En Veracruz, la violencia enfrenta de nuevo al gobernador y al fiscal estatal

Ataque al centro nocturno Caballo Blanco. Foto: Xinhua Ataque al centro nocturno Caballo Blanco. Foto: Xinhua

El ataque al centro nocturno Caballo Blanco en Coatzacoalcos, Veracruz, vuelve a exhibir las diferencias del gobernador de Cuitláhuac García con el fiscal Luis Winckler. Y mientras ambos funcionarios intercambian acusaciones, el CJGN se posiciona en el sur de la entidad, según empresarios de giros negros consultados por Proceso.

COATZACOLACOS, VER. (proceso.com.mx)– En el Panteón Antiguo del llamado Puerto México la escena es desoladora: cerca de 200 personas lloran durante el entierro de cinco de las 29 víctimas del ataque al centro nocturno Caballo Blanco, perpetrado por supuestos integrantes del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Con armas largas obligaron a clientes y empleados del lugar a tirarse al piso, para luego rociar gasolina en el inmueble y “taponear” con una bomba molotov la entrada principal y la salida de emergencia del lugar. 23 personas murieron ahí y seis más lo hicieron en el Hospital Regional “Valentín Gómez Farías” producto de sus quemaduras y de la intoxicación por aspiración de monóxido de carbono. Aunque hubo disparos dentro del bar, ninguna persona presentó impacto de bala.

Ulises Contreras Sánchez, de 22 años El barman del local, ubicado en la colonia Palma Sola, tuvo que ser trasladado de emergencia el 28 de agosto a un hospital de alta especialidad al puerto de Veracruz, pues sufrió quemaduras en 90% de su cuerpo; los médicos hacen lo imposible para evitar una infección en sus piernas chamuscadas

Se desconoce el estado de los otros cinco hospitalizados, pues el día 29 empleados de la Subdirección Médica y Policías del IPAX leyeron en voz alta ante los reporteros un mensaje que decía: “Cualquier información sobre el tema Caballo Blanco, buscar al gobernador Cuitláhuac García y al secretario de Salud, Roberto Ramos. Por su comprensión, gracias”.

Cuatro días después de la ejecución masiva ninguno de los dos funcionarios se había parado en Coatzacoalcos. Sólo el titular de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), Hugo Gutiérrez, visitó el sur de Veracruz e hizo varios sobrevuelos en busca de los responsables de la masacre y después subió las fotografías a las redes sociales.

En la colonia Fertimex –rodeada de un pantano y un canal de aguas negras– don Abraham Irineo Ramos, papá de Xóchitl Nayeli, una de las jóvenes bailarinas muertas en el incendio del bar Caballo Blanco, luce devastado. Sólo balbucea: “Era muy guapa, mi morenita”. Tenía 24 años y dejó en la orfandad a dos niños de tres y siete años.

Xóchitl Nayeli estudiaba derecho de lunes a viernes y trabajaba en el Caballo Blanco los jueves, viernes y sábados.

Cuenta don Abraham, taxista y ferviente católico: El día del ataque, las amigas de Xóchitl Nayeli la convencieron de ir a trabajar el martes. Tenía un mal presentimiento y le pregunte: “Mami, ¿vas a ir a trabajar? No vayas, apenas es martes”.

Xóchitl desoyó el consejo de su padre y fue. A las tres de la mañana del miércoles, América Aguirre –madre de la joven bailarina– le dijo a su esposo vía telefónica que su hija estaba muerta; más tarde los peritos le confirmaron la versión, incluso le mostraron una fotografía del cadáver de Xóchitl Nayeli.

Los sepelios

Pese a que autoridades sanitarias pidieron a sus padres enterrarla “lo más pronto posible” para evitar riesgos sanitarios debido al sofocante calor y al brote de dengue que afecta a Veracruz, el viernes por la mañana llevaron el cuerpo de Xóchitl Nayeli al penal de Duport Ostión de Coatzacoalcos, para que su marido –quien se encuentra recluido ahí– se despidiera de ella.

El viernes por la tarde se efectuó el sepelio de la joven. Fue el más concurrido. Uno de los hermanos de Xóchitl Nayeli pronunció un breve y emotivo discurso, al tiempo que aventó un puñado de tierra al féretro, mientras varias amigas de la familia Irineo Aguirre atendían a doña América para evitar que entrara en shock.

La abuela de Xóchitl no dejaba de gritar: “Coatzacoalcos está de luto, los panteones están saturados y no parece que nadie quiera darnos justicia”. Don Abraham la secundó. El municipio, dijo, ha estado sumido en la violencia desde 2013: “Aquí pasan cosas graves, pero que Dios les dé sabiduría a nuestras autoridades para encontrar una solución”.

En la colonia Peloteros, un grupo de amigos, payasos, así como djs de bares y discotecas de la región donde fue velado Érick Dj Bengala Enríquez, acudieron al velorio del joven de 29 años, quien dejó huérfanos a tres menores: de cuatro, cinco y 10 años. Durante el sepelio, la viuda estuvo inconsolable. Abrazada al féretro clamaba: “Erick, ven a abrazarme cuando me sienta sola”.

Media colonia se sumó al cortejo fúnebre, Al frente iba la madre de Érick. Vanessa, la hermana de Dj, señaló que hace 10 años Coatzacoalcos era distinto; se podía salir a jugar a la calle de noche y caminar por el bulevar de madrugada…

Los sepelios de las otras víctimas fueron similares. Yurai Vallena, otra bailarina del Caballo Blanco, dejó cuatro hijos en la orfandad, el más pequeño tiene sólo cuatro meses; su expareja apenas le pasaba una pensión mensual de mil 500 pesos; Sugeidy Vázquez, quien tenía 22 años, era originaria de Tabasco, aunque llegó a Coatzacoalcos cuando tenía dos años.

Personal del ayuntamiento acudió a los hogares de las víctimas a ofrecerles víveres y apoyo a nombre del alcalde Víctor Carranza y del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Tras el ataque, el bar Caballo Blanco el último table dance en Coatzacoalcos, cerró sus puertas. Meses atrás lo hicieron el bar Llafra, ubicado en la calle Aquiles Serdán y el table dance Mi Bella Lola. Sus dueños se quejaban de la extorsión de bandas delincuenciales.

Consultados al respecto, dueños de cervecerías señalan que durante hasta 2017 eran Los Zetas quienes les exigían las cuotas y el “derecho de piso”; sin embargo, los últimos dos años los desplazaron los sicarios del CJNG.

La quema de giros negros y restaurantes se agudizó en las últimas semanas. El 16 de julio, junto al monumento a los Niños Héroes fue incendiado el bar La Catrina; una semana después fue incendiada la palapa Los Mangos, en la calle John Spark 715. En ninguno de los casos hubo víctimas mortales. Los Mangos incluso reabrió sus puertas.

Las 24 horas posteriores a la matanza en el Caballo Blanco la mayoría de los centros nocturnos y discotecas permanecieron cerrados. Al día siguiente el bar Gula, Gula abrir sus puertas, si bien lucía semivacío; lo mismo pasó en la taberna La Esquina del Coyote.

Entre “zetas” y “jaliscos”

En la última década, en la región sur que comprende Minatitlán, Coatzacoalcos, Cosoleacaque, Jaltipan, Acayucan y Las Choapas, entre otras cabeceras municipales, Los Zetas tenían el control total del trasiego de drogas, las extorsiones y el cobro de piso a giros negros, así como el robo de combustible y la venta de mercancía pirata.

Sin embargo, la organización criminal cayó en desgracia en marzo del 2018 cuando fue capturado en Cancún, Quintana Roo, uno de sus capos: José Giraldo García, El Cubano, cuya zona de influencia comprendía Veracruz, Tabasco y el Caribe mexicano.

Antes, a finales de 2017, fue detenido Hernán Martínez Zavaleta, El Comandante H, quien tenía el control de la organización delincuencial en Veracruz. Asimismo, Elías Aguirre Sánchez, El Metro, jefe de “estacas” (espías) en Coatzacoalcos y Bernardo Cruz Mota, El Niño Sicario, fueron abatidos.

Según un documento del Agrupamiento Coatzacoalcos de la Subsecretaría de Operaciones de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, consultado por el corresponsal, así como la Agencia de Investigación Criminal y la Fiscalía General de la República (FGR) enfocan sus baterías en jefe de Los Zetas de nacionalidad sudamericana (presuntamente chileno).

Sin embargo, según el documento, las autoridades también van sobre los integrantes del CJNG, quienes controlan el sur de Veracruz.

Seis elementos de esa banda criminal irrumpieron el 19 de abril pasado en la palapa La Potra, en Minatitlán, y acribillaron a 14 personas. Según la versión oficial, su principal objetivo era levantar a Julio Cesar González Reyna, La Becky, propietario del bar La Esquina del Cha-kl, antiguo aliado de Los Zetas.

En el caso de Caballo Blanco el gobernador Cuitláhuac García señaló a Ricardo Romero Villegas, La Loca, un narcomenudista de 29 años e integrante del CJNG –quien fue detenido en julio y en agosto pasado en posesión de medio centenar de bolsas de piedra y liberado en ambas ocasiones– como el presunto responsable del atentado. Sin embargo, la propia FGR desmintió esa versión.

Y como el gobernador se lanzó contra el fiscal estatal Luis Winckler, porque presuntamente liberó a La Loca, el aludido le respondió que en realidad no fue su dependencia la que dejó libre al presunto delincuente, sino la FGR.

Comentarios

Load More