“Rápidos y Furiosos: Hobbs & Shaw”: ciberfantasía

Un fotograma de “Rápidos y Furiosos: Hobbs & Shaw”. Foto: Cortesía Universal Pictures Un fotograma de “Rápidos y Furiosos: Hobbs & Shaw”. Foto: Cortesía Universal Pictures

MONTERREY, N.L. (apro).- Rápidos y Furiosos: Hobbs & Shaw (Fast & Furious: Hobbs & Shaw, 2019) es una fantasía cibernética, que encuentra su mejor público entre los jóvenes que gustan de peleas, explosiones, e inventos tecnológicos que amenazan el planeta.

De la franquicia original que inició en el 2001, ya no queda prácticamente nada. Pero no importa. Lo relevante de esta novena entrega es que se dan emociones a raudales, con alto octanaje y mucho humor. La combinación de estrellas es una apuesta infalible. Se juntan dos grandes héroes de la acción, Dwayne Johnson y Jason Statham, quienes trabajan del lado de la ley y tienen que neutralizar a un villano, Idris Elba, una especie de Supermán negro, de genética alterada, que busca apoderarse de un virus que, al caer en garras equivocadas, compromete el futuro de la humanidad.

La trama es sencilla y esquemática, al alcance de todos. No existe ninguna complicación. Si acaso se le menciona como un pretexto para ver largas secuencias de los dos tipos rudos abatiendo uno tras otro, como moscas, a los ineptos criminales que se les enciman con el propósito inútil de detenerlos.

El género y el tono de la serie permiten cualquier libertad creativa. Y los guionistas se aprovechan de ello. Los trucos que se usan aquí, por novedosos y atrevidos, pueden serle de inspiración a Barbara Brocolli, para cuando presente la siguiente historia de Bond. Elba, en un papel de villano que le queda muy bien, tiene componentes mecánicos y cibernéticos en su cuerpo, que lo convierten en una máquina de apariencia indestructible, que servirá a villanos corporativos para avanzar en sus propósitos malvados. Pero, como se espera dese el inicio de la historia, su kriptonita será la imbatible pareja de amigos, que se repelen, por su condición de súper machos alfa y porque en el pasado fueron enemigos. Aunque, en realidad, tienen una tremenda química cuando entran en acción.

Como no hay vestigios de la zaga original que crearon con mega éxito el fallecido Paul Walker y Vin Diesel, también ya borrado del universo F&F, lo que realmente importa aquí es todo lo que gira alrededor de ella. Si acaso hay un par de persecuciones en coches. Pero así como la tecnología sorprende por su sofisticación, también llama la atención toda la serie de diálogos entre Hobbs y Shaw. Sus intercambios son de lo mejor de la cinta. Charlan como si estuvieran en un duelo de estanduperos, lanzándose metralletas de chascarrillos, con insinuaciones relacionadas con la libido, la masculinidad y su eficiencia como súper agentes.

Lo que queda al final de RyFH&S, es una rutinaria cinta de patadas y armas sofisticadas, de altísimo presupuesto que se desarrolla en escenarios internacionales. Como la marca tiene ya cautivo a su público, seguirá reproduciéndose, interminablemente. Y si no son Johnson y Statham, serán otros heroicos paladines de la justicia los que se encargarán de salvar, una vez más, al planeta de los aviesos planes de quienes se declaran en contra de la humanidad y el estilo de vida occidental.

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