Libro de Paul Hersch en el INAH: El negocio de los remedios

La publicación recoge la historia de los remedios que se publicitaban en el periódico El País. Foto: Tomada de Facebook @DHFMunam La publicación recoge la historia de los remedios que se publicitaban en el periódico El País. Foto: Tomada de Facebook @DHFMunam

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- “Quién sabe si tenemos remedio. Aunque desde hace décadas los anuncios sugieren que hay muchos remedios a nuestro alcance, el dinero no basta para adquirirlos. El capital que suele convertirlo todo en mercancía, primero ha de moldear, urdir, sugerir, procurar afecciones para animar el gran negocio de los males de la gente”.

Este párrafo que se refiere a la salud, los medicamentos, los remedios y el negocio que implican, no habla de la actualidad, aunque parezca tan vigente. Es la presentación de contraportada del volumen de 418 páginas Afecciones en juego. Remedios anunciados en “El País” de 1909 a 1914, que el doctor Paul Hersch Martínez, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en el Centro Morelos, acaba de publicar.

En él recoge la historia de los remedios que se publicitaban en el periódico El País, fundado en la Ciudad de México en 1898 por Trinidad Sánchez Santos, y publicado por la Compañía Editorial Católica, un medio de orientación evidentemente conservadora –“notoriamente reaccionario”, enfatiza Hersch–, que llegó a anunciar en sus páginas misas en honor de Agustín de Iturbide y Maximiliano de Habsburgo.

Y justo ahí se incluían diversos anuncios que hoy parecerían sorprendentes o moverían a la risa, si bien en las redes sociales pueden llegar a encontrarse mensajes similares, como el siguiente:

“FORMALIDAD absoluta. Deséome relacionar con objeto de matrimonio, con señorita de 18 a 23 años, moreno ligeramente mate, alta, delgada, elegante, instruida, ojos negros, cariñosa, simpática, y de buena posición, sea de la capital o del interior. Soy joven de 27 años, trabajador, regular posición, emprendedor, buena presencia, educado y con buenas referencias. Acudo a este medio por falta de relaciones sociales y tiempo para hacerlas. Escribir al Apartado 5245, México, D.F.”

Pero el proyecto de investigación se centra particularmente en los remedios que tenían el supuesto propósito de aliviar los males, desde “el afamado jabón de hiel de toro” para la caída del cabello, hasta la “Antiembaracina” para evitar embarazos no deseados, pasando por las píldoras rosadas del Dr. Williams para la anemia, el aceite de hígado de bacalao, el tónico reconstituyente con vino de Burdeos y coca del Perú, el laxante Purgatina, y toda suerte de remedios para el asma, el catarro, la migraña, la tisis, la impotencia y otros malestares, todos son objeto del análisis del especialista que da a su estudio un enfoque sociológico y cultural.

La portada del libro. Foto: Cortesía INAH
La portada del libro. Foto: Cortesía INAH

Da cuenta, ya desde entonces, del abusivo negocio de las farmacéuticas y compañías que vendían estos milagrosos remedios.

Hersch cita el discurso que el farmacéutico Maximino Río de la Loza (hijo del reconocido doctor Leopoldo Río de la Loza) da en 1897 en representación de la Sociedad Farmacéutica Mexicana para demandar al gobierno de Porfirio Díaz una escuela especial de los farmacéuticos que deberían estar al pendiente de la aplicación correcta de las medicinas y remedios.

Pedía que los médicos no se hicieran cargo de las boticas y cuestionaba particularmente un aspecto sobre el cual pareciera no haber pasado más de un siglo:

“¿Y qué diremos de los fabricantes de especialidades? Es ya vergonzoso el tráfico comercial que se hace con la ignorancia, parece que estamos en los tiempos primitivos cuando no existía la ciencia. Hoy todo el que quiere lucrar encuentra un medio ingenioso para asegurar una ganancia… se sabe que el bálsamo de Tolú es bueno para curar ciertas enfermedades bronquiales, se hacen unas pastillas de esa sustancia sola ó acompañada de alguna otra sustancia conocida y se anuncia una especialidad, y para burlarse más del sentido común, se saca del Consejo Superior de Salubridad un certificado que diga no tener sustancias venenosas, y con esto ya se anuncia diciendo que ha sido reconocida por el Consejo, creyendo el vulgo que fue reconocida como eficaz para curar la enfermedad; y el negocio es hecho”.

Publicado por la Secretaría de Cultura y el INAH, el volumen está profusamente ilustrado con los anuncios que publicó en su momento El País. Y se divide en varios apartados entre los que se pueden mencionar: Algunos rasgos de la publicidad de remedios en la prensa de la época, El momento farmacéutico, Revitalización y tónicos, La debilidad instrumentada, La mujer sana y bella, Condición vulnerable, Constipación y dispepsias, Tuberculosis, Neuralgias y jaquecas, Fiebres y calenturas, y Alcoholismo.

¿Qué tanto ha cambiado la situación de hace un siglo a la fecha? El doctor Hersch responde en el libro que hay nuevos avances científicos, pero no ha cambiado la mercantilización:

“…es momento de rescatar y reubicar a la terapéutica –dice– en el marco de un abordaje que, autónomo de la naturaleza mercantil impuesta a la medicina en su conjunto, la subordine al interés del padeciente y de la salud pública. Sin embargo, nada de eso es posible entre subciudadanos o ciudadanos de baja intensidad, es decir, en la ausencia de una verdadera democracia participativa”.

Y enfatiza:

“…no tendremos jamás remedio eficaz si no nos convertimos, nosotros mismos, en el remedio.”

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