Documentan los huracanes que golpearon a México desde 1454

Fenómenos meteorológicos en la República Mexicana. Foto: Conagua Fenómenos meteorológicos en la República Mexicana. Foto: Conagua

COLIMA, Col. (apro).– Desde hace casi una década, investigadores de todo el país bajo la coordinación del doctor Raymundo Padilla Lozoya, de la Universidad de Colima, y de la doctora Virginia García Acosta, del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) plantel Ciudad de México, trabajan en la construcción de una memoria y un catálogo de cinco siglos de los eventos hidrometeorológicos extremos en el país.

El propósito, explica en entrevista Padilla Lozoya, es identificar trayectorias, efectos, impactos y, sobre todo, documentar la memoria asociada con los huracanes.

En el periodo de los años 1454 a 1950, los académicos identificaron un total de mil 896 fenómenos hidrometeorológicos que han impactado el territorio mexicano.

Denominado “Los huracanes en la historia de México: Memoria y catálogo”, el proyecto fue sometido a la convocatoria de Ciencia Básica del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) en 2008 y un año después fue aprobado.

Con esta investigación, abunda el académico, también se pretende identificar “algo que nosotros denominamos estrategias o prácticas adaptativas, es decir, cómo la sociedad a lo largo del tiempo se ha enfrentado a los huracanes a través de distintos recursos, como la construcción de viviendas con determinados materiales, asentar las viviendas con cierta orientación, generar en las viviendas una entrada y una salida para que los vientos no tengan resistencia, construir con materiales livianos de tal manera que si las viviendas colapsan no produzcan tantos daños, o sea, todas esas prácticas culturales que la sociedad ha desarrollado a lo largo del tiempo quedan documentadas en este catálogo”.

–De lo que se ha encontrado hasta ahora, ¿qué aprendizaje queda sobre la experiencia con los huracanes? –se le cuestiona a Padilla.

–Es una pregunta muy complicada, que tiene muchos elementos a considerar. Lo más obvio es que los huracanes no son fenómenos aislados ni poco frecuentes, sino muy recurrentes en nuestro país y la frecuencia de los impactos relacionados con los huracanes está relacionada con los asentamientos humanos, indudablemente, no sólo con la intensidad de los meteoros. Es decir, el número de desastres se ha elevado no porque haya aumentado la intensidad de los huracanes, sino porque ha incrementado el número de poblaciones asentadas en zonas expuestas a estos fenómenos, que son vulnerables y que no cuentan con las capacidades adecuadas para hacerles frente, pues tienen viviendas frágiles, están en zonas inundables y en ocasiones desconocen los huracanes por factores como las migraciones humanas.

“Asimismo, la sociedad mexicana ha desarrollado distintas formas de hacer frente a los huracanes, por ejemplo, cambiando los modelos constructivos. Inicialmente las viviendas se edificaban con materiales muy frágiles como palma o madera; después se implementaron materiales más resistentes como adobe, después vino el cemento, el ladrillo, el colado y las varillas, muy resistentes a los vientos, pero las inundaciones siguen siendo uno de los mayores peligros que puede enfrentar la sociedad, porque puedes tener vivienda resistente a los vientos, pero una inundación puede hacerte perder todo tu patrimonio”.

En la actualidad, manifiesta el investigador, “vemos que todavía se siguen presentando desastres con daños económicos muy serios, lo cual hace evidente que, aunque nuestra sociedad se ha transformado y ha enfrentado los huracanes, no se han generalizado las políticas adecuadas para incidir en la reducción de los riesgos en todo México y, por el contrario, las asentamientos riesgosos han incrementado; entonces, tenemos que aportar toda la información recolectada para que los tomadores de decisiones se den cuenta cuáles han sido las zonas históricamente más inundables, tengan evidencia de eventos muy notables para que, empalmado eso con otras herramientas como los atlas estatales de peligros, puedan diseñar políticas públicas para mejorar el ordenamiento territorial”.

Advierte que los atlas de riesgos y peligros a veces no tienen toda esa información, porque para quienes los realizan, hablar de datos históricos significan 40 o 50 años, y esto en comparación con cinco siglos representa un margen muy pequeño, por lo que es muy valioso contar con un catálogo de huracanes que también incluye otros fenómenos, como los nortes, inundaciones muy severas y tormentas también importantes que si bien no son un sistema tan grande y organizado como un huracán, sí provocan inundaciones muy severas.

“Las autoridades –dice el académico– necesitan este tipo de información para fortalecer las propuestas que hacen de desarrollo urbano y uso del suelo en algunas zonas del país, pues siempre es necesario saber lo que ha ocurrido en el pasado para prever el futuro. La sociedad no ha encontrado una forma efectiva de evitar inundaciones en lugares donde frecuentemente se están presentando, no porque los fenómenos arrojen más precipitaciones pluviales, sino que las políticas públicas avanzan con mayor lentitud de la que se requiere para enfrentar este tipo de fenómenos. Ocurre algo similar con el cambio climático: hace décadas que se ha identificado que está incidiendo en distintos factores sociales, pero las respuestas frente al incremento de la amenaza son muy políticas y muy lentas; en el caso de las inundaciones y huracanes ocurre algo similar”.

Expone: “La evidencia histórica permite notar que en todo desastre siempre existe un responsable, es decir, que todo desastre tiene nombre y apellido porque hubo alguien que dio la autorización para asentar una población en un lugar en específico, luego esa localidad se convirtió en un pueblo mayor, en una ciudad, o en una metrópoli o en una zona inadecuada para vivir, como la Ciudad de México. Los modelos actuales de desarrollo no reducen los riesgos a desastres, los producen y reproducen”.

 

Prefieren al santo patrón

En relación con la metodología y las herramientas utilizadas en la investigación, menciona una ficha mediante la cual se sistematiza la información, que incluye datos generales del fenómeno, como el lugar donde ocurrió; sus efectos, como inundaciones, deslaves, derrumbes, avenidas lentas, lahares, flujos de escombros, marejadas; sus impactos, entre ellos el número de muertos, heridos, damnificados, desaparecidos, evacuados, reubicados, afectados, epidemias, pérdidas animales, pérdidas agrícolas, construcciones dañadas o destruidas y servicios públicos dañados.

En otros campos de la ficha se consignan de manera específica las formas como la sociedad ha enfrentado los huracanes y ahí aparecen, entre otras, las prácticas simbólicas preventivas que se han perpetuado a lo largo de los siglos, traídas por el catolicismo, como el hecho de que hay personas que todavía queman palmas bendecidas con la creencia de que van a ahuyentar a los huracanes.

“Es importante –explica Padilla– atender y documentar estas prácticas porque están vinculadas con las maneras como la sociedad entiende su relación con los fenómenos naturales. Aunque no previenen el huracán, simbólicamente las personas creen que se protegen de esa manera, y cuando una autoridad pretende desarrollar un programa de prevención de riesgos en una población y desconoce esta información, puede ser que su proyecto no sea tan exitoso, porque hay comunidades que se sienten protegidas por un santo patrón y rechazan proyectos preventivos, que además les cuestan dinero”.

Por lo anterior, añade, conocer este tipo de elementos culturales es complementario a la información que deben tener las autoridades cuando se proponen implementar algún programa preventivo ante huracanes o incluso otros fenómenos.

Desde hace 14 años, Raymundo Padilla empezó una investigación histórica relacionada con el huracán que impactó al estado de Colima a finales de octubre de 1959, que fue su tesis de maestría, de la que surgió su libro “El huracán del 59: Historia del desastre y reconstrucción de Minatitlán, Colima”, además de que también se produjo el documental audiovisual “Ceniza de pueblo; Historia oral de Minatitlán de 1959”. Estos productos le hicieron notar la importancia de estudiar a los huracanes como un fenómeno natural, pero también como un fenómeno socialmente imprescindible en la cultura mexicana.

Después de que la doctora García Acosta estuvo en Colima para participar en la presentación del documental, al año siguiente invitó a Padilla a participar en la investigación “Los huracanes en la historia de México: Memoria y catálogo”.

En el momento del inicio del proyecto, García Acosta ya había realizado dos catálogos importantes en términos históricos sobre fenómenos naturales. El primero fue sobre los sismos en la historia de México, después de los sismos de 1985, como una necesidad evidente de que hacía falta recolectar información de todos los sismos que habían ocurrido en el país, y después realizó un catálogo sobre desastres agrícolas, que incluye distintos eventos asociados a la producción agrícola en todo el país.

Para realizar el trabajo de los huracanes en la historia de México, los coordinadores dividieron el país en varias regiones, con la participación de investigadores como Miriam de la Parra, Paola Peniche, Juan Escamilla, Gabriela Vera, Jimena Cuevas, Héctor Strobel entre muchos otros, así como estudiantes de licenciatura, de maestría, de doctorado que han entrado, se han titulado y han salido; así, han sido más de 40 académicos involucrados a lo largo y ancho del país.

Como parte del proyecto, se han elaborado diversas publicaciones relacionadas con lo ocurrido con algunos fenómenos hidrometeorológicos en México, lo que a juicio de Padilla Lozoya es un aporte porque permite darse cuenta cómo los investigadores se han relacionado con los huracanes, qué han dicho de ellos y cómo se han ido conociendo estos fenómenos.

También han tenido diversos encuentros con otros investigadores, en un trabajo interdisciplinario muy fructífero, porque ha permitido compartir con ellos información histórica, y ellos a su vez han revisado cada uno de estos eventos para tratar de identificar si fue huracán, ciclón tropical o simplemente una tormenta o algún otro fenómeno intenso.

Apunta: “Esto es importante porque recolectamos más de 400 términos relacionados con fenómenos hidrometeorológicos que están parcialmente o muy relacionados con los huracanes, es decir, a lo largo del tiempo las sociedades han utilizado términos para denominar ciertos fenómenos como si fueran sinónimos, por lo que nos dimos cuenta que a veces se le llamaba huracán a una tormenta muy intensa, por ejemplo, porque es la forma como ellos los percibían, o te encuentras otros términos comunes como torbellinos, culebras de agua o trombas, que son fenómenos relacionados con los huracanes y así aparecen en los documentos”.

Inicialmente el registro pretendía incluir los fenómenos detectados a partir del siglo XVI, pero mediante un códice fueron ilustradas inundaciones desde el siglo XV. En 1454 se tiene registrado un evento llamado huracán de cuatro vientos en la península de Yucatán, documentado a través de un relato hecho a religiosos.

“Los eventos que registramos fueron en su momento muy significativos para la sociedad, tanto que dejaron testimonio de lo que estaba ocurriendo. La base de datos que vamos a entregar para su publicación contiene datos de eventos recolectados en todo el Golfo de México, la Península de Yucatán, Pacífico Sur, Pacífico Centro y Pacífico Norte.

En relación con las fuentes, han revisado archivos históricos internacionales, nacionales, estatales y locales: Archivo General de la Nación, Hemeroteca Nacional de México, los archivos eclesiásticos y civiles, así como iconografía e indicadores de plazas públicas, como en la plaza de Mérida, donde tienen señales del nivel hasta donde llegó el agua con motivo de tal inundación.

“También hemos consultado mucha hemerografía y muchísima bibliografía de autores nacionales o viajeros que pasaron por alguna región de México e incorporamos bases de datos con registros breves, particularmente en el Pacífico Mexicano”, concluye.

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