“Mi hijo era un buen niño, no le hacía daño a nadie”, clama la madre de menor asesinado en Manzanillo

MANZANILLO, Col. (apro).- “Esto ya se salió de la moda, esto ya está fuera de control; todos los ciudadanos, todas las personas que hemos perdido a un familiar en un hecho de violencia pediríamos lo mismo: ‘¡no más!’, ‘¡ya basta!’ Queremos un alto total a todo esto, eso pediríamos todos los ciudadanos dolidos y no dolidos”, clamó Julieta Garibay después del sepelio de su sobrino Germán Mauricio, el adolescente de 15 años asesinado la noche del domingo 26 durante un asalto a una tienda de conveniencia Kiosko.

La mujer refirió que su familia no había vivido de cerca los efectos de la violencia, pues antes habían sido amigos o conocidos quienes habían sufrido esta situación, pero “ya nos tocó muy cerca y es un niño inocente, es lo que más duele”.

Cientos de personas dieron el último adiós al muchacho, quien fue sepultado en el panteón ejidal de El Colomo, municipio de Manzanillo. La mayoría con vestimenta blanca, portando globos del mismo color y flores, los asistentes despidieron al menor con aplausos, porras y música de mariachi, mientras que el director y sus compañeros del bachillerato donde estudiaba realizaron un último pase de lista.

Germán Mauricio atendía una de las cajas de la tienda Kiosko “Las vías”, del libramiento de Tapeixtles, cuando ingresaron varios individuos armados que tomaron el dinero, obligaron al muchacho a hincarse y uno de ellos le disparó por la espalda.

Aunque el recorrido del cortejo fúnebre se realizó en silencio, con el dolor en los rostros, pero sin reclamos abiertos de justicia, al final se informó que el próximo domingo a las ocho de la noche se realizará una marcha desde los terrenos de la feria hasta las instalaciones de la Fiscalía General del Estado (FGE) en Manzanillo, con el propósito de exigir justicia para el adolescente asesinado y las demás víctimas de la violencia.

En la misa previa, el sacerdote aclaró que Germán “no fue llamado por Dios, porque Dios no viene a quitar la vida; esto que pasó nos viene a cuestionar a todos, a ustedes y a mí, como sociedad y como iglesia. ¿Qué hemos hecho mal? ¿En qué estamos fallando para que haya personas que buscan un estilo de vida fácil? ¿Por qué estamos dejando que la maldad nos gane? ¿Por qué estamos dejando que el cáncer crezca?”.

Abundó: “Si pedimos por Germán, hay que pedir por los jóvenes que todavía están vivos. Alguien comentó que no tuvo el gusto de conocerlo, pero está triste porque tiene dos hijos de su edad. Y es verdad. Hoy fue Germán, ¿mañana quién? ¿Qué sociedad estamos formando? ¿Qué sociedad queremos?”.

Por su parte, la Fiscalía General del Estado rompió el silencio que había mantenido en torno al caso y publicó en su cuenta de twitter:

En el cementerio, tras dar sepultura a Germán Mauricio, una de sus familiares desplegó una cartulina con el siguiente mensaje: “Te has convertido en un ángel, el cual abre sus alas para elevarse a un mundo nuevo, donde no hay peligro”.

Aficionado a los videojuegos, Germán Mauricio soñaba con una computadora para jugarlos desde su casa, por lo que empezó a trabajar como cajero en una tienda de conveniencia de la cadena Kiosko.

Su madre, Rosa Elia García Serrano, contó que después de entregarle la mayor parte de su sueldo, el muchacho le preguntaba ansioso: “¿Ya mero se completa el dinero para comprar mi computadora?” Y ella respondía: “Sí, hijo, ya falta menos”. La última vez, la mujer hizo un cálculo y le dijo: “Yo creo que en dos quincenas más”. Pero ese plazo ya no llegó.

Recientemente, Germán Mauricio había ingresado al bachillerato en modalidad semiescolarizada, con la meta de estudiar la carrera de administración de empresas.

“Mi hijo era un buen niño, no le hacía daño a nadie. La verdad, era un ángel. Creo que mejor hijo no pude haber tenido. Desde que estudiaba la secundaria su mejor amigo era Ramsés. Ellos dos, junto con Tania y Malú eran un grupito de cuatro que en lugar de irse a una disco se metían al cine Bahía a jugar videojuegos. No tomaban, ni fumaban, nada de vicios, y siempre se dedicaban a trabajar”, explicó la mujer.

La noche del domingo, Rosa Elia García se encontraba en la Delegación Valle de las Garzas cuando se enteró de que habían asaltado una tienda Kiosko cercana a la que trabajaba su hijo, por lo que le llamó para recomendarle que cerrara con llave. Al no obtener respuesta, le marcó a su compañera Claudia, a quien le comentó lo mismo.

—Demasiado tarde, porque ya nos tronaron —comentó la joven.

—¿Pero están bien ustedes? —preguntó angustiada la madre del muchacho.

Claudia empezó a llorar y le dijo que ella estaba bien, pero que Germán estaba herido.

—Pásamelo, pásamelo si puedes.

—No, ya no puedo entrar, ya no lo puedo ver.

Rosa Elia tomó de inmediato un taxi y llegó lo más pronto posible, pero ya estaba acordonado el negocio y no le permitieron entrar a ver a su hijo.

Esa misma madrugada la mujer fue por el cuerpo de su hijo a la morgue.

“Metí presión y me entregaron a mi hijo. Salió un médico y le entregué los papeles. Llegó un judicial y me dijo que tenía que ir hasta el lunes a las 10:30 de la mañana. Y yo le dije: ¿Por qué me dices eso? ¿Por qué vas a tener a mi hijo aquí toda la noche? No cuidas a un muerto, cuídalo vivo”.

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