Textos-Textiles

Cuando mi mamá remendaba los calcetines me llamaba la atención la caja donde guardaba agujas, lupas, dedales, tijeras, alfileres, hilos de diferentes colores, huevos de madera para zurcir, pero sobre todo un libro que tenía con dibujos de flores y animales que estaban en una cuadrícula, era la guía para hacer punto de cruz en pañuelos, me gustaba hojearlo.

Mi mamá nos echaba a la hora que estaba cosiendo, porque le quitabamos el tiempo y la distraíamos, mis hermanos y yo estábamos detrás de su cajita donde guardaba las cosas de bordar. Los hilos venían enrollados en carretes de madera, siempre me gustó la forma de esos carretes que aparecen en algunos de mis cuadros.

Por otro lado mi papá vendía azúcar, harina, fríjol y repartía su mercancía en camiones y camionetas, en temporada de lluvias sacaban grandes telas enceradas que servían para proteger la mercancía.

Para preparar las lonas, hervían cera y la aplicaban en capas sobre estas telas, a veces las remendaban porque con los jaloneos del viento las telas se rasgaban, entonces las parchaban. Los parches eran de colores diferentes, se notaban en las lonas, que por el uso y al arrastrarlas en el suelo, tomaba un color sucio, y por otro lado los parches eran nuevos con un color muy bello.

Cuando la lona se extendía sobre los camiones y estos estaban vacíos lograba pasar luz amarillenta, nos gustaba jugar dentro de las redilas, por ver esa luz que era un deleite.

Tengo otros recuerdos de niño, de cuando íbamos a Ixtepec, ahí vivía la tía Mexa que vendía huaraches, cinturones, sombreros, hamacas, sábanas muy bellas tejidas en Juchitán a mano, no eran de fábrica.

En tiempo de la cosecha de café en las montañas, los zapotecos y los mixes bajaban a comprar sus huaraches, cuando tenía como siete años vi a un mixe vestido de una manera que me llamó mucho la atención, se acercó a comprar un sombrero, yo estaba detrás del mostrador y no le quitaba la vista a su camisa, estaba hecha de remiendos, creo que no había una sola parte de la antigua camisa, todo era remiendo sobre remiendo, quizá la gente se reía de ese señor, pero a mi me gustaba mucho esa camisa.
El señor compró un sombrero y mi tía le dijo que le diera el sombrero viejo para tirarlo y que se pusiera el nuevo, el señor contestó que no, y se puso primero el sombrero viejo y encima el nuevo.

Mi tía le preguntó por qué se iba así, sin lucir su sombrero nuevo, él respondió que no, que al regresar al pueblo iba a quemar su sombrero viejo, porque ya lo había sudado y dejar su sombrero en un pueblo extraño podía perjudicarlo.

Cuando la gente de la montaña bajaba veíamos personas con doble sombrero, el viejo y encima el nuevo, que era el que acababan de comprar.

En un libro de textiles japoneses viene un tipo de textil elaborado con cosas viejas y nuevas, son piezas muy bellas de colección, cuando lo vi recordé a aquel señor de la camisa de remiendos.

Quién iba a decir que años después estos remiendos y amarres de las lonas los vería en libros y museos. Man Ray por ejemplo agarró una tela y envolvió una máquina de coser y le hizo unos amarres, la máquina de coser desapareció, pero quedó un objeto amarrado muy bonito, es muy revolucionario para la época en que lo hizo.

Huipil de la tía Mexa. Francisco Toledo 2019

Huipil de la tía Mexa. Francisco Toledo 2019

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Dios es el maestro tejedor

“El plan infinito para cada alma –Su Provisión y Voluntad– no es visible para el ojo humano ni comprensible para el intelecto humano. Por lo tanto, comprende que la Voluntad de Dios simplemente es aceptar que sólo Dios es el Maestro Tejedor del tapiz de cada vida. Los hilos que forman el tapiz son las gracias que Dios da a cada momento para conducir a cada alma hacia su salvación. A nadie se le llama fuera de la Voluntad de Dios ni para oponerse al plan de Dios. Satanás es quien inspira cada pecado, pero la libre voluntad es la que actúa sobre la inspiración del mal. Sin embargo, la libre voluntad es parte del plan de Dios, y Él continuamente otorga gracia fresca para superar los efectos del pecado.”
Santo Tomás de Aquino.

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El pañuelo que se teje solo (*)

La mitología malaya habla de un pañuelo, sansistah kalah, que se teje solo y cada año agrega una hilera de perlas finas, y cuando esté concluido ese pañuelo, será el fin del mundo.
W. W. Skeat:
Malay Magic (1900),

(*) Del libro Antología de la literatura fantástica, de Jorge Luis Borges.

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Nosotros pensamos mientras tejemos (*)

Peter Elsass es un académico danés quien ha estudiado a la cultura arahuaca, originaria de Colombia. En su libro Strategies for Survival (1992), Elsass afirma que el idioma arahuaco se caracteriza por la manera en que se entrelazan conceptos distintos. Por ejemplo, los arahuacos dicen “nosotros pensamos mientras tejemos, así que tejemos nuestros pensamientos. Puedes ver, en las ropas de otro, los pensamientos que tiene”.
Elsass sostiene que en el idioma arahuaco está permitido mezclar los significados de tejido y pensamiento debido a que su mundo material es pequeño, y que si nosotros, con un mundo material más complicado, adoptáramos este tipo de pensamiento, “los objetos a nuestro alrededor se fusionarían el uno con el otro, y nuestra manera de percibir se caracterizaría por el tipo de fusiones y fluctuaciones de significado visto en nuestros pacientes psicóticos”.
Elsass también observa otra particularidad de la lengua arahuaca: la manera en que logran comunicar información geográfica a través de sus telares. Por ejemplo, mediante las cuatro esquinas del telar, pueden señalar distintas ciudades colombianas, mientras que con el centro del telar se refieren a las montañas. Una vez establecidas estas referencias, es más fácil señalar los ríos y pueblos en relación a estos puntos.

(*) Por Daniel Brena

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El sol y la luna (*)

La muchacha se llamaba María. Ya tenía arreglado su hilo para tejer. Estaba tejiendo wantalón (pantalones) –que usaba la gente entonces–, cuando vino un pajarito y se sentó sobre el hilo.
–¡Ai, tú, pajarito! ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué te sientas así sobre mi hilo? Y lo espantó. Se fue. Luego vino otra vez y se sentó sobre el hilo. Otra vez se espantó y se fue. Luego regresó y se sentó sobre el hilo y se cagó.
–¡Ai, tú, pajarito, boca-de-mierda! ¿por qué haces así? Ya ensuciaste mi hilo. Ahora te voy a matar.
Ahí tiene un palo entre los hilos (para afirmar el tejido). Lo sacó y dio un manazo donde tiene el pájaro su cabeza. Pues se cayó muerto. Ahí, moviendo, viene rodando, bajando (por el hilo) a donde está la muchacha. Lo levantó así en sus manos (haciendo un ademán).
–¡Ai, pobre pajarito! Ya te mataron. ¿Por qué fuiste a ensuciar mi hilo? Pero no tengas cuidado.
Y lo metió dentro de su camisa.
Ahí está tejiendo cuando el pájaro comenzó a mover su chicha, dos lados. Otra vez lo movió. Tres veces lo movió.
–Tú, pajarito, qué estás haciendo. ¡Ahora sí te voy a matar!
Y se metió entre su camisa para agarrarlo cuando voló, se fue.
Así no más se cargó (se preñó). Pero se enojó mucho su papá, su mamá cuando está cargada. Durmió entre el temascal. Así es que viene cargando. No es pecado; no es descuidado. Así no más está preñada. Y se amuinó (amohinó) mucho su mamá, y su papá.

(*) Extracto del cuento “El sol y la luna”, tomado del libro Cuentos mixes, de Walter S. Miller.

Toledo y sus medicinas. Francisco Toledo 2019

Toledo y sus medicinas. Francisco Toledo 2019

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Informantes de Sahagún (*)

Hiladores

El hilador de torno, o de huso, en su oficio suele usar de torno y de huso, y sabe destejer lo viejo. El bueno hilador lo que hila va parejo, y delgado, y bien torcido, y así hilado lo compone en mazorca y lo devana, haciendo ovillos y haciendo madejuelas, y al fin en su oficio es perseverante y diligente.
El mal hilador por el contrario, lo que hila es tosco y grueso, no va parejo, ni bien torcido, ni va igual, sino atramojado y flojo; nada curioso en su oficio, sino descuidado, pesado y desmazalado.

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Tejedor

El tejedor, o tejedora, urde y pone en telar la urdimbre, y mueve la oprimidera con los pies, y juega en la lanzadera, y pone la tela en los lizos. La buena tejedora suele apretar y golpear lo que teje, y aderezar lo mal tejido con espina, o con alfiler, o tupir muy bien, o hacer ralo lo que va tupido; sabe también poner en telar la tela y estirarla con la medida que es una caña, que estira la tela para tejerla igual, sabe hacer también la trama de la dicha tela.
El mal tejedor es perezoso, descuidado, mal oficial, y daña cuanto teje y hace mala tela, y lo que teje va ralo.

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Tejedoras del infierno

Y dijeron los antiguos que cuando comienza la noche comenzaba a amanecer en el infierno, y entonces despertaban y se levantaban de dormir los muertos que están en el infierno; y tomando al sol los del infierno, las mujeres que le habían llevado hasta allí, luego se esparcían y descendían acá a la tierra, y buscaban husos para hilar, y lanzaderas para tejer, y petaquillas y todas las otras alhajas que son para tejer, labrar; y esto hacía el diablo para engañar, porque muchas veces aparecían a los de acá del mundo en forma de aquellas mujeres que se llaman mocihuaquetzque, y se representaban a los maridos de ellas, y les daban naguas y huipiles y todas las alhajas mujeriles; y así a las que mueren de parto las llaman mocihuaquetzque, después de muertas, y dicen que se volvieron diosas, y así cuando una de éstas muere, luego la partera la adora como diosa antes que la entierran.

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Del bautismo de la criatura, y de todas las ceremonias que en él se hacían, y del poner el nombre de la criatura y del convite de los niños.
Hacían también comida de molli, o potaje con fríjoles y maíz tostado, y su mastelejo y su mantica; y a los pobres no les hacían más del arco y las saetas, y su rodelilla, algunos tamales y maíz tostado; y si era hembra la que se bautizaba, aparejábanla todas las alhajas mujeriles, que eran aderezos para tejer y para hilar, como era huso y rueca y lanzadera, y su petaquilla, y vaso para hilar, etc., y también su huipilejo y sus naguas pequeñitas.

(*) Del libro Historia general de las cosas de la Nueva España, de Fray Bernardino de Sahagún.

El enigma de Isidore Ducasse. Man Ray

El enigma de Isidore Ducasse. Man Ray

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Divinidad de doble rostro, madre de las artes (*)

En las tribus de las praderas de América del Norte, los hombres pintaban escenas figurativas o decoraciones abstractas sobre pieles de bisonte y otros soportes. A las mujeres les correspondía el arte del bordado con púas de puerco espín. Aplanar, dar flexibilidad, y teñir unas púas de longitudes y resistencias diferentes; doblarlas, atar, trenzar, entrelazar, coser, constituía una técnica difícil que exigía años de aprendizaje. Las aceradas púas podían causar heridas e incluso, si saltaban a los ojos como pequeños resortes, causaban ceguera.
Puramente decorativos en apariencia, estos bordados de estilo geométrico estaban cargados de sentido. La bordadora había meditado largamente su contenido y su forma, o bien los había concebido durante un sueño o una visión inspirados por una divinidad de doble rostro, madre de las artes. Cuando la diosa había inspirado un motivo a una mujer, sus compañeras podían copiarlo y dicho motivo entraba a formar parte del repertorio tribal. Pero la creadora seguía siendo un personaje excepcional.
–Cuando una mujer ha soñado con la Doble Dama –contaba hará casi un siglo un viejo indio–, a partir de ese momento y emprenda lo que emprenda, nadie podrá rivalizar con ella. Pero esa mujer se conduce como una loca perdida. Ríe impulsivamente, obra de manera imprevisible. Vuelve locos a los hombres que se acercan a ella. Es por ello por lo que a esas mujeres les llaman dobles damas. Se acuestan con cualquiera. Pero en todos los trabajos, no hay nadie que las supere. Son grandes bordadoras con púas de puerco espín, arte en el que son muy hábiles. Realizan también trabajos masculinos.
Este sorprendente retrato del artista genial supera con mucho la imaginería romántica y, más adelante, el tópico del poeta maldito, con todos sus desarrollos pseudofilosóficos acerca de la relación entre arte y locura. Cuando nosotros hablamos en sentido figurado, los pueblos sin escritura se expresan en sentido propio. Basta con transponer para que no los encontremos tan lejanos a nosotros, o para sentirnos más cerca de ellos.

(*) Del libro Mirar, escuchar, leer (XXIV), de Claude Lévi-Strauss.

No hay enigma. Francisco Toledo 2019

No hay enigma. Francisco Toledo 2019

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Mirar por el revés (*)

–Osaré yo jurar –dijo don Quijote– que no es vuesa merced conocido en el mundo, enemigo siempre de premiar los floridos ingenios ni los loables trabajos. ¡Qué de habilidades hay perdidas por ahí! ¡Qué de ingenios arrinconados! ¡Qué de virtudes menospreciadas! Pero, con todo esto, me parece que el traducir de una lengua en otra, como no sea de las reinas de las lenguas, griega y latina, es como quien mira los tapices flamencos por el revés, que aunque se ven las figuras, son llenas de hilos que las escurecen y no se ven con la lisura y tez de la haz; y el traducir de lenguas fáciles ni arguye ingenio ni elocución, como no le arguye el que traslada ni el que copia un papel de otro papel. Y no por esto quiero inferir que no sea loable este ejercicio del traducir, porque en otras cosas peores se podría ocupar el hombre y que menos provecho le trujesen. Fuera desta cuenta van los dos famosos traductores: el uno el doctor Cristóbal de Figueroa, en su Pastor Fido, y el otro don Juan de Jáurigui, en su Aminta, donde felizmente ponen en duda cuál es la tradución o cuál el original. Pero dígame vuestra merced: este libro ¿imprímese por su cuenta o tiene ya vendido el privilegio a algún librero?

(*) Del libro Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes

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Teje y desteje el artista su imagen (*)

Tal como nosotros, o la madre Dana, tejemos y destejemos nuestros cuerpos –dijo Stephen– un día tras otro, las moléculas lanzadas de acá para allá, así teje y desteje el artista su imagen.

(*) Del libro Ulises, de James Joyce.

Este texto se publicó el 16 de junio de 2019 en la edición 2224 de la revista Proceso

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