Relator especial de la ONU alerta consecuencias “devastadoras” por desatención de cambio climático

Philip Alston, Alto Comisionado de las Naciones Unidas sobre pobreza extrema y derechos humanos. Foto: Tomada de @UNGeneva Philip Alston, Alto Comisionado de las Naciones Unidas sobre pobreza extrema y derechos humanos. Foto: Tomada de @UNGeneva

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Si la humanidad sigue sin atender “seriamente” el cambio climático y mantiene un sistema económico basado en las energías fósiles, las consecuencias serán “devastadoras”, sobre todo para las personas en pobreza, y se agravarán las brechas de desigualdad, alertó hoy el Relator especial de las Naciones Unidas sobre pobreza extrema y derechos humanos, Philip Alston.

En un informe alarmante que entregó al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, Alston insistió en que “incluso en el mejor escenario, cientos de millones enfrentarán inseguridad alimentaria, migración forzada, enfermedades y muerte”, y criticó el discurso “cínico y de corto plazo” de los tomadores de decisión para no atacar el cambio climático.

En ese documento, Alston incluso criticó abiertamente el sistema de las Naciones Unidas, cuyos pasos resultaron “claramente inadecuados y expresados en formas de gerencialismo y burocratización extremadamente desproporcionados ante la emergencia y la magnitud de la amenaza”, y lanzó: “llenar casillas no salvará la humanidad o el planeta de un desastre inminente”.

Añadió que “por mucho, la mayor carga (del cambio climático” caerá sobre los pobres, pero de ninguna manera serán las únicas víctimas”, pues señaló que “las familias de clase media, incluso en países desarrollados, caerán hacia la pobreza”.

Por otra parte, subrayó que los más adinerados del planeta serán “los mejor ubicados para lidiar con el cambio climático”, lo cual es una consecuencia “perversa” de un sistema en el que los ricos son las principales fuentes de gases de efecto invernadero –un integrante del 1% de la población más rica del mundo contamina 175 veces más que un humano ubicado en el 10% más pobre– y se han enriquecido con este modelo económico.

“Atender el cambio climático requiere un cambio fundamental en la economía global”, insistió el informe, y urgió la necesidad que las economías y sociedades salgan de la sobreexplotación de recursos naturales y de las energías fósiles.

La combinación de temperaturas inéditas, incendios forestales, diluvios, huracanes, sequías, falta de agua y elevación del nivel del mar amenazan la producción de alimentos y la vida de cientos de millones de personas, incluso en el caso de que la humanidad mantenga el incremento de la temperatura global por debajo de 1.5°C en 2100.

Con un incremento de 2°C, las estimaciones indican que entre mil y 2 mil millones de humanos carecerán de acceso al agua, se perderá el 30% de los cultivos, provocará un incremento de 250 mil muertes anuales por enfermedades, y obligará a 140 millones de habitantes de América Latina, África Subsahariana y Asia del Sur a desplazarse.

“El cambio climático amenaza el futuro de los derechos humanos y amaga con deshacer cincuenta años de avances en desarrollo, salud global y reducción de la pobreza”, abundó.

El informe también deploró que “a pesar de que el cambio climático se encuentre en la agenda de derechos humanos desde hace más de una década, sigue siendo una preocupación marginal para la mayor parte de los actores”.

Es más: el experto expresó su preocupación ante el surgimiento de líderes abiertamente hostiles al medio ambiente, como el ultraderechista presidente brasileño Jair Bolsonaro, quien prometió abrir la selva del Amazonas a la explotación minera y desmanteló las agencias ambientales, o el también ultraderechista presidente estadunidense Donald Trump, quien reniega incluso de la existencia del cambio climático.

Además, subrayó el papel central que juegan las empresas del sector petrolero –responsable del 70% de las emisiones de gases de infecto invernadero de toda la humanidad– en “prevenir cualquier cambio significativo” sobre el modelo económico, mediante chantajes y campañas de cabildeo agresivas.

“Todavía hoy, los Estados subsidian la industria de las energías fósiles con alrededor de 5.2 billones de dólares al año, equivalente a 6.3% del PIB mundial, otro billón se destina a la sobreexplotación de recursos naturales”, insistió el documento, al señalar la voluntad de los gobiernos en proteger a los inversionistas mediante la aplicación de tratados comerciales.

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