“La promesa de la imagen”: Isabel Leñero en Xalapa

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CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- A partir del próximo viernes 16 de agosto, el Museo de Antropología de Xalapa (MAX) presentará la exposición La promesa de la imagen, un conjunto de 40 obras, en diferentes formatos realizadas entre 2017 y 2018 por Isabel Leñero Franco y que, a decir del crítico y curador de arte Octavio Avendaño Trujillo, son la forma en la cual la artista habita el presente.

“A través de la pintura pienso el mundo. Es un lenguaje amplio e infinito que tiene levedad y tensión”, tal es la declaración que la pintora hace a Avendaño Trujillo.

Leñero Franco es egresada de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y discípula de artistas como Gilberto Aceves Navarro, Gerda Gruber, y en los Talleres de Arte Actual del Círculo de Bellas Artes en Madrid, España, de Frederic Amat, Guillermo Pérez Villalta, Mitsuo Miura y Jordi Teixidor, entre otros.

En una breve conversación le dice, asimismo:

“La pintura para mí es una manera de intervenir un plano. Me interesa instalarme de forma activa en constante dialogo con las amplias coordenadas espacio-temporales. Es una actitud tan ligera como contundente, donde se ponen en juego el color, la forma y la materia; una práctica con sus propios códigos que da la oportunidad de articular un discurso y de plantear preguntas.

“El proceso creativo para iniciar un nuevo proyecto surge siempre de las innumerables preguntas que la naturaleza me evoca. Preguntas formales sobre el poder de la imagen y de cómo abordarla. De aquí nació La promesa de la imagen.”

Autora de la columna “Artes visuales/Hoy”, en el suplemento Cultura en la Mira en la página web de Proceso, Leñero es miembro de la generación de Gabriel Orozco, Paloma Torres, Iván González de León, Fabián Cereijido, Laura González y Javier Marín, quienes “se desarrollaron entre los neoconceptualistas y los neomexicanistas, quedando como una generación intermedia”, precisa Avendaño, y concluye que, sin embargo, al salir de México la artista crea su propia visión.

En España fundó un grupo con las pintoras españolas Carmen Martín de la Concha, Paloma Morales y Olvido Pompa.

Cuenta ella que ahí encontró su vocación:

“El Museo del Prado, las galerías y los constantes viajes que hasta la actualidad realizo, son un referente sustancial en mi producción”.

Con más de 14 exposiciones individuales tanto en México como en el extranjero, entre las cuales están Genética de la Forma (2000), Oleogramas (2003) Geometrías (2007), Figuraco 27 (2008), y El golpe de silencio (2013), así como más de cuarenta colectivas, Leñero Franco se distingue por plasmar en su obra plantas, flores, árboles… la naturaleza en general. Y ha ido en ese terreno desde al paisaje hasta el microcosmos.

Figuraco 27 es también el nombre del Taller que desde 1987 imparte en su estudio de la calle de ese nombre, en Coyoacán. Al cual la artista define como un “espacio de creación y reflexión para que cada integrante encuentre su propia voz”.

El crítico e investigador destaca que la naturaleza ha sido la fuerza motora en la pintura de Leñero y construye a partir de ahí su lenguaje pictórico “que transcurre entre la exploración orgánica, geométrica, figurativa y abstracta”.

Y cita a la artista, quien detalla:

“Mi vocabulario visual ha transitado por el paisaje, por la reinterpretación del mundo y en algunas ocasiones he integrado la geometría como una forma de intelectualización de la naturaleza. También incursioné en una reflexión pictórica sobre el silencio. El blanco como recurso visual para callar in situ el lienzo.”

Al escribir sobre la exposición, el artista visual y doctor en Historia crítica y Teoría del arte de la Universidad de California en San Diego, Fabián Cereijido, advierte ciertas constantes:

“La primera es una atención al tiempo, a la secuencia en la que la obra proyecta sus sugerencias y acentos. Esto abarca la situación de encuentro entre la pintura y el que la mira y el juego de resolución y suspenso dentro de un mismo cuadro.

“La segunda está relacionada con la primera. Es el recorte referencial y epistémico, la exclusión concreta y retórica de condiciones de posibilidad. Una marcada ausencia de datos duros y comprobables sobre el contenido y la existencia de la obra. La aparente referencia a elementos familiares del entorno natural –plantas, hojas, frutos, tallos y cortezas– dramatiza el recorte referencial. Nada de lo que vemos es verdaderamente familiar.”

Y detalla que la autora ha dividido su obra realizada entre 2017 y 2018 en diferentes series: La primera, Expansión. Intervalo y Trayecto, donde “casi todas las obras muestran un único motivo orgánico-vegetal, un brochazo de impronta gestual o un chorreado, y un juego de nieblas y fulgores hechos de velos de óleo a veces calizos, a veces dorados”.

La segunda, Herbolario, se caracteriza por la “profusión de elementos”, donde “la falta de contexto y coordenadas espaciales y la profundidad crea una sensación de cercanía, accesibilidad y tiempo compartido con ‘el que mira’”.

Y, finalmente, Síntesis, donde la pintora presenta “formas simples, exactas, sólidas, bidimensionales y bicolores, sin rastros de pincel…”

La apertura de la exposición en el MAX será a las 19:00 horas del 16. Posteriormente, a partir del 10 de octubre próximo, Isabel Leñero Franco expondrá en el Museo de Arte de Sonora MUSAS, de Hermosillo otro conjunto de obras de la misma etapa creativa.

Este texto se publicó el 11 de agosto de 2019 en la edición 2232 de la revista Proceso

 

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