A “diez minutos” de una guerra devastadora

Pese a que Donald Trump se ha comprometido con sus bases votantes a sacar a su país de cualquier guerra en tierras lejanas y por razones que sus conciudadanos no comprenderían, el mandatario no hace sino atizar los fuegos bélicos en donde puede. El pasado jueves 20, por ejemplo, el aparato de guerra de Estados Unidos estuvo a un tris –a 10 minutos, como tuiteó el mandatario– de iniciar un conflicto con Irán, país que no se amedrenta ante las bravatas de Washington y que posiblemente disponga de armas nucleares. No están claras las razones por las que el habitante de la Casa Blanca frenó la ofensiva, pero él se encargó de vestirse de pacifista en su cuenta de Twitter.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Estuvo a minutos de convertirse en realidad. Las advertencias de que el aventurerismo podría provocar una guerra por accidente –que durante más de dos años le han sido hechas por diplomáticos y analistas a Donald Trump, el presidente de Estados Unidos acostumbrado a sorprender con improvisaciones en los más delicados temas de política exterior–, esta vez casi llevó la sangre al río.

El miércoles 19 Irán derribó un dron estadunidense porque, aseguró, había invadido su espacio aéreo en misión de espionaje. Estados Unidos negó haber traspasado la línea fronteriza e insistió en que su aparato permaneció siempre sobre aguas internacionales.

El jueves 20, según The Wall Street Journal, la cúpula de seguridad de ­Washington debatió la propuesta de responder con el bombardeo de tres posiciones militares iraníes. El consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, y el secretario de Estado, Mike Pompeo, estaban a favor del proyecto. Se pidió una estimación de cuántas bajas causaría el ataque.

Los aviones de la fuerza aérea estaban preparados para despegar, con sus sofisticados misiles listos; y a sólo 10 minutos del inicio de la operación, Trump la canceló. Lo explicó, a su estilo, en un tuit: “Estábamos a punto de devolverles el golpe cuando pregunté ‘¿cuántos morirán?’ ‘150 personas, señor’, fue la respuesta de un general. 10 minutos antes del golpe, lo detuve. No era proporcionado al derribo de un dron sin tripulación”.

El riesgo de un desenlace bélico no parece haber hecho a las partes reconsiderar sus posiciones. Irán sostiene sus intenciones de dejar de cumplir partes del pacto nuclear, que desde 2015 ha respetado, e insulta a Trump describiéndolo como alguien que sufre de “una afección mental”. El estadunidense –que desconoció y trata de enterrar ese mismo acuerdo– se irrita, por su lado, y además de imponer nuevas sanciones para “romperle las piernas” a la economía iraní, amenaza a sus enemigos con arrojar sobre ellos una “fuerza abrumadora” que conducirá a su “aniquilación”.

Trump se felicita

El de preocuparse por las vidas de extranjeros fue un gesto inesperado por parte del empresario presidente. Algunos lo atribuyeron a un presentador televisivo de la cadena Fox News, Tucker Carlson, un extremista de derecha que tiene influencia en Trump y que en una conversación telefónica le habría recordado que para muchos de los nacionalistas blancos que forman el grueso de su base electoral, meter al país en una guerra lejana es algo que no les interesa.

Además, Estados Unidos se veía en problemas para justificar su ataque porque no tenía pruebas de su versión del incidente del dron. Aunque presentó mapas, también lo hizo Irán, que se mostró tan seguro de sus argumentos que propuso llevar el asunto a discusión al Consejo de Seguridad de la ONU, donde Washington no quiso ir. La noche del viernes 21, altos oficiales estadunidenses confirmaron algo en lo que Irán insistía y ellos habían ocultado hasta entonces, levantando sospechas: que en los hechos también estuvo presente uno de sus aviones tripulados, un Poseidón P8-A de la marina.

“El truco de siempre de Trump es el de exagerar el problema que él mismo creó y luego declarar victoria, pero esta vez le añadió una dimensión bíblica a su dramatización”, escribió Jack Shafer, analista del portal Político. “Primero asumió la persona de un dios vengador, asumiendo el mando de un ataque a Irán en represalia porque derribó un dron de vigilancia de la marina que vale 200 millones de dólares. Luego se metió al guardarropa para cambiar de traje y salir vestido del príncipe de la paz, y canceló el ataque”.

Ese viernes Trump había dedicado mucho de su tiempo a enviar tuits para felicitarse por haberse impuesto sobre sus jefes militares. “Me están llegando muchos elogios por lo que hice. Mi expresión es ‘tenemos un montón de tiempo’”, declaró a la prensa el sábado 22. “Todos estaban diciendo que soy un guerrerista y ahora dicen que soy una paloma, y yo digo que no soy nada de eso. No me gustaba nada la idea de que ellos sin saberlo derribaran un dron no tripulado y nosotros matáramos a 150 personas”.

Con lo de “sin saberlo”, el presidente se refería a suposiciones que había estado manejando, la de que los iraníes tal vez habían cometido un error, o que acaso uno de sus oficiales hubiera tomado la decisión de disparar contra el dron sin autorización superior. En realidad, Estados Unidos no tenía certeza de las circunstancias del incidente.

Durante años la postura de Trump ha sido la de que Estados Unidos se ha desgastado en guerras sin que sus aliados lo reconozcan por ello ni se comprometan al mismo nivel y ha insistido en dejar de perder el tiempo fuera y concentrarse en casa. Con esos argumentos le cedió al presidente ruso, Vladimir Putin, la iniciativa en la guerra en Siria y anunció importantes retiros de las tropas desplegadas en ese país, en Irak y Afganistán, para beneplácito de sus simpatizantes.

El pacto por el que Irán se comprometió a ponerle límites a su programa nuclear civil (que Washington e Israel aseguran que es también militar) a cambio de que le quitaran las sanciones comerciales fue alcanzado tras años de duras negociaciones, torpedeadas sistemáticamente por una alianza de facto que unió a países árabes con israelíes, y a los republicanos estadunidenses con los conservadores iraníes.

Entró en vigor en mayo de 2015 y dos años después Trump rompió unilateralmente el acuerdo, reimpuso el boicot económico, le exigió mayores concesiones a Teherán y lo amenazó con una intervención militar.

Los dirigentes iraníes no son, sin embargo, el tipo de negociantes temerosos a los que está acostumbrado a someter. Desde la revolución de 1979 (que derribó la dictadura del sha Reza Pahlevi, impuesta en 1953 por un golpe de estado que patrocinaron Londres y Washington), tras la cual se estableció la república islámica, rechazar los avances de Estados Unidos es una tarea nacional fundamental. No hay acusación peor que la de ceder o dejarse engañar por ese enemigo.

Por eso, para el gobierno reformista del presidente Hasán Rohaní fue muy difícil sobreponerse a la oposición interna al pacto nuclear y sólo pudo alcanzarlo gracias a la coincidencia de que del otro lado de la mesa, en Washington, gobernaba un estadista favorable al mismo, Barack Obama, que dejó el acuerdo como su legado más importante en política exterior.

Trump lo echó al basurero sin miramientos, pese a la indignación de sus aliados europeos y a las protestas de buena parte de la comunidad diplomática ­estadunidense.

Ahora puso a su país en riesgo de una confrontación militar con un rival que, sin duda, no tiene un ejército con el poder del de Estados Unidos, pero que es mucho mayor en capacidades que Afganistán, Siria e Irak y que –como ha hecho en el pasado– está determinado a comprometerlo por completo en la defensa nacional, en tanto que el Pentágono tiene fuerzas atrapadas en esos mismos territorios y, sobre todo, se encuentra envuelto en un duelo mucho más cauto pero sostenido, de largo plazo y en crecimiento, con China.

Además, para buscar su reelección, Trump tendría que explicar a sus votantes cómo es que prometió sacar a Estados Unidos de guerras que ellos no comprenden ni les importan, y terminó metiéndolos en una mucho más difícil de entender y de ganar, y con consecuencias más graves: por el estrecho de Ormuz, donde fue derribado el dron, se transporta todo el petróleo del Golfo Pérsico, que es 40% del que se comercia en el mundo. Al ver el costo de llenar el tanque de gasolina, los automovilistas estadunidenses se acordarían bien de su presidente.

Ruptura de la confianza

En cuanto al pacto nuclear, Teherán está empezando a tomar medidas que sin duda tendrán respuestas agresivas. Una vez que Trump se salió del mismo, los países europeos le pidieron a Irán seguir cumpliéndolo mientras, ante las sanciones comerciales, ellos creaban sistemas que les permitieran a sus empresas evadirlas. En mayo, tras un año de promesas incumplidas, Rohaní anunció que esperaría un mes antes de dejar de atenerse al acuerdo, en algunas de sus partes.

En Europa hubo reclamos y advertencias pero no movimientos para, por fin, implementar lo prometido. El miércoles 26 Behrouz Kamalvandi, vocero de la Organización de la Energía Atómica Iraní, anunció que el día siguiente traspasarían el límite máximo de almacenamiento de uranio enriquecido, que es de 300 kilogramos; y adelantó que el 7 de julio empezarán a enriquecer uranio por encima del 3.67%, un grado que no debían superar.

El jueves 27 la agencia AFP reportó que Teherán había decidido aguantar antes de empezar a cumplir su amenaza, sin especificar cuántos días. Quizá en espera de lo que pase en la cumbre del G-20 en Osaka –que dio inicio este viernes 28–, donde líderes europeos esperan hablar con Trump para buscar vías de solución.

El estadunidense insiste en que está dispuesto a abrir un diálogo para asegurarse de que Irán no construya un arma atómica. La ironía es que precisamente ese era el punto central del pacto nuclear que él descarriló. A los iraníes –tanto los conservadores que nunca creyeron que Estados Unidos respetaría el acuerdo como los reformistas que apostaron todo a ello–, les costó muchísimo pactar con Washington y ahora no se ve cómo puedan volver a hacerlo.

“Al destruir el acuerdo, Trump destruyó la confianza y toda oportunidad de futuras negociaciones”, declaró a The Atlantic el antiguo negociador iraní del tema nuclear, Seyed Hossein Mousavian.

“Evitar una nueva escalada será difícil, dada la determinación de ambos lados de no retroceder”, escribió Phillip Gordon, quien fue consejero de Obama para el Golfo Pérsico, en Foreign Affairs. “La nueva negociación nuclear que Trump dice querer sería la forma de evitar el enfrentamiento. Pero es improbable que Irán entre en pláticas con un gobierno en el que no confía y es aún más improbable que acepte el tipo de acuerdo de largo alcance que Trump dice que es necesario”.

Este reportaje se publicó el 30 de junio de 2019 en la edición 2226 de la revista Proceso

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