“Adiós a la guerra”, de Patricia Lara Salive

La portada de "Adiós a la guerra". Foto: Cortesía La portada de "Adiós a la guerra". Foto: Cortesía

CIUDAD DE MÉXICO.- ‘Adiós a la guerra. Una historia breve de los conflictos en Colombia’, es el título del libro más reciente de la destacada periodista Patricia Lara Salive. Publicado en Editorial Planeta Colombiana S.A., en agosto del año pasado, agotó la primera edición en su país, y ahora ya circula la segunda.

Nacida en 1951, Lara Salive se dedicó desde muy joven al periodismo; en 1974 fundó en Bogotá, acompañada del expresidente Carlos Lleras Restrepo, el semanario Nueva Frontera; fue corresponsal en Europa y Estados Unidos del diario El Espectador y la revista Alternativa. Hacia 1994 fundó, con el español Juan Tomás de Salas, la revista Cambio16 Colombia, que más tarde se transformó en Cambio. En 1994 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo.

Patricia Lara Salive es autora de los libros de periodismo literario ‘Siembra vientos y recogerás tempestades’ (1982) y ‘Las mujeres en la guerra’ (2000), obra que le valió el Premio Planeta de Periodismo, dando origen a un monólogo teatral que lleva 300 representaciones en Colombia y 14 países, con participación en festivales de Brasil, España, Grecia, Israel y Nueva York, Estados Unidos.

Además, ha escrito las novelas ‘Amor enemigo’ (2005) e ‘Hilo de sangre azul’ (2009), adaptada ésta para una serie televisiva de 66 capítulos. ‘El rastro de tu padre’ es su tercera novela.

A continuación, ofrecemos a nuestros lectores el prólogo del exministro de Salud colombiano, Alejandro Gaviria, mismo que da comienzo a ‘Adiós a la guerra. Una historia breve de los conflictos en Colombia’ (Planeta. 157 páginas. (www.planetadelibros.com.co).

A manera de entrada al tema, la autora incluye parte del poema de José Ángel Valiente, “El inocente”, que dice:

Escribo desde la sangre,
desde su testimonio.
desde la mentira, la avaricia y el odio,
desde el clamor del hambre y del trasmundo,
desde el condenatorio borde de la especie,
desde la espada que puede herirla a muerte […],
desde la mano que se cierra opaca,
desde el genocidio,
desde los niños infinitamente muertos,
desde el árbol herido en sus raíces,
desde lejos,
desde el tiempo presente.
Pero escribo también desde la vida,
desde su grito poderoso,
desde la historia…

Prólogo

El libro tiene tres partes. La primera es un recuento, una breve historia de la guerra, de los últimos 70 años y sus horrores que dejaron más de 220 mil asesinatos, 25 mil desaparecidos y cinco millones de desplazados.

La segunda parte es un conjunto de testimonios de víctimas, la mayoría muy breves, deliberadamente escuetos, de tan sólo una página. Patricia Lara Salive intenta, creo, consensar en pocas palabras el horror de la guerra.

La tercera parte es un recuento de las negociaciones de La Habana y un resumen de los acuerdos resultantes, una especie de advertencia sobre la necesidad de valorar el significado histórico de los acuerdos.

Sobre la primera parte, quiero simplemente hacer explícita una división, una discontinuidad en la historia del conflicto. Hay un período de 1948 a 1980, en el cual las causas del conflicto obedecieron a las luchas por la tierra, las restricciones a la democracia y la desigualdad social. Pero la naturaleza y la intensidad del conflicto cambiaron de manera sustancial en los años ochenta con la llegada del narcotráfico. En palabras de la historiadora Mary Roldán, el comercio de cocaína “rompió la tradición, transformó las costumbres sociales, reestructuró la moral, el pensamiento y las expectativas”.

El conflicto histórico, centrado en las luchas ideológicas, fue transformado esencialmente por el narcotráfico. El narcotráfico reveló y acentuó las debilidades institucionales, volvió a la justicia inoperante y dio origen a una epidemia de crimen violento. Las guerras ideológicas se convirtieron, así, en guerras económicas, en luchas por las rutas y el mercado.

Mi parte preferida del libro es la segunda. Los testimonios presentados son una crónica del sufrimiento humano, pero no son solo eso. En conjunto, son un grito colectivo sobre los horrores de la guerra y el imperativo (ético, social, histórico, lo que sea) de evitar su repetición. Patricia quiere recordarnos, nunca está de más, la magnitud de nuestra tragedia.

Hay en varios de los testimonios, una constante, una historia que se repite. Los victimarios, llámese guerrilleros o paramilitares, se muestran arrepentidos, desconcertados, incapaces de explicar sus desafueros, los asesinatos de los Turbay Cote, de Jorge Cristo, de Jaime Garzón, y de los diputados del Valle, etc. “Fue el peor error que cometimos”, “nos equivocamos”, “todavía lo reprochamos”, dicen una y otra vez.

Es como si la guerra hubiese desatado una maquinaria de muerte que no podía detenerse, que superaba los deseos o intenciones de los participantes; un mecanismo que mataba sin mediar razón, que trascendía los designios de los señores de la guerra y los protagonistas de esta historia de terror.

Los testimonios insinúan la existencia de una fuerza implacable y voraz; la fuerza de la guerra que parece tener una intencionalidad propia, que solo aspira a reproducirse a sí misma; una fuerza ciega, indiferente, casi una pesadilla a lo Schopenhauer.

Los acuerdos de paz pretendieron, de manera ordenada, con una mezcla de voluntad y método, con errores y extravíos, por supuesto, pero también con empeño y conocimiento, detener esa fuerza, “la fábrica de víctimas”, como la llamó el presidente Santos.

Así, el libro nos recuerda las dificultades para alcanzar un acuerdo imperfecto. No fue fácil. Requirió de mucho trabajo. Yo lo he dicho varias veces y lo repito ahora. Pertenezco a la escuela del liberalismo trágico. Parto casi siempre de una hipótesis simple: Si la sensatez, el conocimiento práctico y el trabajo comprometido hicieran parte del proceso (y así ocurrió en los diálogos de La Habana), probablemente estamos ante el mejor de los mundos o acuerdos posibles. La crítica puntual, que desconoce el contexto, que obvia las dificultades del proceso, suele ser poco más que un ejercicio de fácil especulación retrospectiva.

Patricia Lara Salive ha dicho, en varias entrevistas recientes, que el futuro depende de la voluntad del nuevo gobierno y la clase política. Así lo creo. Este libro es, en últimas, una advertencia sobre la responsabilidad que nos incumbe a todos, gobernantes y ciudadanos, de proteger la paz. El título es simple: ‘Adiós a la guerra’. Pero el mensaje es si se quiere más poderoso, más urgente, más crucial: “Cuidemos la paz”.

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