“Nunca más”, el rescate de la memoria y la obtención de justicia

Los desaparecidos en Argentina. Foto: AP / Víctor R. Caivano Los desaparecidos en Argentina. Foto: AP / Víctor R. Caivano

En 1984, en una Argentina ya democrática, se publicó por primera vez Nunca más, resultado de las investigaciones de la comisión de la verdad encabezada por Ernesto Sábato. El trabajo, que se ha reeditado 11 veces, fue presentado en México, en la Feria Internacional del Libro de los Universitarios. En entrevista con Proceso, Gonzalo Álvarez, presidente de la Editorial Universitaria de Buenos Aires, habla de esa obra en la que se detallaron 8 mil 960 casos de desapariciones forzadas. Ese fenómeno, el de las desapariciones –aunque con orígenes distintos–, es el que ahoga actualmente a nuestro país.

BUENOS AIRES (Proceso).-  “Nunca más es un libro que se lee de una manera rara. Es difícil encontrar a alguien que lo haya leído entero. En realidad todos lo miramos, lees una parte, lees otra, siempre con mucha dificultad, por lo durísimos que son los testimonios, lo que se narra. Sin embargo, es un libro con una vigencia absoluta. Nosotros lo consideramos un best and long-seller, porque desde que se publicó en noviembre de 1984 lleva más de 11 ediciones y lo seguimos reimprimiendo”, dice a Proceso Gonzalo Álvarez, presidente de la Editorial Universitaria de Buenos Aires (Eudeba).

Para este abogado, profesor e investigador académico, la vigencia del Nunca más –como se conoce al informe de la Comisión Nacional Sobre la Desaparición de Personas (Conadep) creada por el presidente Raúl Alfonsín en diciembre de 1983, días después de que Argentina recobrara la democracia–, radica en su contenido, pero también en el valor de la tarea desempeñada por la propia Comisión.

“Esta actividad tiene una aplicación concreta, al echar luz sobre acontecimientos históricos con la finalidad de acercar verdad a los familiares de las víctimas y que la verdad fuera antecedente para los juicios”, refiere Álvarez. “Pero a la vez trae memoria, y al traer memoria en hechos tan aberrantes, tan duros para la sociedad en su conjunto, perdura en el tiempo, como imperativo para que algo así no se repita”, sostiene.

Nunca más condensa en unas 500 páginas lo más relevante del informe de 50 mil páginas elaborado por la Conadep. La conmemoración del 35 aniversario de su publicación es uno de los puntos fuertes de la III Feria Internacional del Libro de los Universitarios (Filuni), que se realiza del martes 27 de agosto al 1 de septiembre en el Centro de Exposiciones y Congresos de la UNAM. Allí la Universidad de Buenos Aires (UBA) es la invitada de honor.

Por esta razón se preparó una agenda de actividades académicas y culturales que intentó dar cuenta de lo que la UBA es y hace, de su historia y de su actualidad. La Eudeba asumió en la Filuni un rol destacado. Su presidente, Gonzalo Álvarez, reflexionó sobre el Nunca más junto a la decana de la Facultad de Filosofía y Letras, Graciela Morgade, y la de la Facultad de Ciencias Sociales, Carolina Mera, en una mesa que se efectuó el miércoles 28.

–¿Qué significado tiene el hecho de presentar el Nunca más en México, donde el drama de las desapariciones es totalmente actual? –se le preguntó al presidente de la Eudeba en entrevista con Proceso antes de su viaje a México.

–La verdad es que no te sabría dar una respuesta muy concreta respecto a eso –dice Álvarez–. Pero me queda claro que en México hay un interés especial, una interpretación del Nunca más en el contexto mexicano actual.

“Si bien nuestro objetivo es reafirmar el valor de una obra trascendente para la Argentina y para la UBA, me parece interesante lo que estoy recogiendo de nuestros interlocutores mexicanos acerca de las interpretaciones que genera una obra como el Nunca más o, si se quiere, el valor de una comisión de la verdad y su informe, y su papel en cuanto al conocimiento de los casos; creo que esto puede disparar una serie de reflexiones y debates en torno a la realidad mexicana.

–Décadas atrás, cuando casi cada casa en Argentina contaba con una biblioteca, el Nunca más, con su lomo rojo y sus letras blancas, era muy reconocible y estaba ahí como un símbolo… ¿Cuál es la importancia actual del libro en Argentina y en el mundo?

–Creo que la permanencia del Nunca más en cada casa y como producto editorial se debe a que da cuenta de acontecimientos terribles para la sociedad argentina, que están presentes en quienes los vivieron en forma directa, y que las nuevas generaciones que se van incorporando a la sociedad mantienen de esta forma vivo el recuerdo.

“Es una obra que se desliga de su contexto y trasciende las épocas. Y también trasciende el ámbito argentino, ya que la temática por su gravedad atraviesa transversalmente a muchas otras sociedades. Argentina confió a la Universidad de Buenos Aires, a su universidad pública, la responsabilidad de la edición. Nunca más ha sido traducido a numerosas lenguas y lleva vendidos cerca de medio millón de ejemplares en todo el mundo. Desde esa perspectiva es un honor y una responsabilidad mantener este legado vivo, llevarlo ahora a México, seguir impulsándolo, seguir moviéndolo.”

Juicios

Durante el Juicio a la Juntas celebrado en Buenos Aires en 1985, la defensa de los comandantes de la dictadura argumentaba que los militares habían ejecutado una instrucción emanada del gobierno constitucional previo, un decreto de 1975 firmado por el presidente provisional Ítalo Luder, que autorizaba la “aniquilación de la subversión”.

Cualquier acontecimiento reprochable durante su cumplimiento habría constituido un “exceso” que se había sancionado toda vez que se hubiera tenido conocimiento de él. Para la ejecución de este decreto no se habría apelado a una organización determinada ni seguido un plan específico. Por otra parte, las defensas de los comandantes sostenían que la ejecución de la instrucción había sido responsabilidad de cada una de las fuerzas de manera independiente.

“El aporte sustantivo que tuvo el informe de la Conadep es demostrar que hubo un plan sistemático, que tenía un modus operandi muy concreto, desarrollado en todo el país, con un despliegue y una organización territorial dividida por cada una de las fuerzas, con una metodología que consistía en secuestros con características similares, el confinamiento en más de 380 centros clandestinos sometiendo a las personas secuestradas a torturas, vejámenes y tratos crueles, y a la mayoría de ellas a la desaparición física”, refiere Álvarez.

“A través de una selección de casos testigo, en función de la calidad de la prueba o la capacidad de reflejar la operatoria, la Conadep aportó evidencias y estableció mecanismos, que se constituyeron en el insumo más importante para enjuiciar y condenar a los integrantes de las Juntas”, explica.

Presidida por el escritor Ernesto Sábato, la Conadep fue una novedosa comisión de notables y personalidades independientes. Como comisión de la verdad, fue una de las primeras de su tipo en el mundo.

“Si hay algo que la Conadep tiene, que es único, es que durante el proceso de transición democrática de la justicia en Argentina hubo juicios”, dice Álvarez.

“Muchas de estas comisiones aportan la verdad y la difunden pero no hay justicia como consecuencia, por como han sido en cada caso los procesos de salida de los regímenes de facto a la democracia. En Argentina eso no ocurrió: los militares fueron enjuiciados y condenados”, asienta.

–¿Es posible establecer un hilo conductor que va desde la creación de la Conadep como comisión de la verdad, la elaboración del informe, su utilización como insumo en el Juicio a las Juntas de 1985, los juicios contra represores en las últimas décadas, hasta llegar en última instancia, como símbolo, a la muerte de Jorge Rafael Videla en una cárcel común?

–Creo que sí. Es un aporte indudable en ese camino. Más allá de que es un camino complejo, con avances, con retrocesos, con conflictos, en una sociedad que tenía que atravesar una transición democrática compleja, en un país que tenía 50 años de historia de ruptura del orden democrático. Argentina lo atravesó con una decisión muy firme de impulsar un proceso de memoria, verdad y justicia.

Durante el actual gobierno de Mauricio Macri, funcionarios y adherentes han intentado reflotar disputas ideológicas que permitan horadar la extensa condena social hacia los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura.

Tanto el Nunca más, como los magistrados del Juicio a las Juntas y de los juicios por delitos de lesa humanidad expresan con claridad, sin embargo, la responsabilidad que cabe a quien ejerce el terrorismo desde el aparato del Estado. Valiéndose de los 8 mil 960 desaparecidos que consignó la Conadep, funcionarios de segunda línea han atacado el trabajo de los organismos de derechos humanos, que cifraron la cantidad en 30 mil.

–La propia Conadep dice claramente que se trata de un recuento provisional –explica–. La Comisión, que inicialmente tenía un mandato de 180 días, que fue prorrogado cien días más, trabajó a destajo. En menos de un año tenía el informe realizado. O sea que ese debate no conduce a ningún lado ni aporta nada que sirva a los argentinos para transitar un proceso de memoria, verdad y justicia. La certeza de que no fueron 8 mil 900 sino muchos más la sostiene la propia Comisión.

“Por otra parte, el carácter sistemático del plan, consignado por el informe, es una verdad acreditada en un juicio, con testigos, con pruebas, con peritajes, con acusados que gozaron de derecho de defensa. No se puede revisar la historia hacia atrás y narrarla como uno quiera. Porque esto está plasmado en una sentencia judicial con características bastante únicas, en términos de enjuiciar a un gobierno de facto, que están ahí y son jurisprudencia penal en la Argentina. Esto también pone a la memoria en un lugar de mucho resguardo.

“En esto la Argentina ha logrado un avance significativo en relación con otras experiencias nacionales.”

Paralelos

El nombre Nunca más, propuesto por uno de los integrantes de la Conadep, el rabino Marshall Meyer, proviene de un lema utilizado por los sobrevivientes del Gueto de Varsovia. Así como los campos de concentración y las cámaras de gas son el emblema del Holocausto llevado a cabo por el nacionalsocialismo, los centros clandestinos de detención y los “vuelos de la muerte” –el lanzamiento de prisioneros con vida al mar– simbolizan a la dictadura argentina. Se le pregunta a Álvarez si es posible trazar este paralelo.

–El paralelismo es razonable. No sólo por la brutalidad de las acciones de los seres humanos en ambos escenarios históricos, sino también en relación con los debates jurídicos que se presentan con posterioridad a los hechos. Cómo uno enjuicia acontecimientos de esa magnitud. Hubo todo un debate en torno a los Juicios de Núremberg, y también en torno a la competencia de la justicia federal para intervenir en Argentina.

“Hay paralelismos indudables que uno puede trazar entre ambos acontecimientos históricos, que tienen que ver con acontecimientos tan duros para la condición humana, que después trascienden generaciones y fronteras. Nunca más no es esta obra editorial de máxima circulación por casualidad, sino porque obviamente toca una fibra íntima de la condición humana. Y lo que altera es, precisamente, la sensibilidad humana frente a ese tipo de acontecimientos tan terribles.”

–En el caso de México, la gran mayoría de las desapariciones no son atribuibles a agentes estatales sino al crimen organizado. Lamentablemente quizá sí exista ya un símbolo, que es la disolución del cuerpo desaparecido en ácido…

–Terrible lo de México. La verdad… es una situación terrible, con una devastación social enorme. Ojalá que los mexicanos puedan encontrar soluciones a estos problemas. Hay un gobierno democrático, tienen otras herramientas, espero que puedan dar respuesta a su población, a sus víctimas, y encontrar un camino de justicia, que sobre todo pueda conducir a la resolución de los conflictos de la sociedad por la senda del respeto a la dignidad humana.

–¿Sería posible o útil la creación de una comisión de la verdad en el caso mexicano, teniendo en cuenta que el fenómeno persiste?

–No puedo opinar sobre eso. Me excede largamente. No me siento autorizado para pensar soluciones que los mexicanos tienen que pensar para sí mismos. Yo puedo afirmar que la experiencia argentina de construcción de una comisión de la verdad como la Conadep fue realmente muy útil. Otras comisiones de la verdad en muchos otros países han aportado memoria, han aportado instrumentos importantes para los procesos de memoria, verdad y justicia. Pero cada sociedad conoce los caminos más aptos para enfrentar sus peores experiencias.

Este reportaje se publicó el 25 de agosto de 2019 en la edición 2234 de la revista Proceso.

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