Italia llora la muerte del escritor Andrea Camilleri

El escritor Andrea Camilleri. Foto: Twitter @PeppeQuare El escritor Andrea Camilleri. Foto: Twitter @PeppeQuare

ROMA (apro).- “No le tengo miedo a nada, ni a la muerte. Soy feliz. He tenido una vida afortunada”, dijo en reciente entrevista Andrea Camilleri, el escritor más amado por los italianos, quien este miércoles falleció en Roma a los 93 años, a causa de un paro cardíaco.

La muerte del autor de las historias del célebre comisario Salvo Montalbano, que se convirtieron en una serie de televisión y fueron traducidas a más de 40 idiomas –entre ellos, el español–, provocó que los principales medios de comunicación italianos interrumpiesen la programación para dar la noticia. El suceso fue el más comentado del día en los principales diarios del país.

“Gracias maestro por haberte puesto siempre de un lado y no haber nunca buscado la cómoda neutralidad”, escribió en su cuenta de Twitter el autor de Gomorra, Roberto Saviano, en referencia al maestro de la novela negra italiana, quien sin ambages se definía como comunista y desde años estaba afiliado a la sede de Prati (Roma) del progresista Partido Democrático (PD), heredero del extinto Partido Comunista italiano (PCI).

La valentía y el compromiso de Camilleri, quien nunca tuvo un cargo político, pero sí expresaba abiertamente sus ideas, fueron el leitmotiv de los últimos años en la carrera del escritor, cuya profesión empezó a ejercer cuando se encontraba en sus 50 años y lo llevó a la fama dos décadas después, ya con 70.

“Como ciudadano italiano, quiero decir: esto no se hará en mi nombre (…) Esta política es nazi”, criticó Camilleri, en enero pasado, al ministro de Interior y líder de la xenófoba Liga, por sus políticas antiinmigrantes, que más indignación le suscitaban. Tanto así que después de que fuera internado en el hospital Santo Spirito de Roma, no fueron pocos los migrantes que lo aguardaron, rezando por él, a la salida del nosocomio.

“La pérdida de Camilleri nos entristece profundamente. Gracias maestro por los años en los que ha estado apoyándonos y defendiendo los derechos de los refugiados. Extrañaremos sus sabias palabras, una inspiración para todos nosotros”, comentó, al conocerse la noticia, Carlotta Sami, portavoz de la agencia de la ONU para los refugiados.

El éxito de Camilleri se cuajó en torno al comisario Montalbano, cuyo nombre eligió para homenajear a uno de los intelectuales que más admiraba, el escritor Manuel Vázquez Montalbán, un personaje ficticio con el cual tenía una relación de amor-odio, y cuya primera historia (‘La forma del agua’, fue el título de aquella novela) se desarrolló en el también ficticio pueblo siciliano de Vigata, donde los protagonistas hablan un dialecto siciliano mezclado con italiano, algo que luego se transformó en uno de los rasgos distintivos de sus obras.

Con ello, el escritor dio por zanjados sus años como autor y corrector de guiones para la RAI, la radiotelevisión pública italiana, que coparon los primeros años de su vida profesional. Después de eso escribió más de cien volúmenes, la mayoría novelas en las que, a través de sus personajes, reflexionó sobre los feminicidios, los tráficos ilegales, la corrupción y los inmigrantes. Todo ello siempre con su Sicilia como trasfondo, vista desde una perspectiva más compleja y pasional.

De esta manera, Camilleri ofreció otra visión de su tierra natal, más allá de la mafia y del Gatopardo, el famoso relato de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Una pasión que siguió aun cuando hace dos años se quedó ciego. Para continuar con su producción, ya no escribía él mismo, sino que dictaba sus ideas a su fiel asistente de la última década, Valentina Alferj. “Tengo unos sueños bellísimos como no los he tenido nunca. El cuerpo es una cosa increíble. Apenas he comenzado a perder la vista, los otros sentidos han comenzado a recuperar vitalidad”, dijo Camilleri en una ocasión.

También mantuvo una larga relación matrimonial. Se casó en 1947 con Rosetta Dello Siesto, con quien aún vivía en Roma y tuvo tres hijas. “Fui un hombre afortunado. Y si mi matrimonio duró tanto es debido principalmente a la inteligencia, a la comprensión y a la sabiduría y paciencia de Rosetta. Nuestra relación nunca fue alterada por ningún hecho externo (.) Rosetta fue la espina dorsal de mi existencia y continúa siéndolo”, comentó sobre su esposa.

Sólo un sueño no pudo cumplir: leer en una plaza pública el cuento final de su vida, y dar por terminada la obra de teatro Autodefensa de Caín, el hermano que mató a Abel, en las Termas de Caracalla, que tenía previsto estrenar a mediados de junio. Una semana antes del infarto, el escritor se rompió el fémur durante una caída su casa del barrio romano de Prati.

Fue el inicio de su fin, tanto que en el último mes de su vida lo mantenían con fármacos y ayuda respiratoria, una lenta agonía que no fue seguida de manera sensacionalista, como ha ocurrido con otros intelectuales, por los medios de comunicación de su país.

El último adiós público a Camilleri, un convencido ateo que se decía respetuoso de los creyentes y pidió ser sepultado en una ceremonia privada, será dado en un breve acto en el cementerio acatólico de Roma, donde también están enterrados el poeta John Keats (1795-1821) y el dirigente e intelectual comunista Antonio Gramsci (1891-1937).

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