Académicos de la UNAM plantean necesidad de financiamiento sostenido a grandes proyectos

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El coordinador de investigación científica de la UNAM, William Lee Alardín, planteó la necesidad de que los proyectos de gran calado dispongan de un financiamiento sostenido, pues de lo contrario, advirtió, las “decisiones de planeación se tomarán sin información y eso, probablemente, derivará en disposiciones equivocadas”.

Citó, por ejemplo, el caso del proyecto universitario Cambio global y sustentabilidad en la cuenca del Usumacinta y zona marina de influencia en una región estratégica y de la más alta biodiversidad en México, fundamental por sus servicios ambientales y enorme riqueza natural.

Este sitio, dijo, es el área productora de agua más importante del país, al albergar la tercera parte de la riqueza hídrica nacional.

Lee Alardín resaltó que este proyecto se relaciona con el desarrollo regional, sustentabilidad, aprovechamiento y cuidado de recursos naturales, “problemas transversales que requieren soluciones concretas, multidisciplinarias e interinstitucionales”.

De ahí, subrayó, la importancia de que este tipo de trabajos tengan financiamiento sostenido y suficiente.

Desde su óptica personal, el monitoreo ambiental, oceánico, terrestre y atmosférico debe ser financiado por el gobierno federal a través de instituciones académicas; de ese modo, aclaró, las instancias gubernamentales podrán tomar decisiones adecuadas a nivel federal, estatal y municipal, y de manera coordinada.

Julia Carabias Lillo, coordinadora científica del proyecto emprendido por el Centro del Cambio Global y la Sustentabilidad (CCGS), donde la UNAM es socia, explicó que su objetivo es consolidar capacidades científicas, tecnológicas y de formación de recursos en el sur-sureste, que derivarán en un modelo para ayudar a la gestión territorial sustentable, con énfasis en la mitigación y adaptación al cambio climático.

La también profesora de la Facultad de Ciencias expuso que se trabaja directamente con las comunidades campesinas y en distintas estructuras de organización. “Se modifican sus procesos productivos para avanzar hacia la conservación, y ya se han registrado mejoras en las condiciones de vida de la gente”, dijo.

La experta comentó también que donde se labora “está probado que la gente sale de la línea base de la pobreza”; es el caso, dijo, de mil 200 familias en uno de los tres sitios piloto del proyecto, en la zona sur de la Reserva de la Biósfera Montes Azules, y su área de influencia en Marqués de Comillas.

Con las acciones emprendidas en los otros dos sitios piloto, Cañón del Usumacinta y Centla (laguna de El Cometa y su zona de influencia) también se ha favorecido a 23 comunidades, en el primer caso, y a los pescadores, en el segundo, con la producción de crías de especies nativas.

Carabias Lillo subrayó que la cuenca del Usumacinta es estratégica. Esa región, prosiguió, incluye a la Selva Lacandona, mide siete millones de hectáreas (equivalente al territorio de Panamá); la mitad es territorio mexicano y la otra, guatemalteco.

Ahí, dijo, se registran diferentes climas y tipos de vegetación y se alberga flora y fauna de la mayor riqueza. Poco más de una de cada cinco plantas y más de 20 por ciento de los vertebrados que existen en el país se encuentran ahí, por ejemplo.

Sin embargo, Carabias indicó que también se enfrenta una economía poco desarrollada, marginación, pobreza, migración y deforestación; esta última constituye la mayor presión en la región. Distintos modelos coinciden en que debido al cambio climático habrá zonas de mayor y menor lluvia, y un aumento de las temperaturas; el desafío es reducir la deforestación y la pérdida de especies.

Entre las acciones de mitigación y adaptación al cambio climático con base social, el proyecto ha propuesto el desarrollo e implementación de 12 acciones en los sitios piloto, entre ellas la reforestación para la conservación en el Cañón del Usumacinta, y huertos familiares en la zona sur de la Reserva de la Biósfera Montes Azules.

La científica señaló que, a futuro, se pretende impulsar programas pluridisciplinarios en problemas socioambientales para Mesoamérica y el Caribe, y una prepropuesta de investigación que dé continuidad a la porción guatemalteca de la cuenca.

Rafael Loyola Díaz, director del CCGS, resaltó la presencia de la Universidad Nacional en Tabasco, a través del Centro a su cargo y por invitación del gobierno estatal. Se trata de una nueva manera que tiene la UNAM de articularse con las regiones, mediante la colaboración y asociación con instituciones locales y gobiernos para fortalecer las capacidades en ciencia y tecnología.

El proyecto emblemático es el de la cuenca del Usumacinta, uno de los trabajos más importantes en materia ambiental del país, donde se reúnen 18 instituciones, con colaboración internacional, y donde hasta ahora han participado 343 técnicos, investigadores, estudiantes y becarios.

Mario Rafael Llergo, secretario de Bienestar, Sustentabilidad y Cambio Climático del gobierno de Tabasco, destacó el compromiso de la Universidad Nacional con esa entidad para mejorar sus condiciones e indicadores referentes a ciencia, tecnología e innovación, pero también con el resto de los estados del sureste.

Raúl Guzmán León, secretario de Investigación, Posgrado y Vinculación de la UJAT, destacó la relevancia de trabajar de la mano con la UNAM en este proyecto, y con el apoyo del Fondo Institucional de Fomento Regional para el Desarrollo Científico, Tecnológico y de Innovación del Conacyt.

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