin juicio. También vulnera, añaden, la separación de poderes porque el Ejecutivo se ha arrogado las competencias judiciales.

Existen escasos precedentes de una compañía que haya sufrido un acoso tan brioso de un gobierno extranjero. Incluye regulaciones adhoc, insidias sobre su presunto rol de espía a las órdenes de Beijing y presiones a los gobiernos aliados para que sigan su boicot. En su éxito influye más la sintonía geopolítica que los análisis técnicos: Nueva Zelanda y Australia han apartado a Huawei de sus redes 5G mientras Alemania ha ignorado las directrices de Washington. Países que acumulan el 40 % del PIB mundial han contratado ya a la tecnológica china o parecen poco predispuestas a renunciar al suministrador más avanzado del mercado.

“Todos sabemos lo que está haciendo Estados Unidos. No lo calificaré porque no sería elegante. Los países elegirán en función de sus intereses, no de los intereses de Estados Unidos. Este es un líder en muchas materias pero aquí se está comportando como un perdedor”, denunció en marzo el presidente rotatorio, Guo Ping, durante la presentación del balance anual en Shenzhen.

Huawei se ha visto atrapada en la guerra comercial que enfrenta a Estados Unidos y China porque epitomiza ese tránsito de una economía basada en las manufacturas baratas a otra asentada en la tecnología y la innovación. Ninguna otra compañía refleja el gran salto adelante tecnológico de China. Huawei fue la compañía del mundo que registró más patentes el pasado año, según la Organización Mundial de Propiedad Intelectual. Fueron 5.405, casi el doble de la segunda, la japonesa Mitsubishi. Es la tercera en inversión total en investigación, a la que dedica el 14 % de sus ingresos anuales y el 45 % de sus trabajadores. Contrata a muchos de los mejores ingenieros salidos de las más prestigiosas universidades chinas y ha fichado a algunos analistas de las mayores tecnológicas estadounidenses y europeas. Es el tipo de datos que se suelen pasar por alto cuando se explica el éxito de la compañía.

La compañía de Shenzhen ya ha superado a Apple y este año planea desbancar a Samsung en el trono de la telefonía móvil. La tendencia la favorece: sus ventas han aumentado un 33 % mientras las de Samsung caían un 8 % y las de Apple el 3 %. Sus ingresos aumentaron el pasado año un 19.5 %, hasta alcanzar los 721 mil millones de yuanes (104 millones de dólares). Son números muy apreciables para un ejercicio en el que ya sufrió las presiones estadounidenses. La división de usuarios lidera por primera vez el crecimiento de la compañía con un aumento del 45 %, fundamentado en los 206 millones de teléfonos y el centenar de millones de otros dispositivos vendidos.

Pero la preocupación de Washington radica en la división de redes. Huawei saca varias cabezas a sus competidores occidentales en el diseño e implantación de las redes de 5G, que ha sido comparada con la invención de la electricidad o la imprenta. Hoy apenas podemos intuir sus implicaciones en la economía y la vida cotidiana futura. Abrirá la puerta a la cuarta revolución industrial y al llamado Internet de las cosas que permitirá que cirujanos operen a miles de kilómetros o que circulen  automóviles sin conductor. Los gobiernos eligen a Huawei porque su tecnología no sólo es la más avanzada sino la más barata.

Las acusaciones de Estados Unidos nacen en los vínculos de su fundador y la compañía con Baijing. Ren fue ingeniero en el Ejército de Liberación Popular y hoy tiene el carné del Partido Comunista. Son conocidas las relaciones cercanas de las multinacionales chinas con su gobierno. Tampoco tranquiliza la pulsión controladora y el escaso respeto a los derechos humanos de Beijing. Y especialmente inquietante es la Ley de Inteligencia Nacional aprobada dos años atrás que obliga a organizaciones y ciudadanos a “apoyar, asistir y cooperar con el trabajo de inteligencia del Estado”. Pero la compañía ha prometido que Beijing nunca ha pedido ninguna información y que, si se diera el caso, afrontarían las consecuencias legales porque su prioridad son los usuarios. Ren aclaró recientemente que cerraría la empresa sin dudarlo.

Esos argumentos exigen un auto de fe. Pero existe otro mucho más tranquilizador y difícilmente rebatible: es el pragmatismo. Colocar una sola puerta trasera equivale a un suicidio comercial. El negocio del futuro, con el que China pretende alcanzar la cúspide económica, se derrumbaría sin remedio a los cinco minutos de ser descubierta. A Beijing le conviene cuidar su mascarón de proa y evitarle los peligros.

La compañía repite que pertenece a sus 90 mil accionistas y ninguna organización ni gobierno externo participa en la toma de decisiones. En la denuncia de marzo recordó que fue castigada por Washington sin haber presentado ni una sola prueba del presunto espionaje. También subrayó su flagrante hipocresía porque, en el sentido contrario, sí las había: Los documentos revelados por Edward Snowden, antiguo contratista de la Agencia de Seguridad Nacional, acreditaron que el gobierno estadunidense había atacado los servidores de la compañía para robar comunicaciones internas.

Los embates contra Huawei, la joya de la corona china, empujan al conflicto comercial a un terreno desconocido. No es probable que Beijing conserve durante mucho más tiempo la confuciana paciencia y contención con la que ha asumido los aranceles estadunidenses. Para Scott Kennedy, experto del Centro de Estudios Internacionales Estratégicos, es un potencial punto de inflexión. “Aunque Estados Unidos garantice una dispensa temporal, la prohibición de la venta de equipos a Huawei podrá ser reimpuesta en cualquier momento. Y no hay mucha distancia entre negárselos a Huawei y negárselos a otras compañías chinas. Esto acelerará los esfuerzos chinos por procurarse de tecnología propia. Si tienen éxito, eso dañará a las firmas occidentales. Nada de eso mejorará la seguridad nacional estadunidense”, señala.

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