El “James Bond” nazi

Alfred Naujocks, ejecutor de la Operación Himmler. Foto: Especial Alfred Naujocks, ejecutor de la Operación Himmler. Foto: Especial

PARÍS (apro).- A diferencia de Adolf Hitler y de Heinrich Himmler, que se suicidaron en 1945 –el primero el 30 de abril y el segundo el 23 de mayo–; de Reinhard Heydrich, quien murió el 4 de junio de 1942, víctima de un atentado en Praga; o de Heinrich Muller, que desapareció en Berlín sin dejar rastro, el 1 de mayo de 1945; Alfred Naujocks –ejecutor de la Operación Himmler– sobrevivió a todas las misiones criminales que le confiaron las Escuadras de Protección (SS) durante la guerra y falleció de muerte natural el 4 de abril de 1966, en Hamburgo.

Entre sus operativos clandestinos más arriesgados destacó el secuestro en Holanda de dos agentes del MI-6 (servicio británico de inteligencia exterior) a fines de 1939, que afectó seriamente la labor de espionaje de Gran Bretaña en Europa Occidental.

Acusado de corrupción en 1941 por Heydrich, degradado y expulsado del SD (servicio secreto de las SS), Naujocks fue enviado como soldado al Frente Oriental, en la Unión Soviética, y resultó gravemente herido cerca de la ciudad de Jersón, Ucrania. Pasó meses en estado crítico, pero sobrevivió. Luego del asesinato de Heydrich se reintegró al SD y participó en 1943 en la ejecución de resistentes antinazis en Dinamarca.

En octubre de 1944 desertó y se entregó a las fuerzas armadas estadunidenses que ocupaban Alemania. Éstas lo entregaron a los británicos, que lo tuvieron en detención varios meses en la “London cage”, un centro de interrogación de siniestra fama del MI-19 (servicio de inteligencia militar británico), “reservado” para los presos alemanes que manejaron información importante.

El 31 de agosto de 1945 el MI-19 lo devolvió al alto mando de las fuerzas de ocupación estadunidenses en Alemania. Sometido a nuevos interrogatorios, Naujocks habló tan detalladamente de la Operación Himmler, que su declaración jurada fue de gran utilidad para el Tribunal Militar Internacional de Núremberg.

A punto de ser enjuiciado por ese tribunal, el exagente secreto de las SS logró escapar del campo de detención de Langwasser. La policía militar estadunidense lo recapturó y lo entregó en 1947 a la justicia danesa, que en 1949 lo condenó a 15 años de cárcel por los crímenes que cometió en Dinamarca.

Sin embargo, las autoridades judiciales de ese país lo liberaron dos años más tarde y lo deportaron a Alemania, donde aprovechó la situación turbia y compleja de la posguerra para convertirse en un discreto hombre de negocios radicado en Hamburgo.

El historiador austriaco Gunter Peis no explica cómo logró Naujocks esa metamorfosis, en la biografía que publicó en 1960. Y el tenebroso “James Bond” nazi se llevó sus secretos a la tumba en 1966.

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