“Breve historia del villismo”, por Pedro Salmerón

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- ¿Quiénes fueron los villistas?, ¿Por qué y cómo hicieron una revolución?, ¿Qué esperaban de esa revolución y qué pasó después de su derrota?

Estas son algunas de las interrogantes a las que Pedro Salmerón Sanginés, doctor en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, busca responder en su volumen Breve historia del villismo (Crítica/Paidós. Memoria crítica de México, 342 páginas): www.paidos.com.mx y www.planetadelibros.com.mx).

Con la colaboración de Felipe Arturo Ávila Espinosa (sociólogo y profesor de la UNAM, doctor en Historia por el Colegio de México y miembro del Sistema Nacional de Investigadores), Salmerón Sanginés explica las razones y los efectos del villismo, “uno de los mitos más persistentes en nuestra historia, un movimiento que, pese a ser derrotado, incidió profundamente en el siglo XX mexicano, quedando marcado en la conciencia nacional y que sigue siendo bandera e inspiración de movimientos sociales”.

Breve historia del villismo consta de cinco capítulos: “Los villistas: Raíces y razones”, “La conformación del villismo”, “La revolución política”, “La guerra civil” y “Hacia la leyenda”. El epílogo lo intitulan “El villismo después de Pancho”.

Pedro Salmerón cuenta con un posdoctorado en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Es profesor investigador del ITAM y de la UNAM. Otros de sus libros son: La División del Norte. La tierra, los hombres y la historia de un ejército del pueblo; Los carrancistas. La historia nunca contada del victorioso ejército del Noreste y 1915. México en guerra. Por su parte, Felipe Ávila ha escrito: El pensamiento económico, político y social de la Convención de Aguascalientes; Los orígenes del zapatismo; Entre el Porfiriato y la Revolución. El gobierno interino de Francisco León de la Barra; Las corrientes revolucionarias y la Soberana Convención y Tierra y libertad. Breve historia del zapatismo (Crítica, 2017).

Ambos son coautores de Breve historia de la Revolución Mexicana (Crítica, 2017). A continuación se ofrece el prólogo:

El 6 de diciembre de 1914 la División del Norte y el Ejército Libertador del Sur hicieron su entrada triunfal en la capital de la República.

Detrás de las escoltas personales de sus comandantes en jefe, los surianos vestidos de charro y los dorados de caqui y sombrero de fieltro, venían los jefes de la columna: en el lugar de honor, ataviado con un magnífico traje de charro y montando un caballo rosillo, Emiliano Zapata. A su derecha cabalgaba el general Tomás Urbina, el León de Durango; junto a él marchaba el joven general sinaloense Rafael Buelna.

A la izquierda de Zapata, haciendo caracolear a su soberbio alazán tostado, el general Francisco Villa, enfundado en un sobrio uniforme azul, respondía a los vítores de la multitud. Al lado del Centauro cabalgaba el despiadado Rodolfo Fierro. El general Mateo Almanza aparece en las fotos mirando con asombro los balcones de los edificios. Los seguían 18 000 hombres de las tropas del Sur, y cerraban el desfile 15 000 soldados villistas de las tres armas encabezadas por el general Felipe Ángeles.

Terminado el desfile, Villa, Zapata y sus estados mayores se dirigieron a Palacio Nacional, desde cuyo balcón central el presidente elegido por la Convención, Eulalio González y sus ministros los habían visto desfilar.

Ministros y generales comieron opíparamente y, por fin, les mostraron el Palacio a Zapata, Villa y sus acompañantes. Al ver lo que alguien le dijo que era la silla presidencial, Villa se sentó y los fotógrafos inmortalizaron el momento. Ese fue, simbólicamente, el punto culminante de la revolución campesina.

Los protagonistas, más de 30 000 soldados revolucionarios, quedaron simbolizados en el imaginario colectivo en la figura de sus dos jefes visibles, Emiliano Zapata Salazar y Francisco Villa (nacido como José Doroteo Arango Arámbula). Ambos destacan entre los dirigentes de las revoluciones sociales modernas por su origen popular y crecieron hasta convertirse en mitos.

¿Cómo habían llegado hasta ahí? ¿Cómo fue posible que los dos líderes más importantes de la revolución popular pudieran tomar la capital de la república, algo impensable todavía durante el gobierno de Díaz? ¿Cómo había surgido y crecido el movimiento campesino representado por Villa y Zapata que logró tal hazaña? ¿Y qué pasó después?

Si el zapatismo fue el movimiento campesino más radical de la Revolución mexicana, el movimiento vinculado al nombre del general Francisco Villa representó la potencia del pueblo en armas y la posibilidad real de transformar al país mediante la victoria político-militar. Pero durante décadas, ese poderoso movimiento fue opacado por la controvertida imagen de su dirigente y los múltiples mitos que sobre él se crearon. Por ello, cuando inicié mi carrera como historiador, me pregunté ¿Quiénes eran los villistas? ¿De dónde venían? ¿Por qué hicieron una Revolución? ¿Cómo la hicieron? ¿Qué esperaban de esta Revolución?  Estas son las preguntas a las que busqué respuesta a lo largo de esta investigación: la historia de la División del Norte, el ejército revolucionario más poderoso de la historia de América Latina u, sobre todo, la historia de sus hombres.

Estas preguntas buscan las raíces, las razones y los efectos del villismo, uno de los mitos más persistentes en nuestra historia, un movimiento que aunque fue derrotado, quedó marcado con tintas indelebles en la conciencia nacional y sigue siendo bandera e inspiración de movimientos sociales muchas veces contradictorios.

Buscan también el potencial revolucionario y la capacidad de indignación (es decir, la dignidad) de los campesinos mexicanos y por lo que hace que una revolución sea eso y no otra cosa.

Esta es su breve historia.

 

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