Colombia: Los hijos de Galán, por revivir el partido de su padre

Funeral de Galán. Duelo masivo. Foto: AP Funeral de Galán. Duelo masivo. Foto: AP

El 18 de agosto se cumplieron tres décadas del asesinato del popular político colombiano Luis Carlos Galán. En entrevista con Proceso, su hijo Juan Manuel relata cómo su familia vivió esa tragedia y las decisiones que tomaron para preservar su legado. Aunque por seguridad salieron del país mientras se resolvía el caso –lo cual, estiman, se ha logrado sólo en 30%–, siguieron exigiendo justicia. Actualmente Carlos Fernando Galán aspira a la alcaldía de Bogotá y con sus hermanos litiga para que el Estado le devuelva el registro a Nuevo Liberalismo, el partido que fundó su padre.

BOGOTÁ (Proceso).-Visto en retrospectiva, el asesinato del dirigente liberal Luis Carlos Galán, durante un mitin político la noche del 18 de agosto de 1989, no fue una sorpresa para nadie. Todo Colombia, comenzando por los jefes de la policía y el ejército, sabían que la vida de ese hombre corría peligro.

Y la sensación de su familia y allegados era que había una generalizada indiferencia frente a las amenazas que acechaban al popular precandidato presidencial. El cerco que le tendieron sus enemigos se iba estrechando…

–A mí me van a matar –le dijo Galán a su esposa, la periodista Gloria Pachón, 13 días antes de su muerte, cuando se había salvado de un atentado con rockets que le había preparado Pablo Escobar, el jefe del Cártel de Medellín.

Ella tenía muchos temores sobre la seguridad de su esposo y pensó en decirle que no fuera a un acto público que tenía programado la noche del 18 de agosto en Soacha, un municipio conurbado a Bogotá. Pero no lo hizo. Algunos colaboradores del precandidato –el gran favorito para ganar las elecciones presidenciales de 1990– le recomendaron que suspendiera el mitin.

Esa tarde Galán le dijo a su esposa que dormiría una siesta y que lo despertara para ir a Soacha. Ella supo que la decisión estaba tomada y le preguntó si lo acompañaba.

–No vale la pena, mi amor –le dijo–, tú también has tenido mucho trabajo y puede resultar muy pesado para ti.

Galán salió de su departamento, en el sexto piso del edificio Berna, en la calle 87 de Bogotá, y fue a la planta baja, donde tenía su oficina. Allí su hijo menor, Carlos Fernando –entonces de 12 años– le ayudó a ponerse un chaleco antibalas. Era la primera vez que lo usaba.

–Me di cuenta de que él sentía una cosa rara –recuerda Carlos Fernando–. Tenía una actitud de tristeza cuando me despedí de él.

Gloria Pachón y sus tres hijos veían esa noche la telenovela Calamar en el canal Caracol cuando sonó el teléfono.

–Ponga la radio porque hubo un tiroteo en Soacha –le dijo la secretaria de Galán, Lucía Páez.

–Mi mamá se puso muy nerviosa –dice Juan Manuel, el mayor de los tres hijos de Gloria y Luis Carlos–. Puso la radio y empezaron a dar información muy parcial, muy fragmentada, diciendo que hubo un tiroteo, que se había cancelado la manifestación, que había personas heridas y que habían retirado a mi papá del sitio.

Gloria y sus tres hijos salieron, en una patrulla de la policía que custodiaba el edificio Berna, hacia un hospital que mencionó la radio. Al llegar vieron una muchedumbre en las afueras. La familia se dirigió al área de urgencias, donde vieron llegar una ambulancia que traía heridos a dos escoltas de Galán. Uno de ellos, Santiago Cuervo, que recibió varios disparos en el abdomen al intentar proteger al precandidato, murió 15 días después.

Ahí les informaron a los Galán Pachón que Luis Carlos estaba herido y que lo habían trasladado a otro hospital, el Kennedy, en el otro extremo de la ciudad. Una caravana de patrullas trasladó a la familia.

–Me impresionó mucho que durante el recorrido los policías se asomaban por las ventanas con sus ametralladoras y revólveres para que el tráfico abriera campo –recuerda Juan Manuel–. Eso me pareció un reflejo de la anormalidad tan grande que estábamos viviendo en Colombia.

Al llegar al hospital Kennedy los hijos de Galán vieron a un policía que era escolta de su papá. “Es grave”, les dijo inclinando la cabeza.

La familia llegó a una sala de espera en la que minutos después apareció el director del hospital con ropa de quirófano.

–No hay nada que hacer. Falleció –dijo.

Galán, quien era abogado y economista y había sido senador, ministro de Educación y embajador en Italia, tenía 45 años.

Sismo político

El asesinato del carismático político liberal, considerado por el establishment y los partidos tradicionales como un revolucionario de izquierda que amenazaba el statu quo, golpeó a Colombia como un furioso vendaval.

Miles de personas salieron a las calles a exigir justicia, y el velorio, que se realizó durante dos días en el salón Elíptico del Congreso, se convirtió en una espontánea muestra de rabia popular. El país sabía que el Cártel de Medellín y su jefe, Pablo Escobar, estaban detrás de ese crimen.

Juan Manuel, el primogénito del líder político y quien al igual que sus dos hermanos menores solía acompañar a su padre en las giras, intuyó el impacto que tendría esa muerte violenta en Colombia. “Pensé que tenía que escribir de inmediato lo que iba a decir en el entierro de mi papá”, recuerda.

Por eso, la misma noche del crimen, mientras estaba con su mamá y sus dos hermanos en la oficina del director del hospital esperando la entrega del cuerpo de su padre, escribió a mano lo que sentía en ese momento. Lo hizo en unas hojas de papel calca que tomó de un escritorio.

El sábado 19 de agosto de 1989 fue extenuante para la familia Galán Pachón. Gloria y sus hijos recuerdan que, en medio de su devastación, debían consolar a la gente que llegaba llorando ante el féretro del dirigente liberal.

La viuda no se dio cuenta cuando Juan Manuel puso una hoja doblada con el texto que escribió en el hospital en un bolsillo del traje con el que vistieron el cuerpo de Galán.

Gloria estaba muy preocupada por los rumores que comenzaron a correr en el velorio de que, muerto Galán, los otros precandidatos liberales a la presidencia querían suspender la consulta popular para elegir al abanderado del partido para los comicios presidenciales de mayo de 1990. Una maniobra de ese tipo constituiría una afrenta para la memoria del líder fallecido.

Galán había luchado por la democratización del Partido Liberal y, al no encontrar eco en esa organización que junto con el Partido Conservador dominó la política colombiana durante el siglo XX, decidió fundar el Nuevo Liberalismo, que pronto se consolidó como una fuerza desafiante para el tradicional bipartidismo.

A principios de 1989 Galán y su movimiento sellaron un pacto con el Partido Liberal. Él regresaría a su antiguo partido como precandidato presidencial, con el compromiso de que el candidato sería elegido en una consulta popular. Las encuestas le daban 70% de posibilidades de triunfo. Todo el país lo veía como el futuro presidente.

Como parte del acuerdo entre el Nuevo Liberalismo que él lideraba y su antiguo partido, Galán designó jefe de campaña al economista César Gaviria, quien había sido ministro de Hacienda y de Gobierno del entonces presidente el liberal Virgilio Barco.

Gaviria se ganó rápidamente la confianza de la familia Galán Pachón.

Después del mediodía del domingo 20 de agosto, tras una misa en la catedral de Colombia, el féretro del líder liberal fue trasladado por una muchedumbre hasta el cementerio Central, donde hablaron varios dirigentes políticos. El entonces ministro de Agricultura, Gabriel Rosas Vega, amigo de Galán, cerró su intervención con la frase que utilizaba el líder político liberal al finalizar sus intervenciones en la plaza pública: “Siempre adelante, ni un paso atrás, y lo que fuere menester sea”.

Era la misma frase que tenía escrita Juan Manuel para finalizar su intervención en el cementerio y, para no repetir, la tachó con un lápiz y escribió de prisa unas líneas que se convirtieron en la noticia del día. Y no sólo en Colombia. Y es que el adolescente, por iniciativa propia, decidió cerrar su intervención ungiendo a Gaviria como sucesor político de Galán.

–En sus manos encomendamos las banderas de mi padre –dijo el joven en el que habría de ser el primer pronunciamiento político de su vida– y cuenta con nuestro respaldo para que sea el presidente que Colombia quería y necesitaba. Salve usted a Colombia.

Gloria Pachón se sorprendió de lo que estaba escuchando. “No sabía que Juan Manuel iba a decir eso”, recuerda, “fue una decisión que él tomó durante el sepelio y que no consultó con nadie”.

–¿Y por qué se decidió por Gaviria? –le pregunta Proceso a Juan Manuel.

–Porque Gaviria representaba la unión de mi papá con el Partido Liberal y porque mi papá lo había nombrado su director de campaña. Habían hecho buena química y se complementaban. Mi papá era un idealista que había estudiado los problemas del país y que tenía construidas propuestas para cada tema. Y Gaviria era más experto en la mecánica política.

Años después, Gaviria habría de traicionar a Juan Manuel Galán al negarle la posibilidad de buscar la candidatura presidencial del Partido Liberal mediante una consulta abierta a todos los ciudadanos.

–¿Hoy se arrepiente de haber designado a César Gaviria como el sucesor político de su padre?

–Cuando uno mira decisiones que tomó hace 30 años, uno se puede arrepentir. El Partido Liberal (que Gaviria dirige) se volvió un partido neoconservador, que se alió a un partido de derecha (el gobernante Centro Democrático, del expresidente Álvaro Uribe) que es la antítesis del ideario liberal y centroizquierdista del galanismo.

Legado paterno

Gloria Pachón y sus tres hijos llegaron a París el 29 de octubre del 1989. Habían pasado seis semanas desde el asesinato de Galán. La viuda había sido designada embajadora de Colombia en la UNESCO –luego lo fue ante el gobierno de Francia– por motivos de seguridad. Escobar había dicho que iría por las familias de sus enemigos.

Juan Manuel, Claudio y Carlos Fernando comenzaron por aprender el idioma y buscar cupo en los planteles educativos, que les parecían mucho más exigentes que el Instituto Pedagógico Nacional de Colombia, donde habían estudiado. Enfrentar las adversidades del exilio y de la súbita orfandad fortaleció a los Galán
Pachón.

Juan Manuel estudió ciencias políticas y una maestría en política internacional en la Escuela de Altos Estudios Internacionales de París y ha sido tres veces senador. Claudio es internacionalista, politólogo y tiene posgrados en administración pública y en estudios latinoamericanos.

Y Carlos Fernando, quien es profesional en servicio exterior de la Universidad de Georgetown y maestro en administración pública de la Universidad de Nueva York, ha sido concejal de Bogotá, senador y hoy candidato a la alcaldía de la capital colombiana por un movimiento ciudadano que él mismo fundó: Bogotá para la Gente. Los tres hermanos tienen una relación muy cercana y defienden, como nadie, el legado político de su padre. Los derechos humanos, la paz, la lucha contra la corrupción, la defensa de las víctimas del conflicto armado, la profundización de la democracia y la inclusión social son algunos de sus temas de cabecera.

Millones de colombianos aún recuerdan a Luis Carlos Galán como un político honesto, de impetuosa y contundente oratoria, que murió por sus convicciones y por atreverse a alertar al país sobre el daño profundo que le estaba causando “el poder oscuro y criminal del narcotráfico”.

Juan Manuel es el estratega principal de la campaña de Carlos Fernando por la alcaldía de Bogotá. Claudio y Juan Manuel se han pasado los últimos meses organizando un concierto gratuito para 3 mil personas con el que se conmemorará, este miércoles 21, el 30 aniversario del asesinato de Luis Carlos Galán. También piensan en una teleserie sobre la vida de su padre.

Los hermanos libran una batalla legal para que el Estado colombiano le devuelva el registro como partido político al Nuevo Liberalismo, que ellos conciben como una organización de centroizquierda, rebelde, que promueva el cambio social dentro de la institucionalidad democrática.

Gloria presentó la semana pasada en un auditorio abarrotado el libro 18 de agosto, donde cuenta por primera vez su historia con Luis Carlos Galán. Junto a ella estaban sus tres hijos.

El complot

Los herederos de Galán han librado una ardua lucha para impedir que la investigación del asesinato quede en el olvido.

Hoy se sabe que el asesinato del político y excongresista fue producto de un complot en el que no sólo participaron Escobar y su socio en el Cártel de Medellín, Gonzalo Rodríguez Gacha, El Mexicano, sino también los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, jefes del Cártel de Cali, así como altos dirigentes políticos, paramilitares y agentes del Estado.

Según las investigaciones, que al principio fueron manipuladas por policías y funcionarios de inteligencia para encubrir a los autores materiales e intelectuales del crimen, Escobar ordenó el asesinato de Galán porque éste le había cerrado las puertas del Nuevo Liberalismo años antes y porque el entonces senador Alberto Santofimio –que tenía nexos con el Cártel de Cali– le sugirió eliminarlo.

El organizador del plan fue El Mexicano, quien contó con la colaboración de los generales de la policía Miguel Maza Márquez, quien dirigía los servicios de inteligencia, y Óscar Peláez Carmona, responsable en esa época de la oficina de investigación criminal.

Varios oficiales de inteligencia, jefes de la policía y hasta escoltas de Galán participaron en el complot.

Los asesinos materiales de Galán fueron el paramilitar Jaime Eduardo Rueda Rocha, quien disparó la ametralladora Mini Atlanta calibre 9 milímetros utilizada en el asesinato, y su medio hermano, José Ever Rueda Silva. Ambos fueron asesinados tres años después.

El homicidio, que fue declarado crimen de lesa humanidad para evitar la prescripción del delito, está muy lejos de ser aclarado a pesar de las tres décadas transcurridas. Gloria Pachón estima que el asesinato está esclarecido 30% pero que resta 70% de la trama criminal por resolver.

“Como familia, decidimos que teníamos que lograr la verdad y la justicia, y por esa razón nuestro compromiso continúa”, dice la viuda.

Este reportaje se publicó el 18 de agosto de 2019 en la edición 2233 de la revista Proceso

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