El México contemporáneo de Fernanda Melchor

La escritora veracruzana Fernanda Melchor. Foto: Twitter @HKW_Berlin La escritora veracruzana Fernanda Melchor. Foto: Twitter @HKW_Berlin

BERLÍN (apro).- Fernanda Melchor no puede ocultar la felicidad que le provoca que su Temporada de Huracanes esté siendo reconocida al otro lado del Atlántico. Una historia “tan mexicana, tan veracruzana y tan personal”, como ella la describe. Y además, traducida al alemán, idioma que, asegura, le parece fascinante pero del que no tiene la menor idea. “Es lo que todos los escritores deseamos”, dice sonriente.

El pasado 18 de junio la escritora veracruzana recibió el Premio Internacional de Literatura 2019 que otorga la Casa de las Culturas del Mundo (HKW) en Berlín por la que es su segunda novela. El galardón lo comparte con Angelica Ammar, quien la tradujo al alemán. Se trata de un renombrado premio que se entrega desde el año 2009 y que reconoce lo mejor de la literatura contemporánea internacional traducida al idioma de Goethe y Schiller.

La argumentación del jurado para premiar el trabajo de Melchor fue rotunda: “Temporada de Huracanes no es una novela que se haya propuesto ser una crítica del capitalismo pero aún así merece este premio por ser una novela política. En ella se describe de manera dolorosamente intensa un estado de emergencia sin ser nombrado explícitamente.

“Fernanda Melchor ha escrito la novela de la pobreza en el capitalismo global del siglo XXI, la novela de una violencia originada en la pobreza que se dirige contra las mujeres, los homosexuales y los más débiles. La novela de una lucha despiadada de los débiles contra los aún más débiles y contra ellos mismos”.

La precisión de la narrativa de la mexicana impresionó a los alemanes. Esa forma de describir la maldad del ser humano y de exponer la miseria que convierte a las víctimas en verdugos y viceversa no pasó desapercibida.

“La manera despiadada con la que Fernanda Melchor describe a estos personajes en su perdición, pero también en toda su crueldad y maldad esconde una forma más elevada de la compasión. La precisión es una forma de amar. Mirar para otro lado sería la auténtica crueldad. La belleza de sus frases hace que el terror de lo que habla se vuelva casi soportable”, concluye la declaración del jurado.

Y es justamente en la esencia universal de la violencia y crueldad humana en la que Fernanda Melchor encuentra el punto en común para que una historia “tan veracruzana” despierte interés en Alemania, Italia y Francia, a cuyos idiomas ya ha sido traducida.

“Mi novela tiene que ver con el lado oscuro que todos los seres humanos tenemos, con esa parte sombría del corazón que es muy humana y que nos impulsa a cometer actos terribles contra nosotros mismos y contra los demás y que normalmente es contenida por la moral, por las costumbres, los valores, la familia, o el amor. De lo que Temporada de Huracanes habla es de un fracaso en esta lucha y de cómo hay personas que cruzan la línea que divide lo bueno de lo malo y creo que todos los seres humanos tenemos eso en común”, explica en entrevista.

Para Fernanda Melchor es ésta su segunda ocasión en Alemania. En abril pasado viajó por primera vez para presentar su novela traducida al alemán y en diciembre regresará para recoger el Premio Anna Seghers 2019, que otorga dicha fundación a jóvenes escritores que honran el legado de la escritora judía al echar mano de la literatura para alcanzar una sociedad más justa y humana.

Sin proponérselo, Melchor se ha convertido en una especie de mensajera de la espiral de miseria y violencia en la que vive inmersa la sociedad mexicana, pero aclara que no era su intención.

“Nunca escribí Temporada de Huracanes con la intención de denunciar la tragedia humana que vivimos en México. Por supuesto que como mexicana me preocupa mucho lo que está pasando allá. Vivimos (las mujeres) presas del miedo, de la violencia, del crimen y es obviamente lo que quisiera que cambiara. Pero cuando uno escribe (literatura) no necesariamente se hace pensando en enviar un mensaje o en hacer alguna denuncia porque cuando eso sucede, aunque se tengan todas las buenas intenciones del mundo, la novela queda panfletaria, parece más bien un regaño y no aporta nada a la literatura. Lo que sí se puede, y es lo que hice, es tomar la decisión deliberada de hablar del presente, del México actual, del de los ranchos, del Veracruz rural, de ese México del que no mucha gente habla”.

Y fue justamente una nota roja publicada en algún diario local de Veracruz lo que dio origen al que fue considerado el libro del año por críticos y la prensa especializada en 2017 y que lleva hasta hoy 14 mil ejemplares vendidos en México y siete reimpresiones, además de tres traducciones. La bruja del pueblo asesinada presuntamente por su amante porque ésta realizaba hechizos para que regresara a ella. Una historia en apariencia sencilla y trivial que no lo es porque a través de ella y los personajes que la componen Melchor describe con maestría la complejidad de la violencia y desesperanza en la que se vive en el México contemporáneo.

–Has dicho que te hubiera gustado viajar al pueblo donde se cometió el crimen y hacer una investigación profunda para escribir la historia, tu A sangre fría. No lo hiciste por temor. Y sin embargo, tus personajes de ficción y sus historias son tan reales como las que uno lee cada día en la prensa mexicana.

–Así es. Se trataba de un pueblo en el que se sabía que había ya muchas desapariciones, muchos feminicidios y que estaba lleno de halcones del crimen organizado. Desistí de ir porque en esa época criaba junto con mi expareja a su hija y me detuvo la posibilidad de que algo me sucediera y la niña se quedara sola. Llegar a esa decisión fue realmente para mí un fracaso porque ya había publicado una novela y ya tenía cierto prestigio en cierto ambiente literario. Quería ir a investigar para escribir algo rompedor.

Pero el resultado, se le comenta, fue suficientemente rompedor como lo es la realidad mexicana. Melchor aprovecha entonces para hacer una reflexión sobre el papel que ha jugado su novela en la vorágine actual:

“Vivimos en una situación terrible a la que poco a poco nos hemos ido acostumbrando y eso me parece muy grave. A veces me preguntan qué necesidad la de andar escribiendo sobre toda esta situación y yo quisiera responder que todo es en realidad ciencia ficción, pero no lo es. Tenemos muchos problemas y es importante hablar sobre ello porque ya llegamos a un punto en el que damos la espalda a lo que sucede: si encontramos una nueva fosa en Veracruz ya no queremos saber más de eso porque quizás son sólo 200 cadáveres, y en Guerrero hubo otra con 300. Entonces ya no pesa el hecho.

“Me parece que entonces la literatura -que en realidad no debe de tener más función que la de contar historias- funciona para que estas cifras vuelvan a tener peso y carne y que el sufrimiento se sienta de nuevo como sufrimiento humano de verdad y no como números abstractos”.

–¿Crees que Temporada de Huracanes lo ha logrado?

–Quisiera pensar que si por comentarios que recibo de lectores. Me parece interesante cómo la literatura nos pone en contacto con otras realidades que a veces queremos borrar.

Menciona entonces el trabajo de la escritora Marina Azahua en Retrato Involuntario, que aborda el tema de la fotografía de actos violentos y la consideración que plantea: ¿Son inmorales las fotografías en la nota roja porque hacen espectáculo y morbo de la tragedia? ¿O más inmoral es, en la época de violencia extrema en la que vivimos, no voltear a ver los cadáveres de las víctimas?

“Y me parece que eso buscaba con Temporada de Huracanes: que volteáramos a ver el cadáver, la violencia. Cómo las mujeres son asesinadas impunemente sin que pase nada. Cómo la policía y autoridades en vez de brindar justicia sólo ven por su propio interés y cómo todos estamos en una lucha por la supervivencia al grado de que no volteamos a ver a nuestros propios hijos”, señala.

***

Fernanda Melchor siempre quiso ser escritora. Rechazó estudiar Letras porque no quería que la obligaran a leer ni le dijeran cómo hacerlo. Ella entiende la lectura como un espacio de libertad y sabía que para convertirse en escritora podía estudiar cualquier otra cosa.

“Quería tener un oficio por el hecho de que no se puede vivir de la escritura en un país con bajísimos niveles de lectura”. Escogió el periodismo porque además de escribir le fascinaba la idea de investigar y ser una especie de detective. No en vano sus heroínas de juventud fueron las investigadoras Dana Scully y Clarece Stirling, protagonistas de la serie X-Files y la película El Silencio de los Inocentes, respectivamente.

“De chavita me encantaban estos personajes femeninos tan fuertes que eran jóvenes muy inteligentes que sabían manejar y disparar armas y al mismo tiempo hacer un perfil psicológico. Quería convertirme en algo que me llevara a la calle y que también me permitiera pensar y el periodismo era lo más cercano a ello”, explica.

Egresada de la Universidad Veracruzana, Fernanda Melchor hizo periodismo por la libre. En los ratos de ocio que le dejaba su trabajo en el gabinete de prensa de su alma mater comenzó a escribir crónica. La ola de violencia iniciada desde el mandato de Fidel Herrera en Veracruz sacó a la joven reportera a las calles: “A partir de 2008 comenzó la violencia en Veracruz muy fuerte, pasaban muchas cosas, pero en los medios no se reflejaban y comencé a ejercer el periodismo libre, investigando los temas que me provocaban curiosidad, sin restricciones ni ataduras”, explica.

Sus crónicas fueron publicadas en medios como Milenio semanal o la revista de Guadalajara Replicante y más recientemente Vice y Letras Libres.

“Publicaba donde se podía, donde había espacio y escribía mis crónicas sin ninguna directiva, sin ningún editor que me dijera nada, sin plazos de entrega, sin apoyo institucional de un medio”, recuerda.

En los últimos años en México ha habido una especie de boom del denominado periodismo literario. ¿Por qué no seguiste esa línea que de alguna forma satisface tus gustos?

–Porque sucede que sí existe la necesidad de contar historias que vienen de uno sin necesidad de justificarlas en el exterior. La crónica me fascina y es lo que más me gusta escribir. Es padrísimo salir a la realidad, buscar testimonios, investigar y hacer este texto que cuente una historia que pasó con elementos de realidad en ello. Es muy placentero porque además estas incidiendo en la realidad, que es lo que tiene el periodismo: contar historias, porque importan, porque la gente debe conocerlas, porque son humanas y deben ser contadas.

La ficción -continúa- es más egoísta, es simplemente que la quieres contar porque quieres y listo. Y el problema es que la crónica está muy mal pagada. Requiere mucho tiempo, mucho trabajo y no creo que esté reconocida. Los editores se alegran de tener crónicas, pero en los hechos sigue siendo poco redituable. No es posible vivir de ello y hay pocos espacios para ella.

Para escribir su primera novela, Falsa Liebre, Melchor decidió darse un año sabático y vivir de sus ahorros. Necesitaba tranquilidad y todo su tiempo para crear. No fue fácil. Aprovecha entonces para mencionar el valor que tienen los concursos y las becas como las del FONCA que se otorgan a jóvenes creadores y que durante las últimas semanas han estado en medio de la polémica por la intención de desaparecerlas.

“Existe por parte de la población en general un desconocimiento de cómo funcionan las becas. Es cierto que se han prestado a amiguísimos y muchas cosas extrañas, pero cómo se explica que alguien como yo, que viene de Veracruz, cuyos padres no son ni escritores ni académicos, que jamás vivió en la Ciudad de México, que tuvo que abrirse camino en redes sociales y dando a conocer su trabajo como pudiera, hoy esté aquí. Yo tuve a los 24 años la beca del FONCA para jóvenes creadores y me la dieron porque alguien creyó en mi proyecto. Esa beca me ayudó muchísimo porque me puso en contacto con gente que estaba haciendo lo mismo que yo, me dio una red de contactos en los que encontré compañía, lectores, solidaridad de gremio y todo eso que te ayuda y estimula cuando estás comenzando con esto”.

–Ahora estás en un punto en el que te puedes dar el lujo de vivir de tu escritura.

–Sí, dice satisfecha.

Aunque de inmediato aclara: “Estos premios y concursos sirven para eso, pero no para vivir entre grandes lujos, sino más bien es que te ayudan a comprar cierta tranquilidad para poder escribir”.

Y es justamente lo que Fernanda Melchor hará durante su estancia en Berlín y antes de volver a México a mediados de julio: terminar su nueva novela.

No revela detalles al respecto, sólo que como las anteriores, será oscura.

“Acabo de terminar de leer dos libros impresionantes, inquietantes y muy oscuros de dos jóvenes escritoras latinoamericanas, Mónica Ojeda y Samanta Schweblin. Creo que eso es lo que estamos haciendo las escritoras y tengo la impresión que es un poco por rebeldía de que durante mucho tiempo crecimos queriendo ser escritoras y se nos decía que la literatura escrita por mujeres no es buena, sino cursi y para señoras. Eso ya cambió. Las mujeres tenemos cosas interesantes que decir y lo hacemos de manera igualmente interesante”, concluye.

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