La Fonoteca Nacional, una memoria abierta

Pável Granados, director de la Fonoteca Nacional. Foto: Eduardo Miranda Pável Granados, director de la Fonoteca Nacional. Foto: Eduardo Miranda

Cómo se obtiene, cómo se resguarda, cómo se restaura en su caso, cómo se clasifica, cómo se estudia y se disfruta el acervo sonoro de la Fonoteca Nacional, es una tarea inacabable que explica su director Pável Granados, y que la hacen singular en toda Iberoamérica. En sus bóvedas (un piso dedicado al que fuera crítico musical fundador de Proceso, José Antonio Alcaraz), se resguardan alrededor de 600 mil registros, entre ellos múltiples joyas (horas de entrevistas con Agustín Lara, por ejemplo). La meta es alcanzar un circuito de la memoria y la identidad para regresar a la comunidad.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Fundada el 10 de diciembre de 2008, la Fonoteca Nacional (FN), a través de sus 215 colecciones y 600 mil registros en bóvedas que el público puede consultar, es mucho más que una mansión de sorpresas musicales.

Rodeada de jardines sonoros y arboledas, en un espacio privilegiado de 6 351 metros cuadrados del barrio coyoacanense Santa Catarina, esta antigua Casa Alvarado donde murió el poeta Octavio Paz hace poco más de una década, salvaguarda los recuerdos auditivos de nuestro país a lo largo de más de cien años de grabaciones.

Con ello representa un archivo único en Iberoamérica, a decir de su director Pável Granados, musicólogo de oído prodigioso nacido el 9 de septiembre de 1975 en la Ciudad de México:

“Es una memoria que yo insisto no sea de música únicamente, porque la gente considera que venir a la Fonoteca Nacional es para hablar de música u oírla gratuitamente y nada más. Pero resulta que en cualquier rubro del conocimiento que te especialices, aquí hallarás a tu disposición la cultura de México de viva voz con nuestros pensadores, intelectuales e incluso de los artistas, pues existen horas y horas con entrevistas a Agustín Lara, digamos.

“La Cámara de Diputados tuvo acercamiento con nosotros, porque ellos están haciendo la Ley de la Memoria Oral; pero la cercanía ha sido más con instituciones, sobre todo las que tengan acervo. Hay convenios con Culturas Populares, el acervo del Fonca que contiene lo que entregan en soporte sonoro de poetas o músicos que solicitan beca, el Festival Internacional Cervantino, Bellas Artes… Tenemos 400 caséts de Elena Poniatowska, los estamos catalogando y hay que digitalizarlos. Cordialmente invito al público a ver nuestro sitio internet https://www.fonotecanacional.gob.mx o visitarnos.”

Homenaje a Carlos Pellicer

En su pulcra oficina de la FN (o “la fonoteca” como él la nombra), Pável Granados se halla en su elemento.

El autor de Apague la luz… y escuche (1999); XEW, 70 años en el aire (2000) y la biografía de El flaco de oro (con Guadalupe Loaeza): Mi novia la tristeza, es descrito así por el vate Luis Pérez Sabido, compilador del Diccionario de la canción popular de Yucatán:

“Reconocido investigador, ensayista, promotor y un conversador exquisito, Pável fue becario del Centro Mexicano de Escritores; el Fondo de Cultura Económica publicó su libro histórico de la poesía mexicana El ocaso del Porfiriato, y la UNAM su antología general de Rubén Bonifaz Nuño. En 2010 fue Premio Pagés Llergo de Comunicación y venía trabajando desde 2011 en la Fonoteca Nacional como coordinador del Catálogo de Música Popular Mexicana, siendo curador del recién inaugurado Palacio de la Música en Mérida, amén de asesor de la Fonoteca ‘Adda Navarrete’ del Centro de Investigaciones Artísticas de la ESAY en Yucatán.”

El hermoso jardín de la FN posee cipreses y plantas como procuró su antigua dueña, la antropóloga Zelia Nuttall Parrot; Octavio Paz vivió allí cuando su departamento de la colonia Juárez se incendió hacia 1996. Uno de los tesoros son los discos que grababa el escritor de literatura fantástica Francisco Tario, donde en uno de ellos escuchamos:

–A ver, pase usted por aquí… ¿Cómo se llama usted?

–Octavio.

–¿Octavio qué?

–Paz… Poco bélico. Poquito…

–¿Y usted qué sabe hacer?

–Yo nada absolutamente porque soy poeta.

Para el libro Fonoteca Nacional. 10 años preservando la memoria sonora de México para el futuro (Secretaría de Cultura, 2018. 90 páginas), Pável Granados firmó dos textos: “Donde menos lo espere… Las joyas de la Fonoteca Nacional” y “Entrevista a Lidia Camacho, directora general 2008-2009 y 2013 a 2017”. Su aguda voz fluye musical:

“Gracias a su sobrino, el pintor Carlos Pellicer, nos llegaron once horas fabulosas con entrevistas de ese gran tabasqueño que era Carlos Pellicer Cámara, vamos a hacer bellos homenajes a este nuestro Poeta de América pronto. Así descubrimos grabaciones increíbles al punto que no te das abasto.”

Junio me dio la voz, la silenciosa música de callar un sentimiento…

Desgrana tesoros de los estantes en la FN, como un soneto leído por el doctor Enrique González Martínez; la primera grabación del Himno Nacional Mexicano; un disco con la Sinfonía HP, de Carlos Chávez, por la Orquesta Sinfónica de México, dirigida por Silvestre Revueltas; la radionovela El derecho de nacer; su disco de 78 RPM de “la descubridora en 1929 de Agustín Lara”, Maruca Pérez cantando “Canalla” y “Flor de fango”; la voz de David Alfaro Siqueiros; la primera grabación de “Bésame mucho”…

“Lo más antiguo, luego de que les enseñé aquella foto de Juan de Dios Peza que me regalaron hoy, es justo un poema suyo grabado en 1907; él murió en 1910 pero la RCA Victor lo contrató para leer sus poemas”.

–¿Y no pudo salir en su momento?

–Tuvo en su momento una calidad, si tú quieres, radiofónica. Pero, por otro lado, yo considero que el acervo fonográfico, o sea, el patrimonio documental sonoro de México, es el más vulnerable. Porque las cintas se llenan de hongo, se desmagnetizan, les da síndrome de vinagre, hidrólisis, se enferman. Los discos se rompen, se pandean, se rayan; los caséts se van borrando, constantemente vives con la angustia de que aquello se va a perder.

“Por ello pienso en estos soportes sonoros como los sobrevivientes del gran Diluvio Universal. Nos los ofrecen, llegan y hay que cuidarlos si deseamos sean preservados más tiempo, que sea un patrimonio ya para siempre, ¿no? Porque hay que digitalizarlos… Están físicamente, pero por su condición de soportes sonoros, ya padecen cierta vulnerabilidad y ahora debemos migrarlos a las nuevas tecnologías, hacer copias.”

Salvaguardia relativamente barata, apunta. Pero urgente.

“La Fonoteca tiene cuatro colecciones catalogadas del Programa Memoria del Mundo que son las de Baruj Beno Lieberman, Raúl Hellmer, Thomas Stanford, y la de Henrietta Yurchenko, quien hizo las primeras grabaciones de música indígena de campo en Chiapas de los años 40. Además, otras también Memoria del Mundo por la UNESCO; no son nuestras pero las tenemos en resguardo, como la que acaban de nombrar de Alaíde Foppa, por la UNAM. De ella tenemos aquí una copia que se puede consultar, y las ocho mil cintas de música compuesta para cine desde 1958 para acá, gracias a un convenio con Imcine, la Cineteca y Estudios Churubusco, en resguardo.

“La Fonoteca es la única en México con capacidad de poner su acervo a disposición de la gente. ¡Si quieres escuchar los tres mil capítulos de Chucho El Roto, pues te los digitalizo todos y los escuchas! Lo que me llamó la atención es que casi no tenemos de Jaime Torres Bodet y yo creía que sí.”

El tiempo asesino

Hay documentos sonoros que no podrían sobrevivir mañana. Paradójicamente:

“Resulta que lo que tenemos más antiguo es lo que está más firme, es decir, nuestros cilindros de 1900, o nuestros discos de 78 RPM o LPs de 33 revoluciones, como quiera que sea aquí están. Pero lo digital y lo nuevo es curiosamente lo que se vuelve obsoleto más rápido.”

–En Suiza, de hecho, ya no existen los CD ni hay tiendas de DVD.

–Y hay acervos radiofónicos que se decidió grabar en CD y hoy es un problema tener que migrarlos al sistema de almacenamiento masivo. Sin ir más lejos: el DAT (primer formato comercial de cinta de audio digital) es lo más difícil de migrar, porque se hicieron muy pocos aparatos de DAT y hoy conseguirlos es imposible. Los USB también son muy frágiles, se borran.

Lo peor ha sido la falta de conciencia del patrimonio sonoro.

“Es dramático que la conciencia sonora de que lo grabado tiene que guardarse para su preservación, sea bastante nueva. Casi te puedo decir que es una conciencia que no existió en el siglo XX. Las primeras acciones ya de salvaguardia firmadas por instituciones internacionales de archivos sonoros son de 2003. La Fonoteca se comenzó a planear en el papel hace 15 años.

“Entonces, sí hay instituciones que se acercan por darse cuenta de que lo que poseen es un patrimonio histórico, cultural. Aquí por ejemplo ya trabajamos para continuar la digitalización de Radio Educación. Una cosa muy importante que yo les he dicho a mis compañeros es dejar los prejuicios y aprender a escuchar; porque cuando vemos una colección queremos diagnosticarla sin antes escucharla a fondo. Así nos pasó con el archivo del Bachiller Álvaro Gálvez y Fuentes, donde descubrimos la voz de Xavier Villaurrutia leyendo ‘Nocturno rosa’. Son los únicos 40 segundos que perviven de él. ¡Eso de verdad es un regalo y no sabíamos que existía!”

Es la rosa moldura del oído, la rosa oreja, la espiral del ruido…

–¿De dónde proviene su amor a la música y su afán por la preservación sonora? –se pregunta a Pável Granados quien no abandona sus sonrisas.

–Yo soy un fanático enfermizo de los discos de 78. De chico iba al mercado de La Lagunilla para buscar y comprarlos, es como un ritual obsesivo compulsivo, tener lo que nadie tiene, llevarlo a tu casa y escucharlo solito, tres minutos de regalo invaluable para ti desde otra época.

“Los Granados Chaparro somos una familia de melómanos de la Ciudad de México, mis abuelos vivieron en San Pedro de los Pinos, mientras mi papá y yo luchamos en una brecha generacional porque él ponía en el tocadiscos a Frank Zappa y yo a Agustín Lara. Nos peleábamos por el estéreo y yo a los diez años descubrí los discos elepés de 33 revoluciones, recuerdo que escuché hasta que lo rayé el de Canciones de Violeta Parra. Me lo sabía de memoria.”

–¿Cuál es su proyecto y retos al frente de la Fonoteca?

–Muchos… Cuando llegué encontré a la Fonoteca muy bien porque cuenta con un equipo de trabajo excelente, son personas que yo ya había tratado cuando era investigador, varias estudiaron periodismo, letras, composición, música; y que se fueron acercando a la Fonoteca especializándose en este cariño a nuestro acervo, a los discos y a las cintas.

“Es la única Fonoteca Nacional de América Latina y de Iberoamérica. Somos los que hemos andado más camino en la preservación de los documentos sonoros. En Iberoamérica este camino lo andan acervos y pequeñas instituciones, pero no a niveles nacionales. De tal modo que ahora tenemos esta responsabilidad de brindar las pautas para compartir a otros países de nuestra América cómo se hace este trabajo.”

La meta es que la FN sea un circuito, recibir colecciones de acervos que son la memoria y la identidad de una comunidad, ya sea de pueblos indígenas o instituciones y personas; estudiar esa memoria, catalogarla, digitalizarla y garantizar que va a preservarse para otras generaciones “porque finalmente todo lo que nos dan deberá ser devuelto a aquellas comunidades”.

Carrera contra-reloj

En recorrido posterior por el edificio de 600 metros cuadrados de las bóvedas (un piso dedicado al que fuera crítico musical fundador de Proceso, José Antonio Alcaraz), donde se resguardan alrededor de 600 mil registros, con el encargado de medios Kevin Aragón, y Mariela Salazar Hernández, directora de Conservación y Documentación Sonora, ella muestra los tipos y dicta las cifras del enorme inventario.

Son: 21 cilindros; 108 minidiscos; 276 rollos de pianola; 453 ADAT; 10 606 DAT; 10 979 Audio digital; 25 471 caséts; 35 273 CDs; 189 548 discos analógicos, y 284 510 cintas de carrete abierto.

“Nosotros estamos haciendo cada semana un podcast, o sea que realizamos unas sesiones de escucha además de ofrecer conciertos en la sala R. Murray Schafer (Hacia una educación sonora) que es nuestro auditorio para cien personas. Efectuamos conferencias y talleres, el año pasado vino Marilú La muñequita que canta a festejar sus 80 años en el arte vocal.”

Pável Granados comenta que Carlos Monisváis cedió su colección con más de 7 000 discos y caséts de jazz, góspel y música popular, “es como si hubiésemos conservado la biblioteca de Sor Juana para saber qué leía, y en su caso qué escuchaba Monsiváis, toda proporción guardada”. Se halla en pláticas para digitalizar el acervo de Radio UNAM, pues requiere de un plan minucioso de salvaguardia.

“Nos llega mucho de Culturas Populares. Hace unos días trajeron unos discos marca Tasco, de 78 RPM, que se hacían en la frontera norte, no los teníamos, se ingresaron y ya se digitalizan. Hablando en números duros, la UNAM nos da diez años para digitalizar lo que sea necesario, pues nos ha dicho que si no lo hacemos en una década ya vamos a tener sólo objetos museísticos sin que haya garantía de allí seguiría la información. Tenemos una carrera contra el tiempo y vamos como en la recta final.”

Recalca: La FN encarna una memoria que trasciende lo musical.

“De los testimonios zapatistas son más de 150 grabados en los años 70 a los zapatistas originales para la serie de programas Bajo el signo de Zapata. Y los pódcasts de archivos multimedia por radio Hernán Cortés en la voz de los historiadores: Salvador Novo, Edmundo O’Gorman, Rubén Bonifaz Nuño y José Luis Martínez, de varias colecciones, del IMER o la UNAM; y las conferencias de los años 60 y 70 con Margo Glantz, Miguel León-Portilla, Salvador Novo en el Museo de la Ciudad de México, sobre la historia de la capital.

“Fíjate que tenemos la del Instituto de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. Llegué de casualidad y hallé la voz de Isidro Fabela; yo investigaba cosas del petróleo y encontré la de Xavier Icaza, novelista del estridentismo, que hizo la novela Panchito Chapopote, sobre la expropiación petrolera. Aquí tenemos una entrevista con Leopoldo Zea en los momentos en que investigaba el positivismo, de los años cincuenta. O cientos de programas de Ricardo Guerra en Radio UNAM sobre existencialismo. Si de medicina se trata, acabamos de firmar convenio para salvaguardar las cintas de El Colegio Nacional, pronto estarán aquí las conferencias de Ignacio Chávez en torno a la historia de la cardiología en México.”

Y todavía más tesoros y joyas: Los entremeses de Cervantes, por Julio Ruelas y Fernando Wagner, en Guanajuato; media hora de conversación con Alfonso Reyes en la Capilla Alfonsina; de las casi 80 lenguas indígenas de México 56 están documentadas en la FN, “un gran patrimonio”. Hace poco se presentaron “las increíbles Hermanas García de Metepec”, con motivo de la exposición actual de Álvaro Carrillo en la Sala René Villanueva de la FN (con algunos de sus objetos, fotos y manuscritos, por primera vez en medio siglo se muestran desde que el cantautor oaxaqueño murió).

Concluye Pável Granados:

“Estamos recopilando no nada más discos, sino igualmente documentos, partituras, fotografías, revistas, catálogos discográficos desde los años veinte, son materiales de respaldo que nos obsequian para poder analizar nuestras colecciones. Y podremos reír también, porque tenemos la voz de Miguel Alemán que yo no había oído y me di cuenta de que Cantinflas cuando hablaba en sus películas como político, imitaba su manera de hablar.”

Este texto se publicó el 19 de mayo de 2019 en la edición 2220 de la revista Proceso

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