Islamofobia y antisemitismo hallan campo fértil en territorio británico

Protestas. Foto: Sipa vía AP Protestas. Foto: Sipa vía AP

Por un lado, discursos políticos que incitan a repudiar a cualquier practicante de la fe musulmana; por otro, un “antisemitismo institucional” en el principal partido de izquierda, convierten a Gran Bretaña en un paraíso del odio racial y la xenofobia. Informes de académicos y laboratorios de pensamiento concluyen que ambas tendencias han permeado a la sociedad y le dan un nuevo y peligroso impulso a la ultraderecha.

LONDRES (Proceso).- El auge del populismo y la extrema derecha en Gran Bretaña –en gran parte debido a los discursos de políticos como el ultranacionalista Nigel Farage– ha llevado en los últimos años a un aumento en los índices de islamofobia, antisemitismo y xenofobia en el país.

Según un informe del influyente laboratorio de ideas antirracista Hope Not Hate (Esperanza, no odio), la islamofobia se ha convertido en el principal catalizador detrás del aumento de los movimientos de extrema derecha en el Reino Unido.

El documento “Actitudes de la sociedad sobre el Islam y los musulmanes”, publicado el pasado 16 de febrero en Londres, concluyó que los prejuicios antimusulmanes en el Reino Unido reemplazaron al odio contra los inmigrantes como principal impulsor de los grupos extremistas de derecha en el país.

El informe indicó además que del total de la población, 35% cree que el Islam es “una amenaza al estilo de vida británico”, en tanto que 30% opinó que es “compatible” con la forma de vida en la Gran Bretaña.

El informe de Hope Not Hate responsabilizó, entre otros factores, a los atentados terroristas de 2017 en Londres y Manchester (que dejaron en total 36 muertos y más de 200 heridos), por generar un “impacto negativo perdurable” entre los británicos, principalmente en sus actitudes hacia los musulmanes.

Además indicó que aunque el número de personas arrestadas por delitos de terrorismo en 2018 se redujo 40% en comparación con el año previo (268 arrestados de marzo de 2018 a marzo de 2019, comparado con 443 en 2017), el Reino Unido experimenta un aumento de amenazas de terrorismo por parte de grupos de ultraderecha.

En ese sentido dio cuenta de amenazas de los llamados “terroristas lobo” (que actúan solos) y extremistas de extrema derecha que están siendo radicalizados a través de internet y las redes sociales. “La extrema derecha se ha vuelto más extrema, cuenta con más integrantes jóvenes y está capitalizando el descontento político que sienten muchos adolescentes en la sociedad”, señaló el documento.

Al respecto, Mansoor Clarke, imán de la mezquita londinense Baitul Futuh, sostuvo que el reporte de Hope Not Hate no sólo es “preocupante”, sino que da cuenta de una cada vez más dividida sociedad británica.

“Como británico musulmán blanco me siento totalmente en conflicto por todo lo que está pasando. ¿Cómo definimos qué significa ser británico? Yo diría que para mí ser británico significa ser tolerante, honesto, cortés… ese tipo de cosas. Pero ahora tengo muchas dudas al respecto”, subrayó el religioso.

El informe señaló también que 49% de quienes votaron por el Partido Conservador en las elecciones generales de 2017 creen que el Islam “es una amenaza a la forma de vida británica”, comparado con sólo 21% que dijo que es compatible con el estilo de vida británico. Entre los votantes laboristas, 22% dijo que el Islam es una amenaza y 43% opinó lo contrario.

Asimismo destacó que el aumento de la ultraderecha y del extremismo de izquierda ha llevado a un incremento en los índices de antisemitismo entre la población.

Explicó que mucho del antisemitismo ocurre a través de las redes sociales, aunque también en la vía pública, con ataques a judíos ortodoxos, sinagogas y cementerios judíos. El fenómeno se ha manifestado además en la política británica, especialmente en el opositor Partido Laborista, de Jeremy Corbyn, que ahora está siendo investigado por la Comisión de Igualdad y Derechos Humanos.

Corbyn, al frente del laborismo desde 2015, calificó a Hezbolá y Hamás de “amigos” y “hermanos”, además de admitir haber hecho donaciones a activistas que niegan el Holocausto. Durante meses el laborista ha sido acusado de no hacer lo suficiente para expulsar de su partido a activistas antisemitas o de frenar la investigación interna de al menos un centenar de denuncias por odio contra los judíos.

Antisemitismo “institucional”

En marzo de 2019 el parlamentario laborista y académico Alan Johnson publicó un informe de 135 páginas que concluyó que dicha agrupación de izquierda es “institucionalmente antisemita”.

Johnson dividió el antisemitismo dentro del laborismo en tres categorías: el llamado “socialismo de tontos”, el antisemitismo racial “clásico” y el antisemitismo como antisionismo. Y, en mayo pasado, el grupo de activistas Laborismo contra el Antisemitismo presentó un documento ante la Comisión de Derechos Humanos, que incluía unos 15 mil ejemplos de actitudes antijudías dentro del Partido Laborista.

Tal comisión investiga 100 mil correos electrónicos y mensajes de WhatsApp enviados dentro del laborismo, que contendrían mensajes antisemitas.

Hasta ahora la Comisión de Derechos Humanos sólo había abierto una pesquisa semejante, en 2010, al investigar al criptofascista y racista Partido Nacionalista Británico. Se espera que la investigación por antisemitismo dentro del laborismo dure dos años y que sus conclusiones sean abarcadoras.

La última polémica que sacudió a Corbyn por antisemitismo ocurrió en junio pasado, cuando al menos 90 parlamentarios laboristas le exigieron “demostrar liderazgo” en la investigación y erradicación de comportamientos antijudíos en la centenaria formación de izquierda.

El caso se centró en el diputado Chris Williamson, quien fue readmitido en el partido con una simple reprimenda después de ser investigado por comentarios controvertidos sobre la cuestión judía en febrero de 2019.

Williamson es próximo, política y personalmente, a Corbyn, quien no tomó parte en la decisión que enfureció al casi centenar de diputados y lores laboristas, según el propio líder señaló el 27 de junio. “No podemos exagerar la profunda y amplia malestar e ira que sentimos por la readmisión de Chris Williamson en el Partido Laborista y las cuestiones que ello suscita acerca de la imparcialidad del proceso”, escribieron los firmantes.

El pedido de los parlamentarios tuvo suficiente fuerza como para que Corbyn suspendiera a Williamson, quien ahora quedó bajo una investigación independiente.

La controversia llevó a que tres influyentes lores laboristas, David Triesman, Ara Darzi y Leslie Turnberg, renunciaran a sus bancas en la Cámara, tras graves acusaciones contra su partido por antisemitismo.

Para Triesman, secretario general del laborismo entre 2001 y 2003, Corbyn apoya el antisemitismo y agregó que el partido “ya no es un un sitio seguro para los judíos”.

Turnberg expresó “serias preocupaciones por el futuro” de la agrupación. “No sólo son las políticas de exterior del laborismo, su vacilación por el Brexit y el hecho de que ignora la opinión del Parlamento, sino un antisemitismo abierto que se está extendiendo a todo el aparato partidario. Todo esto es algo que ya no puedo tolerar”.

En su carta de renuncia, Triesman dijo además que la posición del laborismo por el Brexit bajo el liderazgo de Corbyn “incentivó la xenofobia”.

En febrero pasado nueve parlamentarios laboristas habían renunciado a sus bancadas citando la forma en la que Corbyn lidió con los casos de antisemitismo dentro del partido. Entre ellos estaba la dipu­tada Luciana Berger, quien al dimitir denunció que la agrupación laborista “es ahora institucionalmente antisemita”.

La polémica por antisemitismo dentro del laborismo ocurre cuando el apoyo al demagógico y xenófobo Partido por el Brexit, fundado por Nigel Farage, sigue en aumento.

La agrupación obtuvo 29 europarlamentarios en los comicios del 23 de mayo pasado, superando en esas elecciones a conservadores y laboristas; así se volvió la principal fuerza política británica en ese parlamento.

Ahora Farage pretende repetir esos resultados en las próximas elecciones generales, al presentar unos 100 candidatos para obtener bancas en la Cámara de los Comunes. Si el Partido del Brexit lograra unos resultados similares en Gran Bretaña, el mapa político del país giraría rápidamente hacia la ultraderecha.

La posición de Farage es además cada vez más beligerante, en especial en lo relacionado con el Brexit. De hecho, el pasado martes 2, cuando los 29 europarlamentarios por el Partido del Brexit decidieron dar la espalda mientras se cantaba la “Oda a la Alegría” en el inicio de las sesiones en el Parlamento europeo, muchos vieron la intransigencia y soberbia de ese movimiento populista como una peligrosa señal que está creciendo cada vez más.

El Partido del Brexit hizo campaña por la salida del Reino Unido de la Unión Europea sin más demoras. Quieren abandonar el bloque para el próximo 31 de octubre, pero sin acuerdo posible, quedando sólo bajo las regulaciones de la Organización Mundial del Comercio. Además abogan por una reducción masiva de la inmigración y menos derechos para los ciudadanos europeos que viven en territorio británico.

Ese mensaje ultranacionalista está obteniendo mucho apoyo en Gran Bretaña, una nación profundamente dividida por el Brexit tras el referéndum de 2016.

Farage, europarlamentario desde 1999 y considerado uno de los principales “arquitectos” del Brexit, logró capitalizar el descontento de millones de británicos que se sienten muy defraudados con la clase política y el establishment de West­minster por no haber implementado el resultado del referéndum de 2016.

Todo indica que el creciente enojo de los británicos con los dirigentes actuales se está transformando rápidamente en un mayor apoyo al populismo, a la xenofobia y a distintas formas de racismo, manifestándose tanto en un aumento de la islamofobia como del antisemitismo.

En ese sentido, el reporte de Hope Not Hate concluyó que, además de ese tipo de racismo en el Reino Unido, la extrema derecha tratará de explotar el tema del Brexit­ para sus propios beneficios.

“Las divisiones en Gran Bretaña aumentarán cada vez más y esto a su vez dividirá a las comunidades y grupos sociales del país, dando una mayor fuerza a los mensajes populistas de extrema derecha y antiestablishment. Lo que está ocurriendo hoy en el país es muy, muy preocupante”, concluyó el documento.

Este reportaje se publicó el 14 de julio de 2019 en la edición 2228 de la revista Proceso

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