Los dos bandos de Morena: el que adula y el que lucha

Yeidckol Polevsky Gurwitz dirigente de Morena. Foto: Twitter @yeidckol Yeidckol Polevsky Gurwitz dirigente de Morena. Foto: Twitter @yeidckol

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Ciertas palabras altaneras que causan dolor áspero orillan a Frido Aliotti Kyan a sostener un diálogo hipotético con Agustín de Hipona. Agustín y Tomás de Aquino, son, a no dudar, de las mentes más brillantes del pensamiento cristiano y universal. Aquí va el diálogo, ataviado de filosofía política, tan útil en tiempos epidérmicos y frívolos.

Frido: Debo decirte, Agustín, que te admiro como a pocos, desde que leí al comienzo del Capítulo XXVII del Libro Décimo de tus Confesiones aquella frase conmovedora: “¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Aquí en México, te confieso con tristeza, muchedumbres “carecen ya de tú en el yo”. Enfermas del espíritu, han dejado de sentir afecto por esa hermosura soberana, siempre antigua y nueva, y en consecuencia por su prójimo, por el pobre, el indígena, el zapatista, el mestizo, el refugiado, el migrante humilde.

A ellos se les detesta, se les margina, se les desecha, se les insulta, se les apresa, se les reprime, se les deporta, se les margina.

Agustín: Efectivamente, Frido, ese doble afecto que me dices abandonado, es el que excluye el “hinchado orgullo” de los hombres. Hoy, la manipulación de las emociones a través de las redes digitales, el ambiente de miedo, incertidumbre, división, crueldad y violencia, condicionan y exacerban la mentalidad racista y xenófoba de las masas y de las élites, como índice sociológico de generalidad y de frecuencia.

Ya lo decía mi amigo Platón en el Gorgias, que prefigura valores cristianos de bien común: los políticos deben protegerse contra el grave peligro de cometer injusticia. Con Platón, Frido, convivo a diario en banquetes de inteligencia donde hablamos del bien.

Frido: Ya me imagino esos banquetes, acompañado de Sócrates, Platón, del Estagirita, Tomás, Domingo, Antonio de Padua, Teresa, Suárez, Pascal …. Y, dime, volviendo al tema ¿cómo se logra esa protección para el político justo, Agustín?

Agustín: Antes de responderte, te digo, sí, en efecto, con todas esas lumbreras y más convivo a diario en un pugilato intelectual fascinante, muy poco común en el mundo terrenal actual, tan asonsado. Ahora respondo a tu pregunta acerca de cómo deben protegerse los políticos contra el peligro de cometer injusticia: para Sócrates, mediante el conocimiento del bien, para Aristóteles, a través de la práctica, del hábito de ejercer la virtud del prudente, del que delibera bien con inteligencia deseosa, y no con la calculada mezquindad de los que frecuentan el conocimiento y actuar maquiavélicos.

Frido: Claro como el agua, Agustín, amigo. Y ahora voy al tema que te anticipé. He escuchado palabras perturbadoras, harto ofensivas contra mis hermanos refugiados de Centroamérica que transitan por este México. Han salido de boca de autoridades mexicanas.

Palabras cargadas de “astucia mundana” que remedan las del enjaulador de niños en Estados Unidos, las de quien prepara para los refugiados campos de concentración, las de quien separa a infantes de sus padres sin miramiento, sin entrañas, las de quien amenaza al mundo como un Atila. Se sirven de la palabra envilecida para truncar derechos, para enlodar lo sagrado de cada ser humano en desgracia.

Lenguaje ese atroz, mensajero de racismo, fijador de actitudes contrarias a la solidaridad más elemental, que privan de sentido a la realidad humana reduciéndola a objeto desechable, a mercancía descompuesta, a basura.

Agustín: Muy cierto, Frido, la palabra se derrumba cuando se le vacía de auténtico sentido humano, de verdad, belleza y justicia. Deja ella de ser “don matutino” para trocarse en levantado, amenazante y negro aguijón.

Frido: He aquí dichas palabras perturbadoras: “Y, si quieres atravesar nuestro territorio para llegar a otro país, pues probablemente lo que vas a encontrar es que te vamos a decir: ‘no queremos que atravieses nuestro territorio’; si vas de paso, si tu objetivo es llegar a otro país… ¿Por qué? Porque le vas a crear un problema a nuestro país”.

Y para rematar, en búsqueda de refugiados se procede a pedir identificación a quienes viajen en autobuses, en violación del artículo séptimo de la Ley de Migración y de la Constitución misma, aún vigentes. (Caso diferente es el de los viajes en avión, donde hay normas internas e internacionales, que permiten tal exigencia).

Agustín: Denotan esas palabras y exigencias, frialdad autoritaria; carecen ellas de argumentos de razón, de sentimientos, de la menor fineza; lenguaje cuyo fondo es: no contrariar al Atila norteño.

Equivalen a decir, tu presencia misma migrante, es el problema; tus derechos son el problema, tu anhelo de mejor vida al huir del hambre, de la muerte o de la postración interminable, es el problema. Tú, tan ajeno a mí que porto pasaporte y llego en avión a mi país, ufano de sumisión. Tú, miserable, eres el problema. En suma, “el infierno son los otros”, el infierno eres tú refugiado y tu sed de humanismo, que vienes a importunar mi contentamiento animal, y por tanto quédate en tu infierno o lárgate de aquí.

Frido: Para dorar la píldora mediáticamente a propios y extraños, se festina un plan de desarrollo para fortalecer la economía de Centroamérica, como si la nuestra fuera el paraíso. Pero ese plan, en caso de que funcionara –lo que es muy improbable dados los frustrados intentos similares del pasado–, tardaría años en dar frutos.

En el corto y mediano plazos, el único país que tiene la obligación y capacidad económica de brindar asilo a los refugiados es Estados Unidos, no México, que tiene graves problemas de seguridad, pobreza, violencia y, por ende, incapaz de garantizar protección debida a los refugiados.

Agustín: Y eso de que se ganó tiempo con la firma del pacto, es una bobada para lactantes, pues se perdió todo al someterse a los caprichos de un hombre perverso, tal como lo acaba de decir –con calificativo aún peor– Roberta Jacobson, exembajadora de Estados Unidos en México, a la cadena BBC.

Frido: Y, lo más grave y triste: tales palabras son arremedadas por la masa tumultuosa, manipulada por una ideología de odio al Otro, al prójimo, al que Levinas y Buber rinden reverencia. Odio al refugiado que quiere llegar no aquí, sino a Estados Unidos a ejercer el derecho de asilo que le corresponde por ley. Pero la nación le niega ese derecho de tránsito para pedir asilo allá, porque firmó ella un acuerdo con Estados Unidos que le autoriza a devolverlo a México.

Agustín: Esas palabras dichas por la autoridad a migrantes en México y remedadas por las masas carentes de historia y conciencia, aturden la esperanza de los refugiados y, lo más siniestro, equivalen a justificar los gritos de tribu lanzados por las salvajes autoridades yanquis a los hermanos mexicanos que cruzan la frontera norte en busca de trabajo y buen salario, que aquí se les niega.

La nación más poderosa de la tierra, con recursos naturales y económicos infinitos, supuesto baluarte de las libertades, se exhibe mezquina, cruel, arbitraria en extremo, ¡y aquí se le emula por tantos con alma acomplejada de esclavos!

Frido: Y, de esa manera, algunas autoridades y masa se sienten muy complacidas en hermandad egoísta, al denostar al migrante pobre. Es contradicción flagrante, convocar a las multitudes a ser respetuosas de la dignidad del refugiado en tránsito y, al mismo tiempo, militarizar la frontera sur, deportar como nunca antes, y firmar el acuerdo migratorio que permite al yanqui devolver a México a los solicitantes de asilo para que aquí o en sus países sufran purgatorio o infierno.

Agustín: Esa devolución no solamente viola el derecho internacional, sino el propio derecho interno de Estados Unidos, como bien lo ha señalado la legisladora demócrata, Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, así como destacados juristas honorables de dicha nación. La separación de familias, el enjaulamiento de niños, la denostación y deportación ilegal de refugiados que con frecuencia trunca vidas, por parte del remedo de gobierno yanqui, constituyen presumiblemente conductas punibles, de lesa humanidad por su carga de odio, ser sistemáticas y masivas con fines implícitos de depuración para “hacer grande su país”.

Frido: Por todo ello, resulta providencial lo dicho por el prestigiado economista mexicano, Calva Téllez, sobre el trasfondo de la firma de ese acuerdo migratorio, firmado por los dos países el pasado 7 de junio, acuerdo que pasará a la historia como una claudicación en palabras parecidas de Muñoz Ledo.

He aquí lo señalado por Calva: “Se pintó un panorama desolador en caso de que no hubiera acuerdo con Estados Unidos. Se asustó a la población, se asustó al presidente con el petate del muerto”. Tuvo en sus manos el gobierno de México, explicó, el instrumento del tipo de cambio para negociar con Estados Unidos, pero no lo quiso utilizar.

Y abundó Calva diciendo: “México sí puede compensar vía depreciación del tipo de cambio, sin que se afecte la planta productiva y el empleo, porque 80 por ciento del comercio exterior es con Estados Unidos. En cambio, ese país no puede hacerlo. Esa es la única honda de David que tenemos contra Goliat. La política cambiaria del tipo de cambio real competitivo es la mejor política industrial que un país puede tener y China es un buen ejemplo”.

Agustín: Formidable eso del “petate del muerto”; son de especial trascendencia política las críticas de Calva, de Muñoz Ledo y, sorpresivamente para bien, las de John Ackerman, hay que reconocerlo como demócratas ante el adversario ideológico. Éste dijo que tal acuerdo migratorio representa una intromisión inaceptable para la soberanía nacional de parte de Estados Unidos, ya que significa “el compromiso del Estado mexicano de modificar sus leyes a petición de Washington, sin absolutamente nada a cambio… De ahí la importancia de la división de poderes, y las protestas de destacados legisladores”.

Frido: La crítica al poder desde el poder es muy fructífera por ser cuña del mismo palo; tan es así que en esta materia migratoria de fundamental importancia, quedan definidos ahora los bandos en Morena: de un lado, el de quienes adulan los lados bajos de la naturaleza humana, el de quienes hinchan de grasa el cuerpo de las masas, atrofiando sus fuerzas, y del otro, el de quienes luchan contra esos lados oscuros, formando con persuasión y ejemplo la conciencia del pueblo, siguiendo la ruta profética del Gorgias.

Recapitulo: en una esquina, los que adulan y denigran, y en la otra, los que libran el buen combate para elevar del polvo al desvalido, al refugiado, educar y hacer grande al pueblo, gestionando el bien común. Agustín, gracias amigo por traernos luz.

Termino: En manos del presidente de la República queda en instancia última el definir para la historia quiénes prevalecerán en Morena, los que adulan o los que luchan. Vaya responsabilidad y, a la vez, oportunidad inédita de grandeza y renombre perdurables. Sócrates o Calicles, el dilema; una Morena de izquierda, humanista, libre, fraterna, o una Morena de ultraderecha, trumpista, agachada, colaboracionista.

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Fin del diálogo. Dedico este artículo a John Ackerman por haber sido crítico severo del contenido del acuerdo migratorio del 7 de junio, a pesar de su filiación partidista y de su acostumbrada manera de defender todo lo moreno. Por cierto, al acuerdo migratorio de pura cepa neoliberal, se suma ahora el asimétrico T-MEC, de la misma cepa al privilegiarse políticas de propiedad intelectual, por ejemplo, depredadoras, devastadoras de soberanía, ecología, campesinado humilde; el economista Gerardo Esquivel H., de mentalidad progresista, podría advertir al Ejecutivo de esos peligros. Ya hablaremos de ello.

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