Egipto lucha por las antigüedades que le han robado

“Hicimos todo lo que pudimos para frenar esa subasta, pero no lo logramos. Es muy triste que el busto se acabara vendiendo”, afirmó Mostafa Waziri, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto. Foto: Tomada de /christies.com “Hicimos todo lo que pudimos para frenar esa subasta, pero no lo logramos. Es muy triste que el busto se acabara vendiendo”, afirmó Mostafa Waziri, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto. Foto: Tomada de /christies.com

EL CAIRO (apro).- El pasado 4 de julio la londinense casa de subastas Christie’s arrancó la jornada con tres excepcionales lotes de arte a la venta. Un juego de obras maestras de la Colección Rothschild que se vendió por casi 30 millones de dólares; un conjunto de cuadros de viejos maestros de la pintura, que alcanzó los 18 millones y medio de dólares; y un lote final que incluía muebles, esculturas y armas que sumó cerca de 12 millones.

Las ventas del día podrían haber pasado fácilmente inadvertidas para la mayoría si no hubiese sido por la escultura que se escondía tras el número 110 del tercer lote. Un busto de cuarcita marrón de unos 3 mil años de antigüedad, con las facciones del famoso faraón egipcio Tutankamón representado como el dios del Antiguo Egipto Amón.

Hasta el último suspiro, las autoridades egipcias habían reclamado detener la subasta, ya que sospechan que el busto fue robado de Karnak, un templo de la ciudad de Luxor que alberga incontables reliquias del Antiguo Egipto, y extraído ilegalmente del país en 1970.

La polémica aumentó cuando a una semana de la subasta, Live Science publicó un artículo que cuestionaba la procedencia proporcionada por Christie’s. Según la casa de subastas, la escultura fue propiedad de un príncipe alemán desde los sesenta hasta 1973 o 1974, cuando la habría vendido a una galería austriaca, lo que refutaría el argumento de Egipto. Pero el hijo y la sobrina del príncipe aseguraron que él nunca había poseído el busto. Dudas que, en cualquier caso, no fueron atendidas por Christie’s.

Finalmente la subasta siguió adelante, y aunque la puja sólo atrajo dos ofertas, la obra superó expectativas y se vendió por unos seis millones de dólares a un comprador desconocido. Desde entonces el busto desapareció del mapa.

Christie’s sigue defendiendo que verificó con diligencia la procedencia y la propiedad reciente de la obra, y señala que el busto no había sido hasta la fecha objeto de reclamación ni preocupación por parte de Egipto, pese a tratarse de un objeto conocido y exhibido previamente al público, motivo por el que optó seguir adelante con sus planes.

“Reconocemos que los objetos históricos pueden dar lugar a complejas discusiones”, afirma la casa de subastas a Proceso en un comunicado, pero “Christie’s no vende ni vendería ninguna obra de la que no haya un título de propiedad claro y un conocimiento exhaustivo de su procedencia moderna”.

Pero su justificación no convenció a los egipcios. “El busto representa al más famoso de los soberanos egipcios, Tutankamón, y se encontraba intacto, por lo que venderlo en una subasta sin prueba fehaciente de que abandonó Egipto de forma legal es una insensatez y marca un día negro en la historia de la arqueología”, dice en entrevista Zahi Hawass, exministro de Antigüedades del país y uno de los más célebres egiptólogos del mundo.

“Hicimos todo lo que pudimos para frenar esa subasta, pero no lo logramos. Es muy triste que el busto se acabara vendiendo”, señala a este reportero Mostafa Waziri, actual secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto. “Probablemente fue adquirido por alguna colección privada, cuando este tipo de antigüedades deberían ser expuestas en un museo”, sugiere y agrega: “Pero vamos a continuar haciendo un seguimiento del caso, incluso de quien sea que haya comprado el busto”.

Según dijeron a este medio Hawass y Waziri, El Cairo estaría ahora investigando los archivos de Karnak previos a 1970 para intentar demostrar la procedencia del busto, y no descartan la vía legal contra Christie’s.

“Pedimos al embajador en Londres que contrate a un abogado para llevarlos a los tribunales”, asegura Hawass, actual miembro del Comité Nacional Egipcio para la Repatriación de Artefactos Robados.

Pero a menos que Egipto dé con ese registro, es improbable que logre repatriar la obra, pues algunos consideran que el país de los faraones bien podría no tener en realidad ningún derecho legal sobre el busto del más famoso de todos ellos.

Tras las reliquias

Para muchos, la subasta representó un nuevo caso de injusta venta de antigüedades de Egipto, cuyo patrimonio cultural ha sido víctima del expolio colonial y de un goteo constante de saqueos. Pero para tantos otros, éste ha sido más bien el último episodio que ilustra la complejidad del comercio de aquellas antigüedades de imprecisa procedencia.

En Egipto, el encargado de detectar artefactos robados por el mundo es principalmente el departamento contra el tráfico ilegal del Ministerio de Antigüedades. Desde 2002 este servicio ha sido capaz de recuperar unos 10 mil objetos. Y como explica a Proceso el ministro Shaaban Abdel Gawad, la cifra de repatriaciones ha aumentado en los últimos cuatro años gracias a que han ampliado sus blancos. Ahora, su servicio no sólo rastrea obras en casas de subastas de Europa y Estados Unidos, sino también en manos de museos y comerciantes de todo el planeta, desde el mundo árabe hasta Australia o México.

Cuando descubren alguna pieza sospechosa, la oficina de Abdel Gawad entra en acción.

Primero se ponen en contacto con el sujeto implicado para solicitarle el documento que pruebe que posee el artefacto legalmente, y si no dispone de él, requerirle que lo devuelva. En caso de que no acceda a ello, su servicio informa a la policía de antigüedades y al fiscal general de Egipto para que se inicie un caso, así como a la Interpol y, si resulta necesario, también a la fiscalía y a la policía del otro país, aprovechando los acuerdos bilaterales firmados con múltiples países europeos, Estados Unidos, China, Jordania y Arabia Saudita, que es de donde proceden muchos de los artefactos en cuestión.

A menudo el equipo de Abdel Gawad dispone de muy poco tiempo antes de que las obras vuelvan a desaparecer del mapa. “Siempre estamos luchando contra el tiempo”, reconoce.

Una de sus principales dificultades, admite, es que no tienen idea de cuál es la dimensión del problema con el que lidian. “Es imposible saber cuántos artefactos (robados) hay allí afuera, porque hacemos frente a un problema muy importante de excavaciones ilegales (en Egipto), de modo que no podemos calcular las piezas que abandonan el país, tenemos que esperar hasta que llegan al mercado”, explica.

El hecho de que El Cairo insista en que el busto salió del país después de 1970 y no antes, como defiende Christie’s, podría no ser casualidad. Ese año la UNESCO elaboró una convención para proteger la propiedad cultural ante la creciente hemorragia de obras que estaban sufriendo los países del sur global y que luego aparecían en manos de coleccionistas privados e instituciones oficiales del norte.

Según el tratado, los países firmantes –entre los que figuran Egipto y el Reino Unido– se comprometen a cooperar para repatriar este tipo de objetos importados a partir de esa fecha, lo que proporcionaría a El Cairo más herramientas y argumentos para solicitar su devolución.

Para aquel entonces Egipto contaba también con una ley de antigüedades que estipulaba que todos los artefactos que abandonaban el país debían disponer de una licencia, y prohibía la salida de objetos únicos. En 1983, la norma fue sustituida por la ley actual, por la cual las antigüedades no pueden ser ya exportadas de Egipto.

A raíz del caso del busto de Tutankamón se volvió a sugerir la idea de que se endurezca la legislación de 1983, algo por lo que el propio Hawass ha abogado desde hace años. “Quiero que la ley permita procesar a quienes actúen contra (los intereses de) Egipto en el país, no fuera”, expone, y asegura que ya ha hablado con el actual Ministro de Antigüedades, Khaled El Enany, y que confía en que la norma sea aprobada pronto.

Pero el propio Hawass admite que durante su término como titular de Antigüedades el recurso de la ley le sirvió de poco. “Mi estrategia no pasó por la legislación internacional, sino que usé las relaciones de Egipto con otros países y reclamé los artefactos robados”, expone. Y en parte ello se debe a que, en algunos casos, estas obras y su comercio no son estrictamente legales o ilegales, sino que discurren por un vago limbo intermedio.

Tatiana Flessas, profesora de derecho de patrimonio cultural en la London School of Economics, señala a Proceso que el caso del busto de Tutankamón podría ser un ejemplo de ello:

“Si el busto no salió de Egipto por (un acuerdo) o como un regalo de alguien con derecho a regalarlo, entonces posiblemente fue robado. Ahora bien, la procedencia (de Christie’s) dice que, saliese como saliese de Egipto, lo hizo antes de la convención de 1970 y fue vendido abiertamente a posteriori. Egipto, sin embargo, dice que eso no puede ser, por lo que el objeto se encuentra en esa zona gris.”

La existencia de este mercado gris es en buena medida fruto de cómo funcionaba hasta hace poco el comercio de antigüedades. Durante mucho tiempo las casas de subastas fueron muy poco rigurosas al determinar la procedencia de sus lotes, explica Flessas, y referencias vagas que no podían ser probadas, como atribuir la propiedad de una obra a un “caballero” o una “dama”, eran habituales. “Se trataba de un círculo elitista cerrado en el que todos sabían de algún modo lo que estaba ocurriendo”, apunta.

“Ahora hay leyes y convenciones y las casas de subastas han cambiado la manera como abordan el tema, y aseguran que son muy cuidadosas con la procedencia (de los lotes) y realizan la diligencia debida”, agrega Flessas, que aun así alerta: “Hay mucha información (de los objetos) que se ha perdido (…) y es muy fácil tener una procedencia con grietas porque se trata de objetos muy antiguos, que además son muy valiosos y la gente quiere tener, por lo que existen formas de eludir los requisitos legales”.

Además, en el caso de Egipto, muchas de las antigüedades que salieron del país durante la primera mitad del siglo XX lo hicieron de forma lícita, puesto que la ley de entonces permitía a las expediciones arqueológicas extranjeras quedarse con hasta la mitad de sus hallazgos, un sistema conocido en el sector como partage.

A ello se le suma el hecho de que no todas las antigüedades son propiedad cultural –que son las que específicamente protege el tratado de la UNESCO– y que si bien los objetos que salieron de Egipto hace décadas son efectivamente antigüedades, solo algunos tienen en realidad gran importancia cultural e histórica como para disputarse su posesión.

“Durante la época victoriana (la segunda mitad del siglo XIX) muchas momias de Egipto fueron enviadas a Inglaterra y utilizadas en medicina, como fertilizante o para hacer papel, pero ese caso sería diferente al de la momia de Tutankamón”, ejemplifica Flessas.

Y precisamente éste podría ser el argumento defendido entre líneas por Egipto con el busto en el centro de la polémica. Alegar que no se trata de un busto cualquiera sino –en palabras de Hawass– de un busto que representa al más famoso de los faraones egipcios y que, además, se encontraba en buen estado.

“No entiendo por qué Christie’s actuó como lo hizo” se lamenta Abdel Gawad. “Son una gran casa de subastas a nivel mundial y tienen que respetar y proteger la propiedad cultural y escuchar a los países de origen”, sostiene, antes de señalar que su oficina ya ha abierto un caso para intentar localizarlo de nuevo. “Vamos a seguir vigilándolo”.

 

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