“Nuestros hermanos migrantes nunca deben ser moneda de cambio”: CEM

Caravana migrante. Foto: Alejandro Saldívar

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) externó su preocupación por la falta de acogida “verdaderamente humanitaria a nuestros hermanos migrantes”, y resaltó que el despliegue de seis mil efectivos de la Guardia Nacional en la frontera sur no es una solución de raíz que atienda las verdaderas causas del fenómeno migratorio.

“El combate a la pobreza y a la desigualdad en México y en Centroamérica pareciera quedar sustituido por el temor ante el otro, nuestro hermano”, puntualizó en un comunicado, en respuesta al acuerdo arancelario firmado entre México y Estados Unidos, el pasado viernes 7.

Subrayó: “Si hemos rechazado como mexicanos la construcción de un muro, no podemos convertirnos nosotros mismos en ese muro”.

Tras señalar que es legítimo y necesario tomar “decisiones valientes” para evitar la imposición de aranceles a los productos mexicanos que se comercian con Estados Unidos, la CEM aplaudió el acuerdo alcanzado “para evitar graves e injustas afectaciones económicas a México”.

De igual manera, pidió continuar con el diálogo y expresar los valores fundamentales de dos países democráticos: el respeto a los derechos humanos, la solidaridad entre los pueblos y el trabajo por el bien común de la región.

Sin embargo, abundó, “en este momento histórico, gobierno y sociedad no debemos claudicar en promover el desarrollo humano integral para Centroamérica y el Sureste mexicano”.

Añadió: “México no se encuentra aislado. Es un país hermano que debe construir junto con los países centroamericanos una estrategia que atienda al bien común regional y que no sólo rescate de manera momentánea y un tanto coyuntural, un cierto bien parcial”.

Prosiguió: “Nuestros hermanos migrantes nunca deben ser moneda de cambio. Ninguna negociación debe colocarse por encima de lo que la Iglesia y la sociedad civil han defendido por años: la no criminalización de los migrantes ni de los defensores de derechos humanos que muchas veces luchan a favor de la dignidad a contra corriente y con riesgos importantes para su propia seguridad”.

Subrayó: “La Iglesia católica en México está convencida de que es necesaria una justa política migratoria que, por un lado, garantice un libre tránsito de personas ordenado, regulado y responsable, y por otro lado, vele por los intereses legítimos de los miembros de nuestra nación”.

Entre otros puntos, manifestó su convencimiento de que “los mexicanos debemos estar unidos al enfrentar éste y otros desafíos globales. Sin embargo, la unidad de los mexicanos no debe construirse al margen de la fraternidad entre los pueblos. Somos todos países complementarios e interdependientes”, apuntó.

Finalmente, los obispos pidieron a los gobiernos de México y de Estados Unidos “hacer un compromiso permanente para privilegiar siempre el diálogo y la negociación transparente en nuestras relaciones bilaterales, y no caer en la fácil tentación del chantaje o la amenaza”.

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