“Valentino Clemens y los chicos perdidos…”

Joven sobreviviente de la desolación. Foto: Especial Joven sobreviviente de la desolación. Foto: Especial

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Hoy por hoy no es fácil ser joven… ni niño ni adulto ni viejo; en este país con cada vez menos oportunidades y más peligros. Pero lo jóvenes viven la descomposición familiar desde la soledad y la desintegración, llevándoles a formar células de amistad que responden a un grupo de apoyo, solidaridad y compañía.

En la obra Valentino Clemens y los chicos perdidos en Wonder-Nada, una joven autora habla de ellos con referencias autobiográficas e inmediatas, para tratar ese sentimiento de falta de sentido ante las puertas que se cierran, las miradas que voltean hacia otro lado y la separación de la familia sanguínea. Isabel Quiroz, autora de este texto que obtuvo el año pasado el Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo –que convoca el Centro Cultural Helénico–, realza la importancia de la amistad, o cuando menos, de la compañía y del sentido de pertenencia.

Valentino es el que guía la historia a partir de sus recuerdos. Le habla al público y va de la descripción a la acción para representar escenas de su pasado. Recordar es, para él, una manera de mitigar la pérdida y revivir lo que ya no está. Son tres amigos punketos que han hecho alianza para sobrevivir y apoyarse en el día a día. Ellos han aceptado a Valentino en el grupo a pesar de la distancia vital que los separa. Desafortunadamente, la narración a público y la enumeración de acontecimientos, no son suficientes para mantener el interés en la historia. Se pretende que con unos cuantos trazos nos acerquemos a los personajes; pero falta la empatía. La distancia y la superficialidad permea la obra, ya que se confía en que el giro dramático de la última parte le dará sentido a todo lo narrado con anterioridad.

El Premio Nacional de Dramaturgia Joven ha sido fundamental desde hace ya 17 emisiones, pues incentiva a la joven dramaturgia y, más aún, porque desde hace un par de años la obra ganadora es llevada a la escena en el Foro la Gruta. Las obras finalistas, además, junto con la ganadora, son publicadas por la editorial Tierra Adentro, lo cual ha permitido que puedan ser montadas por otros creadores. En el 2018, con la entrega del galardón, se anunció que el montaje se haría también con la coproducción de la Compañía Nacional de Teatro (CNT), lo cual fue un gran acierto. Así, este año se ha estrenado Valentino Clemens y los chicos perdidos en Wonder-Nada con la interpretación de actores de la CNT: Carlos Oropeza, Ana Paula Loaiza, Ichi Balmori y Fernando Huerta.

La dirección de Mahalat Sánchez ha logrado cuadros visuales propositivos y modernos, que se mueven para formar otros cuados que juegan con el comic. El tono interpretativo de los actores es dispar, con una tendencia a la estridencia. Fernando Huerta Zamacona desacompleta el trío amistoso presumiendo sus cualidades vocales y poco actorales, desfavoreciendo la integración del grupo de amigos.

Con un atractivo diseño de vestuario punketo y vibrante de Giselle Sandei y el espacio escénico eficaz en su significado y contextualización de Félix Arroyo, la visión de la autora del recorrido de Valentino por sus recuerdos y su imaginación tiene un tono burlón que permite al espectador sonreír, gracias a la mirada irónica de la directora, a través del protagonista. También contempla canciones y bailes que realizan los propios actores que amenizan el recorrido, aunque no sean tan punketos.

Valentino Clemens… de Isabel Quiroz es un logro en cuanto a la visibilización de la joven dramaturgia que, gracias a eso, cada vez irá a más. Permite experimentar con nuevos textos, identificar rutas y objetivos, y constatar que trabajando “en las tablas” es una forma eficaz para fortalecerla.

Esta reseña se publicó el 16 de julio de 2019 enla edición 2219 de la revista Proceso

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