Una ley contra la adicción digital

Una mujer navega por Internet a través de su celular. Foto: AP Una mujer navega por Internet a través de su celular. Foto: AP

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Para sacudirse la adicción al internet, basta con aplicar la inteligencia.

Tan aparente obviedad es la que pareció inspirar al senador republicano Josh Hawley para bautizar el proyecto de ley que presentó el pasado martes al Congreso estadunidense, para atacar desde sus entrañas a los grandes conglomerados que dominan internet.

La iniciativa se titula en inglés “Social Media Addiction Reduction Technology Act” (Ley de Tecnología para la Reducción de la Adicción a las Redes Sociales), que forma las siglas SMART (inteligente), y se propone acabar con los mecanismos mediante los cuales las firmas tecnológicas buscan que los usuarios pasen el mayor tiempo posible pegados a sus productos.

Hawley, de 39 años de edad, está convencido de que las empresas son en mucho responsables de que la gente permanezca horas y horas en línea. Libran entre ellas una cruenta batalla por captar la mayor parte de la atención del usuario. Y para ello no escatiman en el diseño de herramientas.

Una de ellas, por ejemplo, es la reproducción continua de videos. YouTube y Netflix la operan por default y es el usuario el que debe desactivarla, una opción que no siempre es sencilla.

De hecho, es muy conocido el mecanismo inventado por el canal de streaming para mantener enganchada a su audiencia: suelta todos los capítulos de una serie el mismo día, y al final de cada capítulo ni siquiera pasan completos los créditos cuando ya está corriendo el episodio siguiente. Después de cierto número de capítulos, Netflix pregunta si el espectador sigue ahí, pues no es raro que muchos clientes se queden dormidos después de cuatro o cinco horas continuas de conexión.

No es nueva la inquietud por este tipo de estrategias. Ya fueron abordadas hace un par de años por el profesor Adam Alter en su libro Irresistible, cuyo subtítulo “Why we can’t stop checking, scrolling, clicking and watching” resume las cuatro principales actividades que las personas despliegan en la red: revisar, desplazarse (a través de una página), ingresar a un enlace y observar.

Cualquiera pensaría que bastaría la voluntad de cada persona para ponerle un sano límite al tiempo que consumen estas actividades cibernéticas. Es como cuando los padres de familia imponían a sus hijos un horario para ver televisión. Con un poco de autocontrol se dejaría de mirar compulsivamente el teléfono para consultar cuantos likes lleva el nuevo post de Facebook. De hecho, hoy los propios dispositivos contienen mecanismos que miden el tiempo en pantalla y entregan un reporte diario. Con tal ayuda, ¿qué haría falta?

De acuerdo con Hawley, no es suficiente: se requiere que esas herramientas ciberadictivas estén reguladas y, mejor aún, prohibidas.

Según su propuesta, en lugar de incentivar la permanencia interminable, las plataformas de internet bloquearían el acceso al usuario cuando transcurrieran 30 minutos de navegación. Es decir, por default, Twitter sólo le daría media hora al día para revisar su timeline y pelearse con quien pueda. Eso sí, si el usuario quisiera permanecer más tiempo, podría modificar en la configuración del sitio el tiempo de permanencia. Pero, al mes, de nueva cuenta se restablecería el límite de 30 minutos.

El scrolling es otro de los mecanismos que están en la mira de Hawley. Las redes sociales son un ejemplo de cómo el usuario puede estar desplazándose por una pantalla que nunca se acaba. Instagram es una sucesión infinita de videos, fotos e historias que un usuario puede recorrer horas y horas sin que llegue nunca al final de la página.

Para frenarlo, la iniciativa propone obligar a las redes a crear “puntos de parada naturales” que obliguen al cibernauta a hacer una pausa después de cierta cantidad de contenido, en la que desestimularía el seguir recorriendo la página sin obstáculos. Por supuesto, quedaría abrogada la reproducción automática de videos y con ello los maratones nocturnos que desvelan a millones de adeptos a películas y series.

Otro mecanismo denunciado por Hawley es el llamado “Snapstreak”, que estimula a los adolescentes usuarios de Snapchat a enviar fotos continuamente a sus amigos y llevar el registro de sus rachas.

No se trata de la primera embestida legal que propone el joven legislador por Missouri contra el poder de los gigantes de Silicon Valley. En marzo pasado contribuyó a una propuesta para reforzar la protección en línea de la privacidad de los niños. En mayo lanzó una iniciativa para impedir que las plataformas de internet rastreen los datos de los usuarios que no den su consentimiento expreso, como cuando una persona reporta su número telefónico para no recibir llamadas de call centers de ventas. Y en junio fue parte de la más famosa propuesta para obligar a Google, Facebook y Amazon a informar cuánto valen los datos que recopilan de sus usuarios.

En un artículo en USA Today, Hawley no titubeó en llamar a Facebook como una droga digital. No es un sitio al que la gente entre para contactar a un amigo al que se le puede hablar por teléfono. Se inicia sesión en Facebook para estar en Facebook.

Lo curioso es que, para romper ese círculo vicioso, su cruzada se base en la prohibición, una estrategia que no parece haber dado buenos resultados con las otras drogas.

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