Post-pop  y algunas preguntas sobre arte emergente

La obra de Fudaryli. Foto: Cortesía de la Galería Baga 06 La obra de Fudaryli. Foto: Cortesía de la Galería Baga 06

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En un año tres meses de su inauguración, la Galería Baga 06, en la Ciudad de México (CDMX), ha reestructurado su concepto artístico dividiendo las actividades en tres programas: estéticas vinculadas con el arte pop; artistas emergentes, y artistas latinoamericanos.

Alejada de las tribus institucionales que definen el arte contemporáneo y con un equipo interesado en ubicar discursos estéticos que conecten con la afectividad del público, la galería presenta actualmente dos muestras que llaman la atención por su riesgo curatorial.

Sin título ni cédulas de sala, la selección de aproximadamente seis pinturas de gran formato del artista post-pop Javier Andrés (DF, 1988) se impone en la primera sección de la galería. Vinculadas poéticamente con las estéticas del post-grafitti, las obras conjugan retratos pixelados de figuras de la cultura mexicana popular y cinematográfica –Jorge Negrete, El Santo–, con fragmentos de referencias formales que remiten a manufacturas artesanales y diseños prehispánicos.

Con una estética pastiche que simplemente presenta sin criticar ni exaltar, las pinturas de colores planos y estridentes se comprenden sin la necesidad de textos que las expliquen o interpreten.

Diferente, con más pretensiones curatoriales y con un concepto que no logra definirse en su totalidad, la exposición Manifiesto emergente divergente integra obras de artistas nacidos entre 1966 y 1984. Con edades que oscilan entre 53 y 35 años, la muestra confronta, sin cuestionar, la definición cronológica del arte emergente: si un creador inicia su trayectoria a los 45 años, o si a esa edad no cuenta con exposiciones legitimatorias, ¿es emergente, joven o un fracaso?

Centrada más en el grado de madurez de las propuestas que en la edad de los artistas, la muestra integra a siete productores de trayectoria en su mayoría joven, que se han desarrollado al margen de los circuitos y reglas institucionales. Vinculada con el proyecto www.noesunagaleria.com que organizan, en la colonia Doctores de la CDMX, Ricardo Santos (Chihuahua, 1983) y Pierre Fudaryli (Quintana Roo, 1984), la exhibición presenta a sólo un artista emergente que, con el nombre de Álvar Fuentes y de 42 años, todavía no logra independizarse del discurso escultórico de Javier Marín.

Integrada también por el propio Ricardo Santos y por La Gabrielli (Argentina, 1971), Alfredo Cota (Chihuahua, 1982), Lucía Valencia (DF, 1966), Pierre Fudaryli (Quintana Roo, 1984) y Mateo Pizarro (Colombia, 1984), en la exposición sobresalen especialmente los tres últimos.

Con un finísimo dibujo en blanco y negro trabajado en miniatura, Mateo Pizarro seduce la mirada con sus obsesivas rayitas inmersas en expresivos efectos de luz. Obligados a mirar de cerca y con atención por la pequeñez de la imagen, los espectadores descubren inquietantes y bellas imágenes que vinculan la tecnología con el mundo humano y animal.

También en el ámbito del dibujo, pero con contrastes de claro-oscuro mucho más violentos por tratarse de carbones, Lucía Valencia desarrolla una narrativa que juega con la verdadera y falsa verdad. Montados en cajas de acrílico que los convierten en objetos, sus dibujos más interesantes son aquellos que, cubiertos con papel albanene intervenido con manchones, generan una realidad que es a la vez verdad y ficción.

Y por último, Pierre Fudaryli, estridente artista de 34 años que fusiona pintura corporal, fotografía y caos visual de estética post-pop. Ya sea con intervenciones pictóricas sobre torsos femeninos o sobre fotografías impresas en tela, sus piezas saturadas de figuras y colores exigen mirar para descifrar.

Este texto se publicó el 11 de agosto de 2019 en la edición 2232 de la revista Proceso

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