Esclavitud, una plaga que el gobierno británico no ve

Fenómeno delictivo al alza en Gran Bretaña. Foto tomada de Twitter Fenómeno delictivo al alza en Gran Bretaña. Foto tomada de Twitter

La esclavitud moderna es un fenómeno delictivo que va en aumento en Gran Bretaña. De acuerdo con organizaciones no gubernamentales, cinco mil personas fueron víctimas de ese crimen en 2017, muy por debajo de los niveles actuales calculados en 15 mil casos. La negligencia de las autoridades, el aumento de las bandas criminales y la connivencia social son parte de las causas del problema que lacera a ciudadanos de 119 países, entre ellos, México.

LONDRES. (Proceso).- “Cuando tenía 15 años fui forzada a viajar a Inglaterra para trabajar como empleada doméstica, después de que me prometieron una mejor vida en ese país. El primer día de trabajo un hombre al que no conocía y que dijo ser mi jefe me violó y golpeó repetidas veces. Desde entonces viví aterrada”, cuenta Grace, una nigeriana víctima de tráfico de personas en Gran Bretaña.

“Ese hombre me forzó a tener sexo con otros hombres que traía a la casa. Fue una pesadilla. Cuando logré escapar estaba embarazada. Después de que la policía me encontró me llevaron a un hostal, pero a los siete meses de gestación me trasladaron a un centro de detención para inmigrantes porque mi solicitud de asilo fue rechazada. No recibí ninguna asistencia sanitaria y, desde entonces, atravesé un verdadero infierno”, agrega la joven de 25 años.

El caso de Grace se suma al de decenas de miles de personas que terminan siendo víctimas de la esclavitud moderna en Gran Bretaña –incluidos al menos dos mil niños– a consecuencia de la negligencia de las autoridades, el aumento de las bandas criminales y la connivencia social.

De acuerdo con la organización no gubernamental Anti-Slavery International, que lucha contra la esclavitud moderna en todo el mundo, la mayor parte de las víctimas es extranjera, aunque, aclara, también hay un número importante de británicos en dicha situación.

La mayoría de los extranjeros que son esclavizados proviene de Albania, Vietnam, Nigeria, Rumania y Polonia, aunque la Policía Metropolitana ha reportado 116 países de origen, entre ellos Bolivia, México y Colombia.

En la generalidad de los casos, estas personas terminan en manos de violentas bandas criminales que las fuerzan a trabajar en sectores como el agrícola, la construcción, la manufactura y el lavado de autos. En el caso de las mujeres y niñas, éstas son explotadas sexualmente y terminan en prostíbulos o en la calle.

En otras ocasiones son sometidas a la esclavitud doméstica, trabajando en viviendas donde deben limpiar y hacer los quehaceres del hogar durante más de 12 horas sin descanso.

Las autoridades y organizaciones no gubernamentales también han reportado que los niños son utilizados por la delincuencia para producir mariguana, cometer pequeños robos o mendigar.

El fenómeno va en aumento: en 2017 al menos cinco mil personas fueron identificadas como víctimas de esclavitud moderna en Gran Bretaña, muy por debajo de los niveles actuales que son calculados en 15 mil casos.

Pese a las labores de grupos especializados, organismos de caridad y entes gubernamentales, sólo 13% de los afectados está identificado y recibe algún tipo de ayuda.

De todos los casos conocidos por la policía, 46% está relacionado con la explotación laboral, mientras 34% con la explotación sexual.

Peor aún: 34% de las víctimas de esclavitud moderna termina cayendo nuevamente bajo el control de los traficantes de personas, en gran medida por la negligencia policial, alerta el grupo Anti-Slavery International.

Ha sido lenta la respuesta del gobierno británico para atender el problema: en 2009 se creó el llamado Mecanismo Nacional de Remisión con el cual las víctimas son identificadas para recibir asistencia, pero trabaja con dificultades.

Banda de polacos

El 5 de julio último, la Corte de Birmingham condenó a prisión a ocho ciudadanos polacos por estar detrás de la mayor red de esclavitud moderna en Gran Bretaña, con al menos 400 víctimas.

La investigación policial, la más extensa sobre el tema en la historia local reciente, concluyó que la banda sometió a cerca de medio millar de personas a tratos inhumanos y aberrantes.

Compuesta por polacos que residían en territorio británico, la agrupación criminal engañaba a personas vulnerables de su país, como vagabundos, exconvictos y alcohólicos, para llevarlos a las distintas ciudades del centro de Inglaterra con la promesa de encontrar trabajo y mejorar sus vidas.

Sin embargo, las víctimas eran trasladadas en autobuses de bajo costo y acababan viviendo en pocilgas infestadas de ratas y piojos, ubicadas en las localidades inglesas de West Bromwich, Smethwick y Walsall. Estas personas fueron obligadas a trabajar en actividades precarias por las cuales recibían poca paga.

Los esclavos vivían en dormitorios para cuatro personas en colchones sucios y sin servicios, como el agua. Forzados a trabajar largas horas en centros de reciclaje de basura y granjas, principalmente, recibían como pago menos de 20 libras al día (cerca de 500 pesos). Además, los obligaron a abrir cuentas bancarias que sus captores controlaban.

Los criminales también cobraban apoyos gubernamentales a nombre de algunas de las víctimas, cuyas edades variaban entre 17 a 65 años. Cuando una de ellas murió en cautiverio, miembros de la banda quemaron todos sus objetos personales y documentos de identidad.

De acuerdo con las autoridades británicas, esta agrupación llegó a facturar dos millones de libras esterlinas entre junio de 2012 y octubre de 2017, permitiendo a los captores llevar una vida de lujos.

Según la investigación, cuando alguno de los esclavos se quejaba por maltratos o falta de pago, era humillado, golpeado o amenazado con torturarlo.

Una de las víctimas que se quejó fue desnudada en público y le rociaron ácido; antes, fue amenazado con extraerle alguno de sus órganos si seguía con sus reclamos.

A otra persona que intentó denunciar la situación le dijeron que sus familiares en Polonia serían levantados y enviados a un bosque donde cavarían sus propias fosas. Otro caso: a un hombre que sufrió un accidente laboral se le negó la atención médica y acabó con daños irreversibles en un brazo.

Los ocho integrantes de la banda criminal, cinco hombres y tres mujeres, pertenecían a dos redes delictivas polacas y fueron sentenciados a entre tres y 11 años de cárcel por tráfico de personas, por conspirar para obligar a terceros a trabajar y por lavado de dinero.

Los detenidos fueron identificados como Marek Chowaniec (30 años), Marek Brzezinski (de 50), Justyna Parczewska (de 48), Julianna Chodakowicz (de 24), Natalia Zmuda (de 29), Ignacy Brzezinski (de 52), Jan Sadowski (de 26) y Wojciech Nowakowski (de 41).

La red de esclavitud moderna fue descubierta en 2015, cuando dos personas bajo su poder escaparon y se comunicaron de inmediato con la organización no gubernamental Hope for Justice.

La juez del caso, Mary Stacey, concluyó que Ignacy encabezaba la red criminal. “Aunque el desmantelamiento de esta organización es un avance significativo, el problema de la esclavitud moderna en Gran Bretaña sigue muy vigente. Está claro que la esclavitud moderna continúa en el país y sigue oculta a plena vista de todos”, agregó.

El jefe de la Policía del West Midlands, Nick Dale, quien estuvo al frente del Operativo Fort que desbarató la red delictiva, dijo que se trató de una de las pesquisas “más complejas y difíciles” a cargo de esa fuerza policial.

Aunque sólo 92 víctimas fueron identificadas y recibieron asistencia, las autoridades calculan que otras 350 fueron maltratadas por dicha organización, pero que no han podido ser identificadas porque abandonaron el país o porque temen denunciar.

“Esto fue tráfico de personas y explotación humana a escala masiva. Esta banda trató a sus compatriotas como simples productos de mercancía para su propio beneficio.

“Lo que hicieron fue aborrecible, las sometieron a una vida miserable y de pobreza extrema. Los forzaron a trabajar, y si se negaban, los golpeaban, amenazaban con violencia o les decían que sus familiares iban a ser lastimados”, agregó.

Vulnerables

Anti-Slavery International explicó que cuando una persona escapa de una situación de esclavitud moderna “se vuelve, incluso, más vulnerable” y, por ende, puede volver a caer en manos de los traficantes.

En la mayoría de los casos necesitan tratamientos médicos, asesoría legal y apoyo de salud mental. Necesitan estabilidad para poder reconstruir sus vidas “después de semejante infierno”, expuso la ONG británica en un comunicado que dio a conocer el 5 de julio reciente.

“En Gran Bretaña el apoyo a las víctimas está muy por debajo del nivel adecuado. El gobierno ofrece actualmente apoyo a corto plazo, de hasta 45 días, y después se deslinda del problema”, lamentó.

De acuerdo con Anti-Slavery International, las autoridades muchas veces atienden a las víctimas de esclavitud moderna por su estatus migratorio: “Los tratan como inmigrantes que delinquen, en lugar de verlos como víctimas de delitos graves.

“Si esas personas no reciben garantías para contar con apoyo y asistencia, es improbable que se sientan seguras para denunciar. Tenemos que cambiar esta situación y conseguir que más personas tomen conciencia del problema para presionar al gobierno a que actúe ya”, agregó.

Este reportaje se publicó el 25 e agosto de 2019 en la edición 2234 de la revista Proceso

 

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