“Rocketman”: Un viaje hacia nuestro espacio interior

CIUDAD DE MÉXICO (apro).-  No importa que sea o no fan de Elton John, de seguro su cinta biográfica Rocketman (Reino Unido, 2019) le tocará el corazón de una u otra manera, ya sea a través de la música o de momentos conmovedores que reflejan las heridas y sensibilidad del artista.

La película dirigida por Dexter Fletcher inicia de manera surrealista: Una figura diabólica camina por un pasillo. A los pocos segundos descubrimos que se trata de Elton John (Taron Egerton), vestido con un traje rojo, una mezcla de angel y diablito; cobijado por la canción “Goodbye Yellow Brick Road”.

El protagonista irrumpe en medio de un grupo de sujetos sentados en círculo y confiesa que es alcohólico, adicto al sexo, a la cocaína y bulímico. Y de ahí, viajamos al pasado (de fondo suena “The Bitch is Back”), a la infancia del cantante… en donde vislumbramos la dinámica familiar: una madre desinteresada (Bryce Dallas Howard), un padre frío y castrante (Steve Mackintosh) y una abuela amorosa (Gemma Jones).


Desde pequeño, Reginald Dwigth –su verdadero nombre– es un virtuoso del piano; claramente vemos que su destino le pertenece a la industria musical. Nada se lo impide sin embargo la actitud de sus padres es un tema que irá dejando secuelas en la vida de Elton, pero eso lo veremos más adelante.

En apariciencia, el joven irá escalando peldaños en el mundo de la música relativamente fácil gracias a su talento: estudia en la Royal Academy of Musica y tiene una banda de jazz, en la cual, por cierto, uno de sus compañeros le hace ver que tiene que cambiar su nombre.

Luego conocerá al compositor y letrista Bernie Taupin (Jamie Bell), con quien hará una gran mancuerna de trabajo, de tal manera que fundará lo cimientos de su carrera.

Y hasta aquí todo bien… todo es música que nos hace cantar, que nos divierte y nos transporta de aquí para allá, del presente al pasado de manera magistral, mientras Reginald encuentra un nombre nuevo y se va abriendo paso en la industria musical.

Pero poco a poco las heridas de la infancia, sus vacíos existenciales y las preferencias sexuales del cantante le van complicando la existencia de manera dramática (sin mecionar la presencia de su máganer John Reid, interpretado por Richard Madden). Y es así que nos adentramos al interior de Elton John y podemos sentir un tremendo dolor que había estado adormecido por grandes pasajes musicales pero que innevitablemente debía ser exorcizado.

Rocketman es dirigida con gran temple: Fletcher encuentra una mezcla perfecta entre el drama, el dolor y el éxtasis de un musical, y como un piloto del espacio, sin titubear, nos lleva a un aterrizaje seguro y liberador.

Y … que Elton John viva muchos años más.

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