Inadmisible, que AMLO afecte instituciones y libertades: Enrique Krauze

MADRID (apro).- El historiador Enrique Krauze advirtió hoy aquí que es “inadmisible” que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador toque importantes instituciones nacionales de México y las libertades de opinión y crítica en el país.

Tras su intervención en el XII Foro Atlántico “Iberoamérica de Cara al Futuro”, que organiza la Fundación Internacional para la Libertad, que encabeza el premio Nobel Mario Vargas Llosa, Krauze dijo a Apro, en breve entrevista:

“No objeto la instrumentación de la política social de López Obrador. Hay muchos aspectos en los que yo estoy de acuerdo, el combate a la corrupción ¿cómo no voy a estar de acuerdo? La política económica no me convence, pienso que puede ser y que ya está siendo muy disruptiva, pero tiene el mandato para hacerlo”.

“Lo que yo objeto es el riesgo de las instituciones centrales, como el Instituto Nacional Electoral, el de Transparencia, el de regulación energética, el INEGI; y el respeto irrestricto a las libertades, que debe incluir que debe dejar de acosar y señalar a los periódicos o revistas o personas que lo critican, como si fueran enemigos”.

Sobre la polémica en que él se vio envuelto en la presunta trama para descarrilar la candidatura de López Obrador, Krause prefirió no abundar en el diferendo.

“Las instituciones y las libertades, eso es lo que me preocupa y me importa. La preservación de las instituciones, la autonomía del Poder Judicial y la protección a la crítica y a la opinión, sin que quienes la ejercemos seamos objeto de mentiras y calumnias”, explicó.

A primera hora, al inaugurar el foro, Vargas Llosa señaló su preocupación por el caso mexicano y el riesgo de que López Obrador busque “perpetuarse en el poder” con mecanismos democráticos.

“Me preocupa mucho México, un gran país que reverbera en toda América Latina, porque ahora tiene en la presidencia a un populista, que además ha obtenido una mayoría extraordinaria, un poder extraordinario que puede destruir la democracia y perpetuarse en el poder con mecanismos democráticos”.

Sobre ese riesgo de que el actual presidente busque perpetuarse, Krauze respondió al ser preguntado, que “López Obrador) ha dicho muchas veces que no, yo quiero creerle. Él ha dicho muchas veces que es maderista de convicción, quiero creerle. (Pero) en teoría, si él piensa que el pueblo mexicano se lo pide, pues podría arriesgarlo, yo creo que sería un error histórico”.

En su ponencia, Krauze que el régimen del PRI, que él llamó “la presidencia imperial” y que Vargas Llosa bautizó como “la dictadura perfecta”, tuvo una duración de 71 años, que no fueron todos idénticos, porque “pese a sus defectos, el PRI tenía aspectos modernos, porque “no era un régimen populista”.

Krauze consideró que a diferencia de la opinión del expresidente español Felipe González, quien “considera que López Obrador es el último presidente del PRI. Yo no lo creo así, sino que es el primer presidente populista de México”.

Recordó que los dos instrumentos del régimen priista era, el PRI primero, y la Presidencia de México, después. “El presidente (en aquel período) no era dueño del PRI”. Este partido era una especie de “corporación de corporaciones, con obreros, campesinos, burócratas y, en su momento, militares. Era una corporación con representaciones sectoriales, regionales y había una lucha política interna”.

Aunque casi siempre el PRI estaba de acuerdo con el presidente, “el presidente era el todo poderoso, pero no era dueño del PRI”. Y cuando el Ejecutivo tenía actuaciones populistas, el partido “lo acotaba”.

Es por ello, recordó, que en el nacimiento del partido, Plutarco Elías Calles señala que “se acabó la época de caudillos y empezó la época de las instituciones”.

En las décadas finales del siglo pasado, continuó, el movimiento democrático en México buscó que las instituciones fueran efectivas para transitar hacia una democracia, como “la división de poderes, que haya elecciones limpias y transparentes –donde las elecciones las manejaba la secretaría de gobernación hasta 97, el gobierno era juez y parte—. Queríamos un Poder Judicial autónomo, representación plural en las Cámaras, un órgano de manejo autónomo de las elecciones y libertad de expresión”.

“Ocurre que lo logramos”, señaló.

En su opinión, los presidentes Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto no tuvieron gestiones particularmente sobresalientes. “Fox tuvo en sus manos, puesto que era un presidente muy popular, una reforma profunda de los aspectos clientelares del régimen, pero no lo hizo porque no era un hombre con vocación política”.

Vocación política y oficio que sí tenía Felipe Calderón, dijo, “pero siempre tuvo la sombra, como fantasma, a Andrés Manuel López Obrador, que perdió esos comicios por 1.02% y nunca aceptó haber perdido; se erigió como presidente legítimo de México y fue una presencia y sombra sobre Calderón todo el sexenio”.

Y, en el caso de Peña Nieto, representó una “esperanza de que el PRI había aprendido la lección” y poderse desarrollar bajo un marco democrático. Y aunque introdujo algunas reformas de gran calado (educativa, fiscal y energética, señaló), a Peña la corrupción lo aniquiló.

Sobre la abrumadora mayoría que apoyó a López Obrador (30 millones de votos, más del 50% del electorado), Krauze considera que la explicación que él encuentra es que, “en México se produce un fenómeno que es la tormenta perfecta: el tema de la violencia y de los grupos criminales”.

“Al mismo tiempo que la democracia mexicana tuvo un efecto centrífugo del poder, el presidente dejó de tener ese gran poder que tenía y se crearon feudos de poder formal en los gobiernos locales. Pero también (feudos de poder) informal con los grupos criminales con un poder que antes no tenían, y se da a la par que los narcos mexicanos absorbieron a los colombianos, se fortalecieron de una manera enorme y empezaron a distribuir droga dentro del país y a distribuir armas, porque Estados Unidos en 2004 levantó el embargo de las armas”.

El también miembro de la Academia Mexicana de la Historia sostiene que “este fenómeno de la inseguridad y la violencia desquició a la sociedad mexicana. Entre 1930 y el año 2000, el índice delictivo se mantuvo en una tendencia horizontal y ahora son verticales y siguen creciendo”.

“Lo que yo creo es que se produjo una combinación entre decepción de la población por el manejo del nuevo PRI, desconcierto e ignorancia que el país se había precipitado en una violencia y la corrupción del PRI”.

Este es el elemento catalizador, que en México “se necesitaba la respuesta redentora, mesiánica, salvadora, una respuesta a ese fenómeno de la violencia, porque en los sexenios anteriores nadie fue capaz de explicar de forma convincente qué estaba ocurriendo”.

Resumió que en México no había una crisis económica, ni una crisis social. Se estaban construyendo instituciones sólidamente en una democracia joven, frágil, pero nadie pudo explicar lo que sucedía, porque Peña Nieto “con dificultades podía hilar dos frases, no sólo porque no se le daba la comunicación, sino porque no tenía credibilidad y estaba más preocupado en sus dos temas, la corrupción y jugar golf”.

“Esta frivolidad, esta corrupción y sobre todo este desconcierto vago y desesperante de la violencia fue el caldo de cultivo que llevó a eso”, explicó.

Al preguntarse ¿dónde estamos?, Krauze se respondió que él le comunicó a estudiantes de universidades que visitó que era seguro que López Obrador introdujera sus propias reformas y revertir otras “en el sentido equivocado para el desarrollo de México”, como ha ocurrido, como con la energética, y la cancelación del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México.

“Pero me sostengo en lo que dije: Ese fue el mandato que se le dio con esa mayoría que tiene. El presidente puede hacer de su mandato política o social lo que quiera, pero no es admisible que toque las instituciones del país, lo que queda de la división de poderes y las libertades. Eso no. Que haga lo que quiera, pero eso no”.

“Y eso es lo que ha ocurrido. Esa es la afectación y lo que sucede día a día en los seis meses de su mandato”.

Ha afectado a los organismos de energía, de transparencia, de información. Está muy amenazado el Instituto Nacional Electoral. Desde luego las amenazas que pesan sobre la Suprema Corte de Justicia de la Nación son muy serias, expresó.

“Es un desmantelamiento sistemático de las instituciones e insisto, formaban parte del entramado de México del siglo XX y que explicaban la permanencia del PRI por largos años. Pero lo más preocupante es el acoso de las libertades de expresión”.

Criticó que mientras en Venezuela Hugo Chávez “tenía la delicadeza de recetar sus siete horas” de su conferencia semanal, en México “con las mañaneras, son dos horas todos los días, que dan pie, denunciando él mismo, la palabra del presidente, a los periódicos, a los escritores, a los intelectuales, los escritores que no están de acuerdo con él, en campañas de denuncias y de calumnias”.

Sin embargo, señaló que no ha perdido la esperanza de que “luchando, día a día, mi país, que es dinámico, despierte en 2024 en las elecciones intermedias y podamos recobrar la Cámara de Diputados y la senda de la democracia con libertad”.

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