Merkel, bajo la lupa

La canciller alemana Angela Merkel. Foto: AP Markus Schreiber La canciller alemana Angela Merkel. Foto: AP Markus Schreiber

BERLÍN (apro).- El pasado 18 de junio se vio a Angela Merkel como nunca antes. En la ceremonia oficial de bienvenida al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ambos mandatarios estaban de pie en los jardines de la cancillería alemana rindiendo honores a sus respectivas banderas.

El himno del país anfitrión sonaba y súbitamente la canciller alemana comenzó a temblar. El movimiento incontrolable en piernas y hombros era evidente. Con rostro adusto en un par de ocasiones sujetó sus manos una con la otra como para intentar dominar su cuerpo. Fue en vano. Al fondo, miembros de su equipo de seguridad seguían inquietos el suceso.

El incómodo incidente duró más de un minuto y terminó segundos antes de las notas del himno. Evidentemente mejor la canciller, logró concluir el evento y caminó con su par ucraniano hacia la cancillería. Ese martes fue un día soleado y muy caluroso: 30 grados a la sombra.

Más tarde, en conferencia de prensa, la propia Merkel explicó que el episodio tuvo lugar debido a falta de líquido en su cuerpo y el extremo calor. “Ya tomé cuando menos tres vasos de agua que evidentemente me faltaban y ahora estoy muy bien”, aseguró sonriente a la prensa.

Pero apenas había pasado una semana de este primer suceso, cuando nuevamente en un acto público la canciller sufrió un segundo ataque de temblores. Era el 27 de junio y en el castillo de Bellevue el presidente federal, Frank-Walter Steinmeier, pronunciaba un discurso con motivo del nombramiento de la nueva ministra de Justicia, Christine Lambrecht. Junto a él, de pie, la canciller comenzó de nuevo a temblar. El movimiento involuntario subía desde sus piernas hasta el tronco. Abrazándose, Merkel intentaba controlar el movimiento. Un colaborador le acercó entonces un vaso con agua que la canciller rechazó. Y es que, de haberlo tomado quizás se le hubiera caído de las manos. El ataque duró cerca de dos minutos.

Esta vez el calor no pudo ser el motivo de los temblores, pues desde hacía días la temperatura había descendido en Berlin. Y aunque el vocero de la canciller, Steffen Seibert, se limitó a decir que Merkel se encontraba en buen estado, la prensa –sobre todo la extranjera– comenzó a especular sobre el estado de salud de la política alemana. Que si se trata de un problema neurológico, que si es estrés… o algo más serio.

Incluso diversos medios recordaron que el episodio de temblores junto al presidente ucraniano no fue el primero. En junio de 2017 en una visita de Estado a México, Merkel presentó un cuadro similar durante la recepción oficial organizada por el entonces presidente Enrique Peña Nieto en la Ciudad de México. En esa ocasión su equipo señaló también que se trató de falta de agua.

Asunto privado

Pero en Berlín el silencio en torno al suceso permaneció. Y es que, para los alemanes el tema de la salud es un asunto privado y la privacidad es algo que se respeta y valora en esta sociedad. Por ello, bastó con sólo una afirmación en torno a que todo está bien para que la prensa local no fuera más incisiva.

Algunos medios, como Der Spiegel online, señalaron que según fuentes del gobierno federal este segundo episodio habría tenido un trasfondo psicológico y que al recordar y pensar en el primero, la canciller desencadenó el segundo. Mientras tanto, su vocero anunció que el viaje a Japón para acudir a la reunión del G20 tendría lugar tal y como estaba planeado.

Dos días después, en Osaka, la propia Merkel abordó el tema con los periodistas. Tras reafirmar que se encuentra en buen estado, confirmó que este segundo episodio de temblores fue una reacción del primero. “Estoy convencida de que así como apareció esta reacción, igual desaparecerá (…) Así que no tengo nada especial que informar, sólo que estoy bien”, dijo ante la pregunta de la prensa en torno a que si ya habría consultado a algún médico.

Los días posteriores al segundo episodio de temblores de la canciller fueron muy pesados. Primero el inmediato viaje a Japón para la reunión del G20 en donde tendría importantes e intensas entrevistas con líderes mundiales como Donald Trump o Vladimir Putin. Y después, sólo unas horas luego de aterrizar de Japón, Merkel se subió de nuevo a un avión para volar a Bruselas y negociar y cabildear el nombramiento del nuevo presidente de la Comisión Europea.

Entonces el pasado miércoles 10 se presentó la tercera crisis de temblor en otro acto público. Esta vez en la ceremonia oficial de bienvenida al primer ministro finlandés Antti Rinne. De nuevo se entonaban los himnos nacionales y la canciller comenzó a temblar.

En conferencia de prensa posterior Merkel abordó el tema: “Estoy bien. Ya mencioné hace poco que me encuentro en una etapa de superación del evento suscitado en la recepción del presidente Zelenski que aún no termina del todo. Pero hay progreso y con eso debo vivir todavía un rato. Pero estoy muy bien y no tienen por qué preocuparse”.

Tras insistir que, así como llegaron de repente los temblores se volverán a ir, aseguró que se encuentra en las mejores condiciones para realizar su trabajo.

Pero tres incidentes en menos de un mes parecen demasiado e inquieta a algunos, quienes sin embargo tienen que conformarse y confiar en lo dicho por Merkel y su círculo.

Y es que, de acuerdo con el jurista alemán Christian Pestalozza, nada permite a la opinión pública exigir por la vía legal información sobre el estado de salud de la canciller.

Consultado por Proceso, el también profesor emérito de derecho constitucional de la Universidad Libre de Berlin explica: “El estado de salud de los funcionarios públicos, incluido el de la canciller federal es, con razón, del interés público si perjudica el ejercicio del cargo. Sin embargo, los ciudadanos no tenemos el derecho legal para estar informados sobre su estado de salud”.

Aunque los funcionarios públicos en este país, continúa Pestalozza, sí tienen la obligación de sopesar cuidadosamente si están a la altura de las circunstancias en materia de salud y si no, asumir las consecuencias.

“En el caso de problemas nada graves, es posible estar de baja temporalmente y que un representante, en este caso el vicecanciller, asuma las tareas mientras esto dura. En caso de males más severos y que persistan, tiene que presentarse la renuncia”, explica en entrevista.

Pero en el caso de la canciller Merkel, Pestalozza dice estar seguro de que la política está actuando con responsabilidad. “Mientras ella no presente una renuncia, es porque realmente su capacidad para desempeñar el cargo no está impedida por un tema de salud”.

Consultado por el Berliner Morgenpost, el jefe del Instituto para Traumaterapia de Múnich, Willi Butollo, explicó que episodios como el vivido por Merkel no necesariamente representan síntomas de una enfermedad grave ni son fuera de lo común. Así, es posible que una sola situación de estrés o sobrecarga de trabajo puede llevar al sistema nervioso autónomo a reaccionar de forma distinta en experiencias futuras, aunque la causa de origen haya desaparecido.

Tanto las explicaciones de la propia canciller como la de los especialistas que numerosos medios de comunicación han consultado parecen ser suficientes para la población.

Así lo revela una encuesta realizada por Civey a petición del diario Ausburger Allgemeine, en la que 60% de los encuestados aseguraron que el estado de salud es un asunto privado de Merkel.

La realidad es que desde que comenzaron los temblores, cada aparición pública de Merkel es y será seguida con lupa.

 

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