Santa Lucía o una tercera vía

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Entre las muchas polémicas detonadas en un año, transcurrido desde que Andrés Manuel López Obrador obtuvo el triunfo electoral, ninguna ha resultado tan polarizadora como la decisión de cancelar el proyecto aeroportuario del sexenio pasado y el planteamiento de construir dos pistas en la base aérea de Santa Lucía.

Característica de la llamada “Cuarta Transformación”, la politización del asunto se concretó mediante una consulta no vinculante que, ofertada como ejercicio democrático, sirvió para buscar un poco de legitimidad ante la decisión de cancelar las obras de Texcoco.

Más allá de dicha consulta y el bombardeo declarativo tanto del mandatario y sus colaboradores involucrados en el nuevo proyecto como de sus opositores partidistas o empresariales, otro hecho destacable, también característico de la “Cuarta Transformación”, es el descuido de normas y el desdén por los procedimientos, que por lo pronto obligó a la activación de sus equipos legales.

En tanto el plan se judicializa, López Obrador ha optado por polemizar hasta el amago de exhibir a jueces en materia constitucional. Prejuzgando, el Ejecutivo se ha lanzado la idea de que los juzgadores son cómplices de los grupos de interés en torno al cancelado Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM).

Todo está ampliamente documentado: el NAIM, como estaba diseñado, representaba amenaza ambiental, problemas técnicos, especulación inmobiliaria y contratos onerosos para quienes fueron los principales contratistas de obra del sexenio.

Del otro lado, además de las maniobras políticas del presidente López Obrador, prevalece una insuficiente explicación sobre los costos de la cancelación del NAIM y diferentes aspectos técnicos.

En este contexto, una propuesta surgió como tercera vía: se trata de la propuesta que el empresario Jaime Sada Salinas presentó en una conferencia el pasado 11 de junio, ofreciendo su plan al gobierno a un precio de un dólar.

Jaime Sada jamás ha sido contratista gubernamental y, aunque es inversionista en distintos negocios, se ha familiarizado ampliamente con el sector aeronáutico desde joven. Hoy, piloto de múltiples licencias, tiene tres patentes aeronáuticas en Estados Unidos, otras tantas por drones de alta capacidad, y fue quien formó la ya extinta Aviacsa para Humberto Lobo y suele pasar sus fines de semana volando aviones ultraligeros.

En la conferencia donde presentó su plan, explicó mejor que cualquier vocero de la 4T por qué el NAIM representaba problemas técnicos serios, económicos, hidrológicos y ambientales. Y, aunque asegura que Santa Lucía es una buena opción, “la mejor que pudo tomar el presidente con la información que tenía”, afirma que hay otra.

La opción, sostiene, es retomar el proyecto del tren México-Querétaro, conectar Toluca, como ya lo plantea el mandatario, con el Internacional Benito Juárez, y construir un aeropuerto en el semi desierto ubicado entre Querétaro y la capital potosina, creando un sistema nodal que además sería relevante para la zona industrial con mayor potencial de desarrollo del país.

La propuesta de Jaime Sada va envuelta en datos y precisamente apela a la técnica descalificando la polarización:

“En México hay una guerra de dos facciones a un nivel muy alto, un encono con mucho dinero destinado a publicidad, a comprar conciencias, a intelectuales para que digan cosas que no saben o que saben, y mienten… porque los engañan o porque su trabajo es engañar a la gente”.

En medio de tanto ruido y polarización, quizás sea tiempo de explorar vías alternas si, como se percibe, para frenar Santa Lucía la oposición se propone ser eficaz.

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