Angélica Liddell en el Festival Escénica

Reflexiones existenciales. Foto: Tania Victoria / SC de la CDMX Reflexiones existenciales. Foto: Tania Victoria / SC de la CDMX

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Una costilla sobre la mesa. Madre, es el espectáculo más reciente con el que la dramaturga y directora española Angélica Liddell estruja las entrañas, pone de cabeza convenciones morales y desnuda los sentimientos contradictorios e intensos de una hija ante la muerte de la madre.

El rencor hacia la madre por el simple hecho de ser la madre y ella la hija; emociones autobiográficas elevadas a una reflexión existencial en búsqueda de verdades universales que no llegan porque se superponen constantemente. La palabra es acompañada con acciones reiterativas, absorbentes e hipnóticas que nos sumergen en ese desasosiego lleno de odio y de un poco de amor; de culpa y un poco de perdón.

Una costilla sobre la mesa. Madre se presentó en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris para inaugurar la primera emisión del Festival Escénica convocado por el Gobierno de la CDMX, con más de 40 espectáculos tanto en teatros cerrados como en espacios públicos. Un festival anhelado desde hace mucho tiempo en donde confluyen distintos países, dando relieve a México e Iberoamérica.

En este espectáculo inaugural, Angélica Liddell habla a su madre, es ella la que la revive desde ese lugar de su nacimiento: Extremadura, y recurre a los trajes y las tradiciones para traerla a la memoria y sobrevivir a la angustia que le provoca la experiencia. Una y otra vez repite: “si tan sólo tu vientre pudiera haber sido mi tumba, madre”, y como un mantra le suceden otras más queriendo explicar o simplemente exponiendo lo que surge a borbotones de su pasión.

Seis sillas ocupan el escenario a media luz; cuerpos cubiertos por una sábana blanca con flores que refiere a lo doméstico en un pueblo; las que se tienden a vistas o las que te envuelven en el sueño; y debajo de ellas mujeres que cobran vida y se mueven como seres sin rostro que ululan sonidos penetrantes como las obsesiones o las pesadillas. Ella le habla a su madre, colocando su retrato como en un velorio, como la mujer que ha muerto y se le recuerda.

Y con esa imagen se viene de golpe la vivida ese mismo día, jueves 8 de agosto, en el velorio de la admirada Giovanna Recchia, investigadora teatral del CITRU, especializada en arquitectura y escenografía teatral, donde sus hijos, su familia y amigos la despedimos con tristeza.

Angélica Liddell crea un universo visual impresionante, con momentos estáticos o insistentes, que presionan en la llaga y se quedan ahí, sin más, a veces llevándonos hasta el agotamiento, pero siempre con una energía permanente. Uno de los círculos de la espiral se cierra con la imagen de la niña que, como madre, abraza a la protagonista y, rompiendo esquemas, intenta volver al origen.

El cante jondo, una cabeza de cerdo recién cortada, la sombra de las manos en una franja de luz, la mujer embarazada con capucha, y muchas imágenes más, trastocan el pensamiento. Con las palabras, la creadora es capaz de aunar en una misma frase la más sublime de las bellezas, acompañada de una bofetada amarga como insulto.

En Una costilla sobre la mesa. Madre la transgresión se codea con la religiosidad y la crueldad se funde con la caridad. La mierda, el horror, la poesía y lo escatológico se entremezclan en este canto a la madre, a la madre enferma, a la que en sus últimos días es apenas vómito y sin voluntad propia.

Angélica Liddell y su compañía Atra Bilis Teatro, fundada por ella en 1993, nos proponen una universo desconcertante donde la creadora se atreve a atravesar tabúes y hablar desde la indolencia, sobre sus más oscuros sentimientos.

Esta reseña se publicó el 18 de agosto de 2019 en la edición 2233 de la revista Proceso

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