Los afrocariocas sin esperanza de “Plaza París”

Llega a las salas independientes Plaza París, thriller de ficción donde la también documentalista carioca Lucía Murat refleja el genocidio a los humildes descendientes de africanos en Río de Janeiro, con la actriz Grace Passô como la elevadorista Gloria, quien vive en las favelas, y la portuguesa Joanna de Verona en el papel de su psicoanalista, Camila. Según Murat, brasileños y mexicanos somos pueblos similares, “aunque ahora ustedes con su nuevo gobierno mantienen esperanza, y nosotros, no”, toda vez que el presidente Jair Bolsonaro lleva a Brasil rumbo al fascismo.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La cineasta brasileña Lucía Murat aborda una vez más la violencia, tema que le interesa desde que vivió la detención y la tortura por ser miembro del Movimiento Revolucionario 8 de Octubre en la dictadura de su país. Ahora lo plantea en la ficción Plaza París.

“Es un largometraje sobre el miedo y la paranoia en una relación entre dos personas de diferentes clases sociales, una elevadorista y una psicoanalista. Me parece que el miedo al otro es algo que se extiende en la sociedad brasileña actual. Y sabemos que debido a este miedo ocurren injusticias, agresiones y muertes violentas, como se ve en la película”, explica a Proceso la reconocida realizadora también de documentales.

El filme, tras recorrer festivales internacionales y estrenarse en los tres países que lo produjeron (Brasil, Portugal y Argentina), se presenta ahora en salas independientes y culturales y en cineclubes de México.

En 110 minutos se ve a Gloria (Grace Passô), una afrodescendiente que trabaja como operadora de elevador en la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ) y habita en una favela actual, ubicada en Morro de Providência. Debido al abuso sexual que desde pequeña padeció de parte de su padre y por tener un hermano menor narcotraficante en la carcel, desde donde la domina, busca consulta con la psicoanalista Camila (Joana de Verona), joven rubia portuguesa de clase media que llega a la UERJ a cursar su maestría en psicología aplicada.

A partir de las terapias se desarrolla una relación cercana, de efecto contenido; pero las charlas sobre la violencia sufrida por Gloria (quien incluso una vez no llegó al consultorio porque fue torturada por la policía) inquietan a Camila, a tal grado que se siente perseguida. Además, las dos guardan un secreto en su pasado.

Metáfora de la colonización

Murat, nacida en Río de Janeiro en 1949, recuerda que desde hace 10 o 15 años tuvo la idea de Plaza París:

“Yo deseaba trabajar sobre el miedo que padece la clase media en Brasil por la violencia, y las noticias informan como si los necesitados de la periferia fueran los causantes de ello. Este miedo incita a las personas acomodadas a perder la empatía con los pobres, con los miserables. Hace más de una década mi hermana era directora de un centro de terapia universitario a donde acudía gente de bajos recursos.

“Trabajaban con los pacientes muchachas que cursaban el último año de la licenciatura o su maestría. Me comentó que esas chicas, quienes no contaban con mucha experiencia de vida, se quedaban paraniocas por los relatos violentos que escuchaban. Temían salir a la calle y ver gente probre y afrodescendientes. En ese momento decidí crear la cinta. Quería que fuera un thriller porque me pareció que sería muy interesante que el espectador pudiera poseer la sensación del miedo y de no saber lo que va a pasar”.

–En la trama se observa a un Río de Janeiro desigual y militarizado, y los afrodescendientes son los más señalados. ¿Por qué? Incluso Gloria le dice a Camila que soñó que era ella, y le confiesa que quiere ser como la doctora.

–En Brasil existe un genocidio de la juventud negra, porque somos la nación que más afrodescendientes tenemos en el mundo fuera de África. Son más de 50% de la población, en general los más pobres en cuanto a la economía. Hay estadísticas que muestran que más o menos cuatro jóvenes negros son asesinados por día en Brasil. Entonces era importante mostrar su situación.

“Lo que me parece muy interesante es que Grace Passô, quien interpreta a Gloria, es una destacada actriz y dramaturga, y me proponía: ‘Necesitamos crear un personaje que no sea solo víctima, sino que además pueda reflexionar y reír’. Eso lo realizó de una manera increíble. Es capaz de modificar el juego, porque es un juego de poder entre ellas que en determinado momento se cambia. Grace es una actriz fantástica.”

–¿Por qué Camila es extranjera?

–Porque creía que era importante para la narrativa que la psicoanalista fuera extranjera. Fue interesante porque ha colocado la cuestión de la colonización. El título de la película es una metáfora de la colonización. La Plaza París, donde Camila se saca una foto, fue construida en los años veinte, cuando Río de Janeiro intentaba ser París. Es una plaza como si fueran los Jardines de Luxemburgo, pero no tiene nada que ver con un país tropical que necesita de sombra.

O drogas o religión

Realizadora además de Qué bueno verte viva (1988), Dulces poderes (1996), Brava gente brasileña (2000), Casi dos hermanos (2003), La mirada extranjera (2005), Maré, nuestra historia de amor (2007), Un largo viaje (2011), La memoria que me cuentan (2013) y La nación que no esperó a Dios (2015), Murat manifiesta que Plaza París explica un poco el porqué de la elección del ultraderechista Jair Bolsonaro, quien tomó posesión como presidente de Brasil el pasado 1 de enero:

“La gente votó por el miedo. Estamos muy preocupados porque evidentemente que todos esos movimientos que crecieron en los últimos años, de las mujeres, los indígenas, los afrodescendientes y el lésbico gay, en fin, se encuentran en una situación límite. Al contrario, ahora existe un movimiento muy grande de no dejar hablar más.”

–¿Qué pasó en los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, quienes planearon acabar con la pobreza?

–Lograron pelear contra la miseria en una buena parte de la población brasileña; pero debemos pensar que a los ciudadanos no sólo se les debe proporcionar lo económico, también hay que darles cultura y educación, y eso faltó, por eso mucha gente ha votado en posiciones tan extremistas y tan malas.

Resalta que el filme se comercializó el año pasado en Brasil y Portugal y este año en Argentina:

“Fue buena la recepción y causó discusiones muy atrayentes. Evidentemente, con los festivales se mostró al mundo, e igual fue aceptada y provocó pláticas interesanes. Si hubiera filmado la cinta hace 10 o 15 años sería otra cosa. Ahora intervino mucho la realidad que vivimos en Brasil, como el auge de una corriente religiosa, el fundamentalismo y la polarización política”.

–Aborda el conflicto de los jóvenes que no cuentan con oportunidades, ¿es difícil la situación para las nuevas generaciones?

–Sí, mostramos lo que padecen los jóvenes con el hermano de Gloria, Jonás, quien fue llevado a situaciones extremas y se transformó en un monstruo. Incluso, él era su defensor, un protector machista. Hoy los chicos de la periferia se colocan en sólo dos opciones: el fundamentalismo religioso o el tráfico de drogas. Ese es un gran problema.

Paricipipan otros actores: Alex Brasil (Jonás), Digao Ribeiro (Samuel), Babu Santana (pastor) y Marco Antonio Caponi (Martín).

A Murat le agrada que Plaza París se estrene en México, porque los brasileños y los mexicanos “poseemos muchas similitudes, aunque ahora con su nuevo gobierno mantienen esperanza, y nosotros, no”.

–Por cierto, Jair Bolsonaro desapareció el Ministerio de Cultura. ¿Cuál es la situación del cine brasileño?

–Ahora estamos muy preocupados, porque con este gobierno no sabemos qué va a pasar. Y sí, se acabó el Ministerio de Cultura… Y el pasado mes de abril, la Agencia Nacional de Cine (Ancine) de Brasil suspendió el aporte de fondos para la producción audiovisual. Estamos en suspenso.

Fue una sentencia del Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU) que señala irregularidades en la rendición de cuentas de la Ancine, y por eso se suspendieron películas y series.

Juca Ferreira, intelectual y ministro de Cultura de los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff, declaró al diario argentino Tiempo:

“Hay una guerra contra los artistas y la cultura en Brasil. Bolsonaro se posiciona muy próximo al fascismo, le falta elaboración pero va en ese camino.”

Este texto se publicó el 9 de junio de 2019 en la edición 2223 de la revista Proceso

Acerca del autor

Nació en la Ciudad de México. Estudió ciencias de la comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Desde 1991 inició en el periodismo. Ha trabajado en los diarios mexicanos El Universal y La Jornada, entre otros, y el periódico español El País. En 1999 ingresó a Proceso, donde labora hasta la fecha. Foto: Carlos Enciso.

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