El Fonca … otra vez en la polémica: ¿dispendioso? ¿innecesario? o ¿replantearlo?

Desde su creación, en 1989, el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) fue cuestionado. Cuando arrancó el gobierno de López Obrador se celebraron varias mesas para discutir el sistema de becas. Ahora revivió la polémica: para algunos es dispendioso e injusto, y por tanto innecesario; para otros, debe desaparecer o realizarse un diagnóstico profundo para replantearlo. Proceso consultó sobre el particular al embajador José Luis Martínez, quien dirigió el organismo entre 1995 y 2000, a los investigadores Tomás Ejea y Patricia Chavero, así como al director escénico José Luis Cruz, titular del Festival Internacional Ollin Kan Culturas en Resistencia.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El añejo debate sobre si el Estado tiene o no la obligación de apoyar con recursos económicos a los creadores artísticos volvió por sus fueros cuando la senadora por Morena, Jesusa Rodríguez, expresó su desacuerdo “con el arte subsidiado” y expresó en una conferencia que las becas del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) deberían desaparecer.

La también directora teatral, actriz, exbecaria del Fonca y ganadora de la beca Guggenheim en 1990 aseguró que siempre trabajó fuera del presupuesto oficial y, tras convocar a académicos, científicos, políticos y empresarios a “bajarle” a los privilegios, señaló:

“Me parece vergonzoso que la gente se haya repartido esas becas porque son artistas excelentes. Pues sigan siendo excelentes, pero váyanse a la iniciativa privada, dejen de vivir del presupuesto.”

El video de la agencia Notimex Becas del Fonca: entre la opacidad y el despilfarro, donde se dan nombres de creadores que han gozado de la beca por varios años, azuzó el fuego. Se creó el hashtag #YTúQuéHicisteConElFonca, en el cual diversos artistas piden no “criminalizar” a los becarios y hablan de sus creaciones con el apoyo económico.
Si bien con algunos periodos de calma, el Fonca no ha dejado de estar en el ojo del huracán desde su creación el 2 de marzo de 1989. Fue entonces, en una pomposa ceremonia en el Salón de Recepciones del Palacio Nacional atestiguada por reconocidos artistas e intelectuales, entre ellos Octavio Paz –“radiante esa mañana”–, cuando cobró forma la propuesta que el poeta había lanzado en 1975 junto con el grupo de la revista Plural que dirigía (Proceso, 644). En la primera entrega se llegó a murmurar que el Nobel de Literatura “palomeó” a los ganadores.

Los últimos seis meses han sido controvertidos: en diciembre llegó a la secretaría ejecutiva Mario Bellatin. En marzo se convocó al Foro de Consulta para la Comunidad Artística, pero ante la ausencia del escritor, un grupo de asistentes exigió a gritos una “consulta verdadera”. A los pocos días renunció, y llegó Marina Núñez Bespalova, quien convocó a tres nuevas mesas en Monterrey, Nuevo León; Mérida, Yucatán, y la Ciudad de México.

Según José Luis Martínez Hernández, propuesto para embajador en Turquía y secretario ejecutivo del Fonca entre 1995 y 2000, la tradición de apoyar la creación artística se remonta al mundo prehispánico, y a lo largo del tiempo tuvo diversas formas antes de llegar a la institución del fondo.

A decir suyo, lo anterior significó un “cambio decisivo en la relación entre los intelectuales y el Estado”, pues otorgó el apoyo directo, sin intermediarios “ni decisiones subjetivas”, escribió en el libro Arte y cultura en movimiento. 20 años del FONCA, publicado en 2010 por el Fonca y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), hoy Secretaría de Cultura (SC).

Sobre los vicios de esos apoyos, la crítica de arte de este semanario, Blanca González Rosas ha escrito un sinnúmero de columnas, entre ellas: “Polémica sobre ‘Los dispendios del Fonca’”, “La perversión del Sistema Nacional de Creadores”, “Las becas del Fonca”, “El gran fracaso del Fonca”, y en lo que va de este año “Austeridad vs. Derroche”, “El vergonzoso Foro del Fonca” y “Subsidios y mecenazgos en las artes visuales” (este último apenas la semana pasada).

¿Debería desaparecer el Fonca? En estas páginas los investigadores Patricia Chavero y Tomás Ejea, especialistas en políticas culturales, explican porqué no, pero plantean la necesidad de una reestructuración. A su vez, el director de teatro José Luis Cruz es enfático al afirmar: “Si nació en un sistema neoliberal al cual el presidente Andrés Manuel López Obrador declaró la muerte, debe también suprimirse”.

Con la mano derecha

Maestro en Teatro y en Historia del Arte, el sociólogo Ejea Mendoza, quien aparece en el video de Notimex, aclara que no se pronunció ahí contra el sistema de becas. Más bien reconoce aciertos y errores y su opinión va en el sentido de una reestructuración.

Ciertamente, dice, fue el mecanismo elegido por el presidente Carlos Salinas de Gortari para atraer artistas e intelectuales, como señala el reportaje que Proceso publicó el 24 de octubre de 1988. Se lo confirmó el fundador del Conaculta, y por ende del Fonca, Víctor Flores Olea, en una entrevista en febrero de 2009:

“Carlos Salinas de Gortari le quería dar una cara de izquierda a la cultura para equilibrar todo lo que en el plano económico iba a hacer por la derecha”.

(https://www.scielo.org.mx/pdf/soc/v24n71/v24n71a3.pdf)

En entrevista telefónica con ese semanario, el coautor con Ahtziri Molina Roldán del libro Poder y creación artística en México. Un análisis del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), aparecido en 2011, considera un exceso proponer su desaparición.

La secretaria ejecutiva del fondo, Marina Núñez Bespalova, descartó ante los medios su desaparición. Dijo que está asegurado presupuestal y estructuralmente para todo el sexenio y discordó de Jesusa Rodríguez, pues en su opinión los creadores no son una “casta de privilegiados”. Y anunció el fortalecimiento de la institución.

Ejea precisa que para una reestructuración es indispensable que el propio gobierno federal realice una valoración previa y sistemática para conocer cómo ha funcionado. Y en respuesta a Núñez Bespalova, indica que el fortalecimiento implica un verdadero análisis y una consulta a todos los involucrados, incluidos desde luego los artistas y creadores.

Se le recuerda la consulta de marzo pasado en la Biblioteca de México:

“Una cosa es hacer una consulta sin un verdadero plan de evaluación, como se han hecho, y otra es pensar en una evaluación histórica y actual, con parámetros claramente definidos, entre los que se incluya la consulta sólo como un elemento. Mientras no se haga esa evaluación se van a seguir generando polémicas y conflictos estériles, y de lo que se trata es de tender puentes de comunicación.

“Qué mayor puente que una valoración seria, formal, profunda de cómo ha sido el Fonca desde su origen, qué objetivos ha tenido, qué ha logrado, en qué basa sus éxitos y cuáles son sus fracasos, cómo repercute todo ello en la situación actual. De esa forma se tiene una evaluación que permita decir qué hay que quitar o dejar. Si nada más se abre una consulta para oír anárquicamente qué opina todo mundo, es simplemente un escenario para escuchar argumentos sin articulación entre sí.”

Comenta que el origen del Fonca fue la búsqueda de legitimación de Salinas de Gortari, pues llegó a la presidencia luego del fraude electoral de 1988, pero subraya que a treinta años de su creación sigue siendo sustancialmente el mismo, “con sus virtudes y defectos, tan es así que los gobiernos panistas y priistas no lo cambiaron, porque genera legitimidad”. Piensa, sin embargo, que tiene programas muy valiosos como el del Teatro El Milagro, que tendría muchos problemas sin el apoyo.

Por eso hacen falta los “datos confiables sobre los resultados de los dineros que se han distribuido y saber qué tan exitoso ha sido”. Por lo pronto, ha tenido éxito “en términos de generar legitimidad, con el neoliberalismo o sin él, y así ha sido el sistema de becas en otros países como Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Uruguay, e incluso en Estados Unidos con el National Endowment for the Arts (Fondo Nacional para las Artes), en Inglaterra o en Francia, que tienen programas muy semejantes; por eso resulta poco creíble que se piense que el gobierno lo va a eliminar, decirlo es un despropósito”.

Se ha señalado la falta del Programa Nacional de Cultura, que dará marco a los cambios que se hagan en el Fonca. En ese sentido, el investigador precisa que el Plan Nacional de Desarrollo se entregó en tiempo al Congreso de la Unión. A partir de su aprobación comenzarán a elaborarse los planes sectoriales especiales, pero de acuerdo con la Ley de Planeación se está en tiempo para darlo a conocer en unos meses, “no hay un vacío”.

Comunidad excluida

El director de teatro José Luis Cruz ha participado en los debates de los últimos meses. Al hacer un balance de las mesas realizadas en la Biblioteca de México con la presencia de Núñez Bespalova, recordó que el origen de la inconformidad en la comunidad artística y cultural fue el recorte presupuestal para 2019, pues el monto ni siquiera igualó al de 2018.

Se debe señalar que el descontento se ha extendido a los sectores científicos y académicos, afectados también por el programa de austeridad que ha provocado señalamientos hacia López Obrador acerca de su desinterés por la cultura, el arte y la ciencia. Se ha dicho incluso que su concepción de cultura es “muy limitado” pues afirma que “como nunca” se ha dado apoyo a los pueblos originarios, pero evita hablar propiamente de arte.

Cruz declaró a Proceso, tras una mesa en la Biblioteca de México a fines de marzo, que luego de los recortes vino una serie de errores en las instituciones:

“La gente no siente que la secretaría y los funcionarios actuales estén defendiendo sus propuestas, es decir, la mayoría de los que estamos acá somos gente del arte, somos artistas, pero ubicados dentro de una izquierda muy crítica. El gobierno y la secretaría deben de saber que la gente crítica de cultura votamos por Andrés Manuel López Obrador, no lo ocultamos.”

Indica que en la comunidad cultural hay simpatizantes y otros militantes de las izquierdas y confiaron en que serían convocados a participar en la gran transformación de México, y resultó que están excluidos. Ahora “somos una comunidad lastimada, ninguneada”. Abundó:

“¡No puede ser! Ya venimos de un sistema autoritario poco incluyente, más bien excluyente, que marginó porque era parte del neoliberalismo, del elitismo que se venía dando y benefició a las grandes empresas, no a los creadores. Los creadores reciben migajas (la dramaturga Sabina Berman afirma a Notimex que el monto de las becas representa el 8% del presupuesto total del sector cultural).”

En las mesas de reflexión en torno al Fonca, explica, se hizo la crítica a la distorsión del sistema, porque hay grupos “que lo han secuestrado y repiten y repiten”. Se dijo, en efecto, en ese momento, que hay creadores que pasan de ser consejo dictaminador a becarios y viceversa, en un círculo sin fin en el cual premian a quienes como jueces los beneficiaron.

Eso debe transformarse, pero Cruz no ve cuáles son los propósitos de los nuevos funcionarios, porque “ni siquiera hay un plan nacional de cultura, no hay un proyecto donde se pueda dialogar con ello, hay por ahí ciertas ideas, pero no sabemos qué quieren hacer, cuál es el proyecto de cultura de la Cuarta Transformación.

“No sabemos siquiera si los funcionarios la representan porque no van con el presidente, el presidente parece estar solo en varias áreas, de hecho está solo, y nosotros queremos apoyar, la comunidad artística quiere involucrarse en los proyectos.”

Y no tiene duda respecto de las becas:

“No creo que solucionen nada. Son un paliativo para que alguien, dos o tres que han venido repitiendo a lo largo de 30 años, tengan su modus vivendi. Entonces, se necesita un diagnóstico, que ya debería de existir y ser público y a partir de ahí hacer una nueva reflexión.

“Pero cambian de funcionario y resulta que el diagnóstico anterior se había hecho mal, regular o pésimo, se conoce a medias y la nueva funcionaria dice que no es representativo de la secretaría, ¡bueno!, ¿en qué entidad estaba entonces este hombre (Bellatin), era marciano o qué era? Se le pregunta a ella cuál es su diagnóstico y no contesta.”

Le parece increíble que aún respondan que no hay un diagnóstico porque acaban de entrar, cuando desde el 1 de julio, al ganar López Obrador la presidencia, se sabía que iban a entrar a la SC, y llevan meses trabajando desde la transición.

Si hay un clamor popular por cambiar las cosas en el país, el director escénico indica que igual es en el campo cultural, y los propios becarios admiten que ya no se puede continuar con el Fonca como está, porque ahí “en ese pequeño espacio se reproduce la depredación y la falta de oportunidades del capitalismo de compadres de Enrique Peña Nieto”.

Puntualiza que si el modelo económico neoliberal se agotó, el Fonca, que nace dentro de ese sistema, se agotó también:

“Lo que pasa es que hay funcionarios, los que pertenecieron a esa camada de hechura de Rafael Tovar y de Teresa (expresidente de Conaculta y primer secretario de Cultura) que están adentro todavía y no sabemos si van a cambiar. No es algo personal contra nadie, debemos de subrayarlo, el problema es el proyecto:

“¿Cuál es el proyecto cultural de la Cuarta Transformación? Si son las misiones culturales en 300 municipios o los que sean, sí, pero qué es, dónde está articulado todo el proyecto, quiénes lo van a operar, qué artistas van a llegar. Porque son proyectos, son políticas públicas que deben aterrizarse con la comunidad artística o de dónde van a sacar a los artistas. Nosotros, por ejemplo, nuestra organización representa a más de 800 artistas.”

Dice que los artistas están preocupados cuando deberían estar contentos por el triunfo de López Obrador, porque iba a haber una transformación. Insta a las funcionarias responsables (la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, y a Núñez Bespalova) a abrir sus percepciones “porque en realidad no conocen el país, están encerradas en su pequeña oficina y tienen que ser más proactivas, necesitamos un sacudón revulsivo en la cultura en México, si no, no va a funcionar”.

Balazo a la producción

Especialista en Políticas Culturales y Gestión Cultural por la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa, miembro del Grupo de Reflexión en Economía y Cultura (Grecu) y autora del libro Los asuntos de cultura en tiempos de cambio, Patricia Chavero llama la atención sobre un tema que ha sido poco visibilizado:

Ante el desmantelamiento del sector cultural en el nivel presupuestal, las instituciones se replegaron, dejaron de hacer la labor para las cuales fueron creadas y abandonaron la producción. Y el Fonca ha suplido ese lugar. La investigadora se pregunta con cuánto operan realmente instancias como las coordinaciones nacionales de Danza, Teatro o Literatura, porque si en los setenta hubo la queja de que el 80% del presupuesto se iba a la burocracia, “hoy estoy segura de que todo se va a gasto corriente”.
Así, dice, incluso las compañías nacionales de Teatro (CNT) y la de Danza, por ejemplo, funcionan con un mecanismo financiero a través del Fonca.

–¿Como si fueran un becario más?

–¡Claro! Ese mecanismo se creó después de 2008, con los centros de Producción de Danza Contemporánea (Ceprodac) y de Experimentación y Producción de Música Contemporánea (Cepromusic).

Igual fue con la CNT, dirigida entonces por Luis de Tavira. Por ello opina que desaparecer el Fonca sería como darle un balazo en el pie a la producción.

Coincide en que Salinas retomó la idea que un grupo de intelectuales expuso en los setenta para crear las becas y “acabó con el modelo posrevolucionario de producción del arte para instituir un modelo neoliberal donde el Estado es facilitador, operador, coordinador.

“Si nos atenemos a las declaraciones de Jesusa Rodríguez, de que el papel del Estado no es dar becas, debemos preguntar cuál es entonces su función: ¿Es un operador o es un productor? Si ya no queremos esto, ¿cuál es la opción? No lo dicen, hay un vacío. No tenemos respuesta de cómo este nuevo régimen concibe la cuestión cultural y a la cultura, y eso es muy importante en la esfera de la gobernabilidad, por eso no entiendo el desprecio de esta administración.”

Señala también el dato aportado por la dramaturga Sabina Berman de que el 8% del presupuesto es poco para las becas.

“¡Es nada!, porque hoy estamos en el 0.02% de todo el Presupuesto de Egresos de la Federación para cultura, la verdad está muy castigado.”

Lo que debería hacerse, dice, es incentivar la producción, crear un circuito virtuoso para su distribución y consumo, porque hoy está fragmentado:

“Tengo la hipótesis de que hoy el arte se está desarrollando desde la informalidad, les molesta mucho a los legisladores, pero no hay reglamentos, no hay normas, no hay marco normativo”.

Este reportaje se publicó el 23 de junio de 2019 en la edición 2225 de la revista Proceso

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