Ciclo Teatro por la Dignidad

"No volveré" está a punto de concluir su temporada. Foto: Tomada de @teatrounam "No volveré" está a punto de concluir su temporada. Foto: Tomada de @teatrounam

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- La migración ilegal ha existido siempre. Pero en el siglo XXI nos ha tocado vivirla como tragedia, ya que de teatro hablamos. Violencia, pobreza y no tener ya ni en el vocabulario la palabra futuro son algunas de las razones que impulsan a  solitarios y familias enteras a lanzar una moneda al aire y jugarse la vida. Saben que el camino puede ser fatal, pero quedarse sólo les asegura morir.

Cuando el presidente Donald Trump llega al poder en Estados Unidos, comienza a ejercer, promover y aplaudir el racismo, tanto desde la política como en los ciudadanos.

Y como la respuesta de nuestro gobierno no parece suficiente, los teatreros en México deciden alzar la voz en defensa de los compatriotas, que sin quererlo se han ido. Es así como nace Teatro por la Dignidad. Son cuatro obras de distintos autores y tres mesas de reflexión con especialistas sobre el tema.El ciclo presenta No volveré, escrita por Estela Leñero y dirigida por Ángeles Cruz y Alberto Lomnitz: La vieja rabiosa del norte, escrita por Antonio Zúñiga y dirigida por Ray Garduño; Esperamos al gordo, escrita por Jaime Chabaud y dirigida por Belén Aguilar; y Cremación, escrita por Juan Villoro y dirigida por José María de Tavira y Luis de Tavira. Cada una de ellas tiene ocho funciones, de jueves a domingo, en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz de Ciudad Universitaria.

Juan Villoro –autor de “Cremación”– describe el ciclo así:

“El teatro, que desde su origen tiene un claro contenido político, no puede ser ajeno a esta circunstancia. Temas que en sí mismos son fundamentales adquieren ahora urgente relevancia: los migrantes, las nociones de identidad y pertenencia, las relaciones subordinadas y hegemónicas, el cruce y la mezcla de culturas, la frontera (en sus dimensiones geográficas, políticas y psicológicas), los discursos híbridos, mestizos, criollos.”

No volveré de Leñero comenzó el pasado jueves 1 de agosto y concluye sábado 10 y domingo 11, a las 19 y 18 horas respectivamente:

Dos mujeres –madre e hija– quedan varadas en un pueblo de Michoacán, donde venden helados y tienen una pequeña red en la que preparan mochilas para las personas que se van “al otro lado”. El hijo mayor se ha ido también, pero hace tiempo que ya no habla ni manda dinero. Ellas se las arreglan como pueden en un lugar invadido por el narco. La madre no se entera de mucho –o se hace la que no sabe– mientras la hija se cubre lo más que puede cada vez que necesita salir. Teme que se la roben para casarla, o para violarla y matarla.

De forma paralela, vemos además la historia del hijo que, una vez atrapado, tiene que hacer todo tipo de tratos sucios con los policías gringos a cambio de su libertad.

El drama ataca por todas partes. A todos los personajes les va mal, dentro y fuera de casa. No hay a dónde huir, porque los demonios están en ellos. Este exceso de problemas es quizá demasiado para procesar en la hora y pico que dura la puesta.

El elenco, formado por Julieta Ortíz Elizondo, Arturo Reyes, Fernanda Rivera y Bernardo Velasco, recrea en dos espacios –uno al nivel de los espectadores y otro superior– las acciones paralelas: arriba del muro, el norte; abajo, México.

Y las mesas de reflexión incluyen los temas  “Frontera y migración. Muros que separan familias”, con Juan Martín Pérez García, y “Tráfico de migrantes”, con Ana Lorena Delgadillo. Ambas son organizadas por la Cátedra Nelson Mandela y cuentan con Jacobo Dayán como ponente.

Por último, en este ciclo habrá una sesión de “Aula del espectador”, coordinada por Rosa María Gómez, Didanwee Kent y Luis Conde.

La dignidad es lo que queda por salvar cuando todo lo demás está perdido. Y a este ciclo de teatro le importa ponerlo sobre la mesa.

El ciclo continua hasta el 22 de septiembre en el foro Sor Juana Inés de la Cruz del Centro Cultural Universitario de la UNAM (Insurgentes Sur 3000).

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